La dupla Sheinbaum-Harfuch inició como apagafuegos en las regiones violentas por demás conocidas en el país: Guanajuato, Guerrero, Chiapas, Michoacán. Se sumaba Sinaloa, que había tenido una pausa que coincide con la era AMLO (2019-2024), y se pierde con la traición a Ismael Zambada y los consecuentes enfrentamientos intestinos entre Chapitos y Mayiza.
Nada diferente a lo que habían enfrentado los gobiernos federales anteriores: Zonas del país incendiadas por el poder de las organizaciones criminales que van calentando sus zonas de influencia y se disparan los delitos. Llevamos 20 años así.
Con el nuevo gobierno federal, desde octubre del año pasado, quedó claro que la estrategia seguida en los seis años anteriores no sería la misma. El perfil de Omar García en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana no tenía nada qué ver con sus antecesores: Alfonso Durazo y Rosa Icela Rodríguez que pasaron con más pena que gloria, en un área completamente fuera de sus alcances. Uno era un político forjándose para su sueño de la gubernatura en Sonora, y la otra una periodista que ingresó muy rápido al servicio público con gobiernos del PRD y después de Morena.
Harfuch es un policía y alrededor de él se ha ido conformando un andamiaje institucional integrando a personajes cercanos a su trayectoria, no solo en la secretaría a su mando sino en la Fiscalía General y en los órganos de inteligencia.
Pero la SSPC carecía de la fuerza de despliegue nacional que sí tienen Defensa y Marina. Entonces, también se sumaron esas dos secretarías a lo que podría llamarse un mando único –quizá no de una persona, pero sí de un equipo.
Eso ha permitido el despliegue de fuerzas federales focalizado en los estados ya citados arriba, más Chihuahua, Baja California y el Estado de México. Las siete entidades que juntas concentran el 51 por ciento del total de asesinatos en el país.
Le llevó más de un año al gobierno de Sheinbaum cerrar la pinza en materia de seguridad, que va desde colocar en la Fiscalía General de la República a un personaje de su confianza, Ernestina Godoy, y colocar en un mismo engranaje a Defensa, Marina e Inteligencia Financiera.
¿Todos esos ajustes van a funcionar? Eso es lo que está por verse.
Lo evidente, de inicio, es la capacidad del despliegue territorial de las fuerzas federales. ¿Hasta qué punto les alcanzará para cubrir un territorio en disputa entre las organizaciones del crimen? Es así como surgen los cuestionamientos de que se mueven los efectivos de un lugar a otro. Salen de Sinaloa para apaciguar Michoacán, por ejemplo. Hasta el propio gobernador Rubén Rocha tuvo que aclarar que la presencia se mantenía.
Margen de error
(2025) Por lo pronto, al cierre del 2025, la presidenta Sheinbaum se ha encargado de resaltar dos puntos innegables en la estadística (no necesariamente atribuibles a la estrategia, pero resultados al fin).
Uno, la sumatoria de homicidios con una reducción con respecto a 2024 y que se extendería en una reducción a todo el sexenio de AMLO, aunque falten aun los ajustes en las cifras.
Esto implica una reducción con los promedios diarios (que van de 100 en el 2019 a 91 en el 2024) y es lo que más se ha destacado en estas semanas que siguieron al primer informe de la presidenta. Porque la cifra preliminar a noviembre es de 65 asesinatos por día en promedio en el país.
Y dos, lo que se refiere a una reducción en los promedios diarios en las entidades donde se focaliza más de la mitad de los crímenes, aunque aquí se toma esa reducción con respecto al pico de homicidios que tuvo cada entidad (las trampas que siempre se dan a la hora de interpretar datos).
Sin embargo, con esos mismos datos, también se concluye que los fuegos que encontraron al inicio del gobierno, entre ellos Sinaloa, se mantienen igual como fuegos violentos.
No es tema menor, por supuesto, que el país concluya el 2025 con una sumatoria cercana a los niveles de 2016, es decir en alrededor de 25 mil homicidios por año. Aun escandalosamente alta, pero una reducción considerable.
Primera cita
(2026) Por eso el 2026 es la prueba verdadera para la estrategia que se han encargado de ir construyendo la dupla Sheinbaum-Harfuch. Antes, se fue armando el entramado legal y las posiciones en las áreas del gobierno. Más el soporte, como puntal principal, en Defensa y Marina.
Todo el 2025 las acciones de presencia y combate se focalizaron en las zonas de fuego (regiones y municipios de los siete estados mencionados), buscando reducir a los generadores de violencia que están dentro de grandes organizaciones del crimen que controlan esos territorios o que se disputan entre sí.
El mapa criminal de México, sin embargo, sufre muy pocas modificaciones. Harfuch y su equipo no pueden anotarse una captura grande: Alguno del Cártel de Sinaloa, o del Nueva Generación, por ejemplo. Hasta ahora solo han sido operadores de peso, pero no las cabezas principales.
En 2026 se juega el desgaste de la estrategia, o empezar a cerrar los avances que se tengan en materia de inteligencia. Así es como podrían hacerse evidentes los resultados, con golpes de precisión para neutralizar el poderío de las grandes organizaciones que se despliegan por el país.
La reducción de los homicidios tendría que ser en dimensiones mayores y además un comportamiento sostenido. Hasta ahora eso ha sido lo más complicado, porque surgen los fuegos. Apenas se apaga uno, cuando otro se expande (PUNTO)
Artículo publicado el 21 de diciembre de 2025 en la edición 1195 del semanario Ríodoce.







