El Diccionario Geográfico, Histórico, Biográfico y Estadístico del Estado de Sinaloa (1959) incluye entre sus definiciones sólo a un miembro de la familia Pérez Meza: Moisés. Hermano de “El Trovador del Campo”, Moisés se había formado con Pepe Guízar, autor de renombradas canciones como “Guadalajara” y “Sin ti”, del Trío Los Caporales. El Museo Casa de los Pérez Meza exponía en su sala 2 carteles patrocinados por los cigarros Alas, anunciando presentaciones de este trío en Venezuela y en Puerto Rico. Era un trío que por su calidad y su gran cartel acompañó a Pedro Infante en películas como Escuela de Vagabundos.
Pero él no fue el único Pérez Meza dedicado a la música popular. También el hermano menor de Luis, Antonio, formó varios tríos exitosos: el Trío Culiacán, que grabó las primeras canciones de “El Negrumo” y varios discos, entre ellos el titulado Canciones de don Susanito, en su tiempo muy vendido en México con temas como “Ventanita Morada”, “Negra Consentida” y otras inolvidables canciones de Joaquín Pardavé (algunas de estas canciones pueden escucharse en internet). Gran mérito de Antonio fue formar el trío Los Tres Ases, que bajo ese nombre grabó discos antes de incorporar a Marco Antonio Muñiz, quien lo desplazó y se quedó con los músicos y la marca. Sin embargo, por su destreza musical y su voz, Antonio contaba con amplias relaciones en el medio musical de la época, por lo que pronto formó un nuevo trío: Los Duendes, esta vez con Pepe Jara. Los Duendes fue por muchos años el trío de cabecera de Agustín Lara en el programa Bajo el Cielo de México (Canal 2 de Televisa) y grabó por primera vez a otro gran compositor, sin el que no se puede escribir la historia musical del bolero nacional: Álvaro Carrillo. Si alguien ha escuchado “El Andariego”, “Luz de Luna” y “Amor mío”, debe saber que las primeras versiones de estos boleros fueron grabadas por el Trío Los Duendes.
De Luis Pérez Meza, “El Trovador del Campo”, tendría que exponer lo ya conocido. En cambio, me gustaría dedicar lo que resta de este escrito a su hija Elisa Pérez Meza quien, en pocos años de carrera artística, logró forjarse un nombre en Sinaloa. Pocas veces se presenta en un cantante el atractivo de conjuntar herencia, calidad, amor por su tierra y una personalidad vocal inconfundible. Elisa Pérez Meza tenía las cuatro características. Me atrevo incluso a decir que la dinastía musical a la que pertenecía, era más bien un brillante agregado a su voz, aterciopelada y dotada de un timbre único situado entre los registros de mezzosoprano y contralto.
El escritor José Luis Franco, quien conoció a Elisa de cerca, escribió lo siguiente acerca de ella: “Elisa Pérez Meza goza la música… y la música goza con ella, se redimensiona. Por su cálida sencillez tan sinaloense sobran las citas arrogantes para describirla: es Elisa, y las canciones que se mecen en sus labios más que interpretaciones son un dictamen final. Canta, sonríe, se mueve, y todo en ella está en función de crear una cosmogonía particular: voz, letras, expresión corporal, dominio de la escena, comunicación con sus músicos, con su público. Pensar que señalo esto porque he disfrutado de algunas de sus presentaciones en vivo es un error: Elisa transmite lo mismo en sus grabaciones, que nos brindan el privilegio de encontrarla siempre vigente, a pesar de los caprichos de nuestro estado de ánimo”.
Con “Ferrusquilla”
Una interesante presentación de Elisa, la que dio a conocer su CD Asómate a mi alma, se dio durante una noche lluviosa de 2008 en la Sala Lumière. El lugar estaba lleno y se tenía prevista la participación de José Ángel Espinoza, “Ferrusquilla”, para acompañarla en dos canciones que ambos habían grabado a dúo. Pero justo ese día y a esa hora se programó al compositor para recibir en la UAS el doctorado Honoris Causa. Elisa y “Ferrusquilla” se reunieron un día antes y acordaron grabar un video donde él la presenta y canta en una pantalla su parte de las canciones. Así que los asistentes tuvieron allí a “Ferrusquilla” con música en vivo y no se perdieron el dueto en la canción “Échame a mí la culpa”, que alcanzó casi de inmediato 40 mil reproducciones en YouTube.

