Hoy se sabe que la dieta perfecta no existe. Los requerimientos individuales son distintos, mientras una embarazada requiere un tipo de alimentación, el fisicoculturista requiere otra, el octogenario otra, el niño, el adolescente, en fin, la alimentación termina siendo una prenda a la medida. Mientras los músculos requieren proteína, el cerebro requiere vitamina B12, las bacterias intestinales fibra y prebióticos, todas las células del organismo tienen distintos receptores para diferentes procesos metabólicos.
Desde las recomendaciones de comer cinco porciones de alimento al día, hasta el ayuno intermitente por días, los mitos se pasean poniendo en el tapete de la ignorancia distintas posturas, a veces ideológicas, a veces una mezcla de verdad con exageración.
A veces hacer las cuentas no resulta agradable, el humano necesita en promedio 30 gramos de azúcar al día, cuando el nutriólogo o el médico se convierte en el auditor de tu alimentación, prácticamente te predice el infierno en materia de salud, de alguna manera tiene razón cuando estas cuentas se traducen primero en sobrepeso y después en obesidad con las consecuencias de comorbilidad conocidas y traducidas en alteraciones articulares, pulmonares, cardiacas, y por supuesto, metabólicas.
El obeso siempre está entre los mitos de la nutrición y la realidad de su enfermedad, el concepto de enfermedad a veces es muy volátil, tan volátil que hay obesos cuya conciencia no tiene registro que obesidad es igual a enfermedad, hay obesos que suponen que la obesidad es una condición pasajera que mañana cambiará para mejorar, un mañana que se vuelve eterno y a veces fatal. Para el obeso, todo termina en la forma de comer, en la forma de pensar sobre lo que se lleva a la boca, una mezcla de sabor, placer, culpa, compromisos rotos, e indulgencias que alargan el periodo de cura.
En la forma de comer siempre está el tema del azúcar como fuente de placer y fuente de sufrimiento, ese pleito resultado de la ambivalencia entre lo que se hace y lo que se debe hacer, discusiones interminables con el tema de los jugos y las frutas, y no se diga el tema de los edulcorantes artificiales y el cáncer. Galletas, panes, pasteles, cereales, dulces, mermeladas, cremas para untar, refrescos azucarados, bebidas alcohólicas, y jugos de frutas, terminan siendo satanizadas, sin embargo, hay un tema que se olvida cuando se habla de salud nutricional: el equilibrio en la cantidad y la frecuencia.
La forma de comer es parte clave o fundamental si de salud nutricional se trata, si de mantener el peso ideal se habla, los extremos son eso, extremos, ni todo termina siendo proteína ni todo termina siendo carbohidratos, es la conciencia de lo que somos estructuralmente hablando, la diferencia entre la autopista de la salud o la vereda de los baches de la obesidad. Una forma de comer sano, es mantenerse en el peso ideal más menos el 10 por ciento, y el vigilante se llama báscula.
Artículo publicado el 26 de octubre de 2025 en la edición 93 del suplemento Gula.






