Parque Lezama

Parque Lezama

Con mil 200 representaciones y 500 mil espectadores en poco más de 10 años, la obra de teatro Parque Lezama, dirigida y escrita por Juan José Campanella y protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco, conquistó al público argentino desde su estreno en 2013.

La pieza está basada en No soy Rappaport (1985), de Herb Gardner, ambientada en el Central Park de Nueva York, actuada por Judd Hirsch y Cleavon Little, que tuvo un exitoso paso por
Broadway, dirigida por Daniel Sullivan.

En 1996, Gardner adaptó la historia al cine, de donde resultó la cinta Dos viejos chiflados, interpretada por Walter Matthau y Ossie Davis.

Desde luego, con el triunfo de su versión teatral a cuestas, Campanella no se quedó de brazos cruzados y, también, adecuó la obra a la pantalla grande en Parque Lezama (Argentina/2026), con las actuaciones de los histriones ya probados, aceptados y consolidados en el teatro.

En la trama, Antonio Cardozo (Blanco) es un tranquilo y responsable adulto mayor que, cuando no está en el edificio en el que vive y trabaja, desde una banca del parque, contempla la naturaleza, lee el periódico y discute con su contemporáneo León Schwartz (Brandoni), un irreverente ex comunista e ingenioso combatiente de sus ideales.

Su dinámica diaria cambia cuando aparecen: Gonzalo Menéndez Roberts (Agustín Aristarán), para confirmarle a Antonio lo que no desea escuchar de su empleo; Clarita (Verónica Pelaccini),
la hija de León, a querer apaciguar el espíritu combativo de su padre; un extorsionador (Alan Taty Fernández), a intentar aprovecharse de ellos; o al distraerse con el conflicto entre una adicta (Manuela Menéndez) y su proveedor (Matías Alarcón).

La cinta funciona por las extraordinarias actuaciones de los protagonistas. Su impresionante química los lleva a identificar y aprovechar dramáticamente sus gestos, miradas y movimientos.

Por separado, Luis Brandoni es estupendo como el tramposo, mentiroso, provocador, rebelde, a la vez que idealista, divertido, simpático, servicial, entusiasta, imaginativo, que tiene una solución creativa para todo: discute, debate, analiza, critica; lucha y defiende causas propias y ajenas. Blanco es excelente del rectado, formal, discreto, conformista, al que sólo le interesa mantener su empleo, que es su vida, al menos, hasta cuando lleguen los bonos.

La película disponible en Netflix flaquea al no poder negar su esencia teatral ni desprenderse de ella. Sí, ahora León y Antonio están realmente en el parque en cuestión, situado en el barrio de San Telmo, de la capital argentina, pero, igualmente, todo sucede en el mismo lugar, en una sola banca y a pocos metros a su alrededor.

A la austeridad, contribuye el fondo desenfocado de la imagen, con el que no se puede apreciar el lugar ni a sus demás visitantes, con lo que resulta innecesaria una locación tan precisa: realmente pudo haber sido en cualquier área verde.

Aunque Parque Lezama no desagrada ni decepciona del todo, aun con su adecuada iluminación y preciso manejo de cámaras que permite ver más a detalle, no deja de ser teatro, y está muy alejada de la destreza de Campanella en El secreto de sus ojos (2009) y El hijo de la novia (2001). Eso sí, es memorable la escena de León y Cardozo recostados en el césped.

Véala…bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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