Meses antes, cuando Elisa y don José Ángel habían acordado realizar la grabación, él estaba aquejado de un fuerte problema pulmonar pero, dentro del Estudio 21, al escuchar a Elisa le dijo al ingeniero de sonido: “voy a cantar con Elisa en una pista separada. Si me da tos, si se me quiebra la voz o de plano no resulta, seleccione lo mejor y deseche lo demás”. Así fue como quedó la grabación de “Cariño nuevo” y de “Échame a mí la culpa”, y Elisa, en atención a la disposición y profesionalismo de “Ferrusquilla”, quiso recrear el proceso de grabación musical añadiendo al video que se realizó en el estudio, varias tomas posteriores.
Saber que Sinaloa no es solo banda, explorar el bolero como parte de una tradición musical vivida de cerca con sus tíos Moisés y Antonio, había llevado a Elisa a grabar ese disco, en sus palabras, como “invitación a recordar un espacio escondido de nuestra identidad que reafirma lo humano del amor contra la naciente frialdad de la burocracia y el rígido esquema de las primeras carreteras y edificios”. Además de tres temas de “Ferrusquilla”, el disco contenía canciones de Fernando Valadez, Braulio Benítez, Laura Gómez Llanos, “El Negrumo” y Carlos Carrasco, entre otros.
Un regalo de López Sáenz
Otra anécdota, también interesante, sucedió durante la entrega del Galardón a la Mujer que en 2010 recibieron en Mazatlán la directora de Delfos Danza Contemporánea, Claudia Lavista, y Elisa Pérez Meza. Elisa cantó con Banda “Las Isabeles”, tema que alguien grabó con un celular y luego subió a YouTube. Pero, como se advierte en el video en línea, al improvisado cineasta se le acabó la pila y por eso no pudo grabar y dar a conocer la canción siguiente, “Que viva la Machado”, que Elisa interpretó tres veces a petición del público. Fue una presentación vespertina en el Teatro Ángela Peralta y al término del acto el pintor Antonio López Sáenz, que estaba entre el público, se acercó a conversar con Elisa. Durante la plática encontraron que los paisajes del viejo Mazatlán les eran comunes, que ambos habían paseado durante su infancia en los astilleros y que habían recorrido, quizá simultáneamente, los terrenos ganados al mar en la Playa Sur. Antonio López Saénz la invitó a reunirse de nuevo para revisar las fotografías de infancia de ambos. Una foto de Elisa le llamó la atención y le pidió una copia.
Hubo varios encuentros posteriores hasta que, varios meses después le llamó para invitarla a su casa y después de recibir a Elisa le dijo muy formal pero sonriente, quitando la cubierta en papel de china que tenía sobre un caballete en la sala: “ésta es mi última obra en pequeño formato porque ya siento muy cansada la vista para pintar detalles. Varios coleccionistas míos me la han pedido, pero es para ti. Te la vendo para que me la pagues poco a poco o como puedas. Se llama Elisa en la playa y tú estás aquí: una niña muy coqueta y soñadora, con una guitarra y partituras al lado, entre pescadores y marchantas. Mira… a tu lado un perro juega feliz mientras se cruza el fantasma de tu padre”. Elisa no pudo contener la emoción y estuvo a punto de soltar el llanto. Elisa en la playa se exhibió en una exposición organizada en honor a Antonio López Sáenz por el Museo de Arte de Sinaloa y después en el pabellón que organizó Sinaloa durante el Festival Cervantino en 2012.
Pocas veces se presentó Elisa en Culiacán, pero siempre dejó buenos recuerdos. Su primera actuación en esta ciudad fue en 2001 en la Sala Lumière con la Banda de los Hermanos Rodríguez, durante la presentación de un libro de Leonor Mena dedicado a Luis Pérez Meza. En el 471 aniversario de la ciudad de Culiacán, Elisa cantó en el Ágora Rosario Castellanos acompañada por el grupo Nidart y la Banda Ritmo de la Costa su disco Recordando al Trovador. Luego estuvo en la galería Frida Kahlo en 2003 para presentar su concierto Hermana Cuba, un recital que en opinión del periodista Benigno Aispuro “inició con ‘La Gloria eres Tú’ y fue in crescendo conforme los acordes se desgranaban, perlas mágicas en la noche serena de un enero de clima veleidoso”. De nuevo en la Galería Frida Kahlo, Elisa presentó en 2005 su disco Poetas en Olas Altas con letras ligadas al puerto de Mazatlán de autores como Pablo Neruda, Amado Nervo, José Gorostiza, Gilberto Owen y otros. Su última presentación en Culiacán fue en la explanada del Edificio Central de la UAS para interpretar la revista-espectáculo Fuera de la Ley, corridos de la Revolución, donde cantó con mariachi entre escenas actuadas por Carlos Ambriz y Gaspar Velarde.

