El ingenio Mochis, la historia no contada

El ingenio Mochis, la historia no contada

A 15 años del fallido rescate de la industria, Luis Puente Pérez, uno de los accionistas relata su versión de lo ocurrido

 

 

Este 12 de febrero se cumplirán 15 años de un fallido rescate de la industria que fundó Los Mochis, el ingenio azucarero, y que terminó colapsando.

Tras la pérdida de más de 3 mil empleos de golpe y porrazo, surgieron en el calor urbano hipótesis diversas de la caída del gigante. Desde una estafa maquinada hasta de un regalo del gobierno federal a empresarios junior y del botín para el ex gobernador, Mario López Valdez, son parte de las leyendas urbanas.

Ahora, Luis Puente Pérez, el único de los cuatro socios que procedía de clase media baja habla de lo que sucedió.

Su entrecejo se arruga, la mirada se pierde en la distancia, y suelta ese episodio que sucedió en el tercer piso de la sede del gobierno de Sinaloa: “Firma, Luis, me dijo, es un contrato en donde vendes tu parte, sin dinero, sin garantías y sin aval, y luego advirtió: la deuda se saldará a ver hasta cuando… lo sentí como una amenaza y… fui desterrado del estado durante todo ese sexenio en el que se usaron las instituciones para presionarme; ellos libres, destrozaron en meses lo que fundó Los Mochis y había persistido durante décadas, el ingenio azucarero”.

 

Malova y Vargas

Era la primavera del 2012, y quien mecía la cuna de aquella advertencia era Mario López Valdez, el gobernador que se había prestado a la celada ocultando en la trastienda a un ejército de abogados que respaldarían a sus delfines, Alejandro Elizondo Macías y Rodolfo de la Vega Valladolid, y ocultando a un tercero y principal, los ingleses ED&F Man, que hasta ahora, 15 años después, inexplicablemente permanecen en la sombra. Puente que estaba solo… y adentro de la cueva del lobo, firmó.

Después de aquello, Puente y Ramón Corral Ávila, Comisionado de Pesca y Acuacultura del 2003-2012 tienen un encuentro con el secretario de Gobierno de Malova, Gerardo Octavio Vargas Landeros en una pista de aterrizaje, intercediendo el segundo en favor del primero: “Por favor, no se metan como gobierno, dejen que los muchachos (los accionistas) se peleen en los tribunales. Vargas accedió. Pero al darles la espalda, llamó a los guardias de Puente, los desarmó y reasignó comisiones. “Era un mensaje claro, apabullante. Recordando aquello y viendo cómo se maneja el gobierno del estado, creo que 15 años después estoy vivo de milagro”, rememora.

Consecuencia de ello, vende bodegas, terrenos y demás, preparando su destierro.

Previo a esa amenaza velada, quien ideó el rescate financiero del ingenio Mochis, había sufrido ya varios embates de los tres socios que se unieron en su contra.

Primero, con el gobierno de su lado y con notarios a modo, modificaron los estatutos del acta constitutiva de la empresa y simularon la venta; lo excluyeron de las asambleas de accionistas y le dieron un portazo.

Luego, usaron la fiscalía de justicia para fincarle delitos, obligándolo al destierro del estado y de su ciudad natal, Los Mochis. La pena del retorno era su captura y encarcelamiento, si no un “accidente” mortal. “Mi protección, no regresar, pero me defendí en otros estados que no gobernaban”, recuerda el fiscalista.

En esa defensa, Rodolfo de la Vega Valladolid fue detenido y llevado a la Ciudad de México, su hermano Bosco de la Vega Valladolid, quien entonces era presidente del Consejo Coordinador Empresarial gestiona la libertad en el gobierno de México, y se la da. Alejandro de la Vega tenía también una orden de captura, pero en Sinaloa, esa era inexistente.

 

Las motivaciones           

La causa para aquel despojo de la factoría era la oposición de Puente al negocio familiar que se ejecutaba, en detrimento de la industria: compras a la empresa del patriarca Elizondo, y los sobresueldos a trabajadores que procedían de la misma familia. De repente compraron cortadoras de caña y tractores verdes, desplazando a los trucheros, cuando el acuerdo inicial era mantener a los trabajadores en sus plazas como parte de la economía circular y sostener la renta de las parcelas para que los campesinos produjeran la materia prima, rememoró.

Puente asegura que el análisis financiero de la compra del ingenio demostró que el negocio estaba en la molienda y no en la siembra de caña. “Yo quería regresar a los ejidatarios el control de la siembra de caña, para que ellos tuvieran ese negocio, no Agrícola Ohuira, que era la parte agropecuaria del ingenio.

Pero aquellos dos que se decían experimentados en siembras, y que finalmente demostraron ser unos incompetentes agrícolas y fracasados, ya venían por la tierra ajena, dijo.

Y terminaron fraudeando a todos, no pagaron rentas, vendieron el agua asignada a la caña, rastrearon cultivos ajenos, molieron la materia prima y el azúcar terminó en otras manos.

Puente también se opuso a la contratación de Álvaro Molina, un colombiano que fue traído para mejorar el ingenio, pero que en realidad, lo quebró. “Era un inepto, totalmente”.

 

LUIS PUENTE PÉREZ. Estoy vivo de milagro.

