Juan Carlos Ramírez-Pimienta analiza cómo la ofensiva binacional contra los corridos tumbados ha modificado la escena musical, la movilidad de los artistas y la relación del público con un género que, pese a todo, se niega a morir.
Por primera vez en la historia, la censura contra los corridos tumbados ocurre de manera simultánea a ambos lados de la frontera. Así lo advierte el investigador y especialista en narcocultura Juan Carlos Ramírez-Pimienta, quien observa que las actuales prohibiciones en México y Estados Unidos han afectado la producción, difusión y presentación del género, aunque no necesariamente su popularidad.
El público sigue queriendo escuchar estas canciones, pero las restricciones han limitado su acceso.
No es un declive natural, ni ético, afirma, sino provocado. La gente no ha dejado de interesarse, simplemente ya no tiene dónde escucharlos. Quienes antes asistían a un concierto, hoy no pueden hacerlo porque no se les permite tocar ese tipo de canciones.
Ramírez-Pimienta recuerda que las prohibiciones, lejos de erradicar una práctica cultural, suelen fortalecerla. A lo largo de la historia, dice, lo prohibido siempre atrae, especialmente entre los jóvenes.
“Cuando se le dice a alguien ‘no lo hagas’, lo más probable es que lo haga. Así ha sido con los corridos: cada intento de censura termina despertando más curiosidad”, asegura.
“El contexto actual es distinto. Nunca antes se había visto una ofensiva coordinada entre ambos países. Mientras en México las autoridades locales cancelan presentaciones o imponen sanciones, en Estados Unidos se han endurecido las restricciones migratorias y se han suspendido visas de artistas”.
Eso no pasaba, dice. Los cantantes podían presentarse libremente en California o Arizona, aunque estuvieran vetados en México. Las tensiones políticas y el ambiente hostil hacia los mexicanos, que se agudizaron desde la administración de Donald Trump, han creado un clima de miedo tanto entre los músicos como entre el público.
La transformación a partir del miedo
Ese miedo ha transformado la manera en que se vive la música. Los conciertos, antes masivos, hoy se enfrentan a la incertidumbre. Los asistentes temen cancelaciones, redadas migratorias o que el artista no logre cruzar la frontera.
Casos como los de Natanael Cano, Julión Álvarez o incluso Lorenzo de Monteclaro, a quien se le retiró la visa, muestran cómo estas presiones afectan al género en todos sus niveles.

Para el autor de Cantar a los narcos: voces y versos del nacocorrido, el impacto también se refleja en la vida cotidiana de los músicos. Antes, muchos artistas dividían su semana entre México y Estados Unidos: tocaban jueves o viernes en Tijuana, sábado en Los Ángeles, domingo en Fresno y el lunes regresaban a Guadalajara o Culiacán. Esa dinámica hoy es casi imposible. “Se ha cortado la movilidad”.
Los grupos mexicanos ya no pueden entrar fácilmente a Estados Unidos, y eso genera un vacío que poco a poco comienzan a llenar los grupos mexicoamericanos, como Fuerza Régida. Ellos son ciudadanos estadounidenses, no los pueden presionar con la visa, pero incluso así hay temor de cantar o de ir a los conciertos. El miedo se ha extendido.
Narcocorrido como cultura popular
Aunque reconoce las buenas intenciones detrás de iniciativas como México Canta, que buscan promover canciones con mensajes “positivos”, Ramírez-Pimienta considera que esas medidas son ineficaces si no se transforman las condiciones sociales que dan origen a las canciones.
La cultura popular no se legisla, dice, no se le puede decir a la gente qué le debe gustar. Si no cambia el contexto, las prohibiciones no sirven. Recuerda que en otras épocas, cuando México imponía vetos a los corridos, la industria encontraba refugio en California.
“Desde ahí se grababan y distribuían cintas que cruzaban la frontera y mantenían vivo el género. Hoy esa posibilidad se ha cerrado. Las libertades que antes se daban por descontadas ya no lo son. La gente teme expresarse. Incluso artistas con una larga trayectoria enfrentan problemas con sus visas. Son tiempos inéditos y complicados para el corrido”, detalla.
“Hace apenas unos años se pensaba que el género se internacionalizaría. La presencia de artistas como Peso Pluma en escenarios globales hacía pensar en un nuevo auge. Sin embargo, la coyuntura actual ha frenado ese impulso”.
Peso Pluma, por ejemplo, tenía programada una presentación en el teatro Olympia de París, pero la canceló. Aunque vive legalmente en Estados Unidos, ha optado por mantenerse discreto ante el clima de tensión.
“El espacio nunca se queda vacío, pero sin duda estamos ante un mal momento para el corrido tumbado y en general, para el corrido como expresión cultural”, asegura.
Artículo publicado el 23 de noviembre de 2025 en el suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.



