A raíz del anuncio de la propuesta para aumentar el gravamen a las bebidas saborizadas, se hicieron una serie de afirmaciones tanto del lado del gobierno como de la industria refresquera.
Por el lado del gobierno de Claudia Sheinbaum, los llamados Impuestos saludables vendrían a corregir parte del problema de salud generado por el consumo excesivo de este tipo de bebidas; para la industria, la medida es ineficaz y solo incrementará el gasto de los que menos tienen.
Pero ¿cuáles son las ramificaciones del impuesto? Le explicamos.
Al elevar la carga tributaria, se provocará el alza en los precios de las bebidas. En este caso, el impuesto crecerá poco más del 87 por ciento, lo que hará que pase de 1.64 pesos a 3.08 pesos por litro. Con la propuesta se recaudará mucho más por este concepto, lo que aumentará los ingresos gubernamentales y el gasto en programas sociales y de prevención dirigidos a mejores prácticas alimenticias.
El aumento del precio en el refresco mitigará —en teoría— el consumo y por ende aumentará el consumo de agua natural. Al consumir más agua y menos refresco, se reducirá la ingesta total de calorías —y también de otros involucrados como el sodio —, lo que ayudará a llevar una dieta más saludable. Con una dieta más saludable, el sobrepeso y la obesidad se reducirán.
Con el sobrepeso y la obesidad a la baja, también se reducirán la prevalencia de enfermedades no transmisibles y las muertes. Derivado de dichas reducciones, los costos del gobierno para la atención de todas las enfermedades relacionadas al consumo de bebidas azucaradas serán menores.
La Unicef, en un resumen de políticas con referencias bibliográficas a 89 estudios y artículos científicos afirma que “La OMS y la Comisión para acabar con la obesidad infantil han calificado el gravado de impuestos a las bebidas azucaradas como la ‘mejor opción’, y UNICEF lo ha recomendado para prevenir el sobrepeso y la obesidad infantil”.
Aunque todo esto suena bien, de aprobarse el nuevo piso de recaudaciones apenas alcanzarán a cubrir el 40 por ciento de los costos asociados a las enfermedades no transmisibles. En otros países que han aplicado medidas impositivas para desincentivar el consumo de bebidas azucaradas, los aumentos han sido mayores y los resultados más notables.
Desde sus inicios en enero del 2014, el impuesto solo había crecido de un peso a 1.64. El último aumento a inicios de 2025 fue de solo siete centavos, una cantidad imperceptible a nivel mostrador. Aunque este nuevo aumento es significativamente mayor, es posible que a nivel precios en tienda no se vea un gran incremento y no se logre desincentivar la compra y solo se traduzca en una mayor recaudación. Algo es algo.
Artículo publicado el 28 de septiembre de 2025 en la edición 92 del suplemento Gula.