 

Después de aquella intimidación que involucró a las familias Elizondo y Valladolid, confabulados con el gobierno de Malova se echó a andar la falacia de la caída en la producción de caña de azúcar y la baja molienda, que produjeron efectos en cascada como incumplimiento en la entrega de azúcar refinada a clientes, e impagos de prestaciones laborales.

Eso a su vez fue el contexto para la quiebra, en donde los “tornillos” que son juicios laborales amañados para apoderarse de activos de la fábrica para zafar de obligaciones fiscales y laborales a un socio internacional, ED&F Man, como también se dañó a empresas crediticias como el Banco de Andorra, que deberán ejercer juicios internacionales para recuperar lo que prestaron a los empresarios locales con avalúos inflados.

“Eso es un vuelco que aún no termina, por eso, el caso del ingenio aún tendrá mucha vida, este aún no cierra, aunque existan muchos interesados en ocultarlo”, sentencia Luis Puente Pérez, un abogado fiscalista que se enredó en la trama que buscaba recuperar la certeza financiera de una empresa cuya tiznadera hacía enojar a muchas mamás de la ciudad, pero de la que dependían más de 3 mil familias locales.

El ingenio Mochis cumplirá este 13 de febrero 15 años de su última etapa productiva, antes de que fuera convertida en la chatarra que aún sobresale de los cimientos urbanos.

Puente asegura que, en retrospectiva, el ingenio Mochis aún estaría produciendo azúcar, ocupando a mil 500 familias de obreros y comprando caña a mil 500 familias de campesinos, si se hubiera mantenido el modelo de administración inicial. La prueba de ello es el ingenio de los Valladolid en Culiacán, que abre si hay precio y cierra si anticipa caída, pero siempre pagando a los trabajadores.

 

El Patriarca

En el caso de Los Mochis, la quiebra del ingenio siempre fue el objetivo de los Elizondo, y los Valladolid, además del gobierno.

“Ya lo hablé con el patriarca de los Elizondo, y le justifiqué que ni su hijo ni el otro tenían la visión ni los contactos para consumar tal traición a toda una ciudad, pero lo negó y hasta ofreció gestionar una salida. Nunca lo hizo”.

 

El inicio de todo, una mirada miope

De acuerdo a la historia de Puente, el rescate del ingenio había comenzado en el 2009, cuando Elizondo y de la Vega lo buscan para asesoría financiera porque pretendían comprar Agrícola Ohuira para convertir a la familia Elizondo en proveedor único. Ese era el negocio.

“Les interesaba la maquinaria y el fertilizante de papa y la tierra de los campesinos, pero en realidad, Agrícola Ohuira no era dueño de nada, ellos compraban la caña que producía el campesino, con ellos, no pagaron, y muchos ejidatarios murieron esperando la liquidación de la deuda”.

Pero el análisis de los estados financieros del consorcio AGA, que tenía ingenios y embotelladoras que constantemente eran rescatados por los gobiernos, establecía una posibilidad de negocio si se resolvían los problemas tributarios y pasivos.

Puente asegura que habiendo sido su cliente el consorcio AGA, acuerdan la compra lisa y llana por el 20 por ciento del valor de sus activos, unos 600 millones de pesos a valores del 2010, unos mil millones de pesos actuales, cuyas deudas lo doblaban.

Los accionistas acordaron que Puente se haría cargo de resolver la deuda legal, los pasivos laborales y los créditos fiscales, y vigilaría la administración de la fábrica, los Elizondo y Valladolidd, por su parte, administrarían el campo.

Capitalizan la industria recurriendo a un crédito por 500 millones de pesos con la banca internacional, Amerra.

Después de un arranque exitoso, las trampas comienzan a sucederse, incorporan a la empresa familiar como proveedor de maquinaria que no se utiliza, pagan fertilizantes y sobresueldos, después expulsan a Puente de la sociedad y traman “tronar” el ingenio.

“Lo denuncié y busqué rescatarlo, pero al gobierno no le importó. Anticipé la crisis del maíz actual, porque esas mil 500 hectáreas de caña se pasarían hacia el grano y esto detonaría la sobreoferta del grano abaratándolo. Resolver ese problema, implica un gasto mayor que el que hubiera tenido mantener la caña y el ingenio”, dice.

Puente asegura que el sindicato se vendió, traicionó a los trabajadores y aceptaron pagos de centavos por los pesos de sueldos caídos.

A los campesinos se les regresaron sus tierras, pero los años de renta nunca se pagaron ni la aparcería se cumplió.

Los proveedores se quedaron sin sus compras de azúcar anticipada.

Los juicios laborales se quedaron en “tornillos” con beneficio aparente de los terrenos.

Amerra no recuperó el crédito otorgado, y los ingleses ED&F Man desaparecieron de la historia, cuando fueron los responsables de todo el mal que la región sufrió.

Puente asegura que el banco estadounidense no terminará el asunto como pérdida.

Malova usó al gobierno para aportar a la quiebra del ingenio, pero en su narrativa se autonombró como benefactor.

Para el fiscalista, el caso del ingenio Mochis aún no termina pues está por conocerse lo que hará el banco Amerra, y qué sucederá con ED&F Man, que tiene obligaciones de pasivos fiscales y deuda legal.

La joya de la corona sigue siendo los terrenos del ingenio que, aunque se dice que ya tienen dueño, aún no es asunto concluido.

Y para prueba, están desahogándose aún los juicios del propio Puente.

Artículo publicado el 8 de febrero de 2026 en la edición 1202 del semanario Ríodoce.

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