Para la fecha de esta última presentación, Elisa ya estaba dedicada de lleno al Centro Cultural que había fundado en Mazatlán: el Museo Casa de los Pérez Meza. Como egresada de la Escuela de Ciencias Sociales de la UAS, estaba plenamente consciente de la relevancia del apellido Pérez Meza (sin el cual no puede concebirse la historia musical de Sinaloa), y había emprendido el proyecto sin apoyo oficial, con recursos propios y el apoyo de su esposo, quien había estudiado Museología en el ya desaparecido ILAM (Instituto Latinoamericano de Museos) en Costa Rica, Centroamérica. El proyecto era ambicioso, estaba montado con todo profesionalismo y constaba, además de las cuatro salas de exhibición, con un café, una sala de usos múltiples y un foro musical donde Elisa cantaba el último sábado de cada mes. Paradójicamente, aunque contaba con un asiduo público local, fue un lugar más conocido por visitantes y medios internacionales. Escritores de habla inglesa como Bette Schwarz, Gregory Brady, Sheila Madsen y Melissa Burridge dedicaron al Museo, en su idioma, amplias reseñas. La revista Up!, que se ofrece a los pasajeros de la aerolínea canadiense WestJet, lo recomendaba como un lugar para aprender sobre Sinaloa.
Los conciertos de Elisa en el Museo tuvieron público local y nacional pero sobre todo visitantes de Quebec, Estados Unidos, Alemania, Rusia, Italia y Sudamérica que volvían cada cierto tiempo y se recomendaban entre sí los shows. Hubo quien llegara impulsado por su ‘entrenadora’, la maestra de canto Yuliya Martishuk, quien desde Edmonton se sentía encantada de apoyar a Elisa. Con ella ejercitaba Elisa su voz natural, a la que agregaba su fraseo hermoso y elegante, su personalidad y una presencia escénica en la que su figura, su vestuario y sus desplazamientos en el escenario acaparaban de inmediato la entrega del público.
Dos finales
Cierro este escrito con datos que hicieron de Elisa un ejemplo para muchas personas que la conocieron de cerca. Sorprendentemente, Elisa Pérez Meza inició su carrera profesional en la música a los 60 años y se mantuvo vigente quince años más con una jovialidad y una energía que muchos jóvenes envidiaban, pero además con una voz que quien la escuchaba la sentía totalmente joven, incluso sin el daño diafragmático que vuelve cascado el vibrato de la gente de edad. Su grabación de “Las Preguntas de Neruda” fue adoptada por una de las emisoras de Radio Nacional Argentina desde donde la entrevistaron telefónicamente. Por mensajes de admiradores también era escuchada en Chile y Costa Rica, especialmente con “Échame a mí la culpa”. Llevó su música y su presencia al Museo Nacional de las Culturas Populares, a la sala Murray Schaffer de la Fonoteca Nacional, al festival Heritage de Edmonton y a diversos foros nacionales e internacionales. A lo largo de este tiempo se presentó cinco o seis veces en el Teatro Ángela Peralta en Mazatlán y durante diez años en la Feliart (Feria del Libro y las Artes de Mazatlán).
Cuando se sintió cansada (ella creía que por la edad), no anunció una despedida, sólo organizó su última presentación en el Teatro Ángela Peralta donde ofreció un concierto de dos horas. Allí recibió del Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán la presea “Profeta en su tierra”. Sólo rompió su decisión de retirarse para atender un compromiso que había asumido muchos años antes con su amiga Cristina Pacheco del canal 11 de televisión. No fue la mejor entrevista de ninguna de las dos grandiosas mujeres: unos días después le sería diagnosticado a Elisa un avance del 60 por ciento en el mieloma múltiple que provocaba todo su cansancio, sus lapsus y males, enfermedad que la condujo a morir. Dos meses después Cristina Pacheco moriría también, aquejada por el cáncer.
Artículo publicado el 18 de enero de 2026 en la edición número 20 del suplemento cultural Barco de Papel.






