El sofoco de la violencia no da tregua en Culiacán. Al mismo tiempo, la cascada de sucesos nos va endureciendo la coraza social. Nos guardamos en ella y nos pensamos impenetrables. No hay forma de guardar en la memoria, en el alma, las 2 mil 395 crónicas de los muertos que sumamos en 15 meses de guerra narca. Que un reportero se quiebre y suelte el llanto en la transmisión en vivo del asesinato a balazos de un niño, suena tan extraño que al oírlo uno se pregunta cómo es que no ocurre cada día.
Eso pasó en esta última semana de noviembre de 2024. Alan Ricardo, de apenas 16 años, fue abatido a tiros en uno de los andadores de los edificios de Infonavit Cañadas, al sur de la ciudad de Culiacán. El reportero de Ríodoce llegó al sitio a cubrir la información, apenas narra los datos sustanciales cuando se escucha que intenta tragarse el llanto cuando habla, como es imposible despide la transmisión porque no se puede agregar absolutamente nada. Queda su testimonio en la página de Facebook con el relato apagado.
La violencia se sectoriza en Sinaloa. Así ha venido ocurriendo estos meses. Quiere decir que brota, repunta y se estaciona en sitios específicos, es cuando ocurren asesinatos con una mayor frecuencia que en cualquier otro lugar.
Es el caso de los departamentos multifamiliares de Cañadas, donde los grupos armados de Chapitos o la Mayiza se ensañan. Junto a este sector están por ahora Bachigualato, Aguaruto y San Pedro en Navolato, donde igualmente se multiplican los sucesos.
Durante el año, los ataques y asesinatos en Cañadas suman casi una decena: El 7 de noviembre, por la mañana, asesinaron a un hombre cuando se subía a su automóvil; el mismo día, por la noche, mataron a dos jóvenes cerca de una cancha de futbol; una semana después, en otro de los edificios, apareció muerta Verónica, en medio de un supuesto convivio; y para cerrar noviembre, persiguen y matan a Alan Ricardo.
Hace un año, un día sí y otro también, los reportes eran en los alrededores del Bulevar Agricultores —en el sector del Mirador y las Siete Gotas— en las colonias Hidalgo y Las Vegas. Hace unos meses quemaron y quemaron viviendas en Las Quintas o Colinas de San Miguel —muy cerca de Infonavit Cañadas, aunque con viviendas completamente diferentes. Así se va moviendo la violencia.
Margen de error
(Densidad) Infonavit Cañadas es la zona con la mayor densidad de población en Culiacán: 502 habitantes y 93 viviendas por hectárea. Para hacernos una idea, eso es casi 10 veces más habitantes que la densidad promedio en la ciudad, y siete veces más la densidad de viviendas que el promedio en la capital.
En los edificios de Infonavit Cañadas viven unas 6 mil personas —en las dos últimas décadas el número de habitantes ha disminuido en un 3 por ciento, dice el censo reciente. No es la colonia con más habitantes de Culiacán, esa es la Lázaro Cárdenas, pero sí ha sido desde su fundación el sector donde viven más personas por metro cuadrado.
Es entendible porque fue construida para eso en los años 70 del siglo pasado, cuando todavía construía el Infonavit. Convirtiéndose en la primera zona de edificios multifamiliares de Culiacán, hace casi medio siglo.
Eran entonces, y son ahora, una extrañeza en una ciudad horizontal, donde los edificios altos los contamos con los dedos de una mano y son recientes. Como su nombre lo dice, los edificios están en la cañada que hacen los cerros donde se encuentran la Normal de Sinaloa y el Tecnológico de Culiacán —por citar sitios conocidos.
Más personas en un mismo sitio impactan en una sana convivencia. En mis años mozos Cañadas era mi ruta diaria. Más de una vez me interné en sus andadores y me senté a escuchar en las muchas escaleras los ruidos de sus habitantes. Los televisores con la telenovela, el noticiero o la película doblada (cuando todavía había televisiones); los vecinos que compiten por subirle al volumen a su música, porque quieren que todos sigan su fiesta y sus gustos; los gritos llamando a los hijos o reclamando a las parejas, perdiendo la paciencia. Todo, al fin, una normalidad de cualquier sitio, pero multiplicada y para los oídos de cualquiera.
Mirilla
(Rescate) Sus edificios descascarados y el descuido que amontona basura por los pasillos y andadores porque nadie siente que son suyos, han provocado de cuando en cuando el interés por buscar el rescate de Infonavit Cañadas. Así han desfilado organizaciones civiles y dependencias de gobierno en múltiples ocasiones. La gente va y viene por los edificios, no hay arraigo, muchos son rentados y solo viven temporadas.
Escribir una crónica es espulgar en los escombros. Así que volví a los andadores de Cañadas. Da hasta coraje darse cuenta lo rápido que todo parece volver a la normalidad. Aunque poniendo atención no se ven niños, no ladran los perros, y los gatos miran con desconfianza.
Allá a lo lejos quedó estampado el logotipo del gobernador Quirino, ese de Puro Sinaloa, otro de los intentos por darle una manita a los edificios, llevando pintura regalada. Están plantados unos militares enfrente de donde hace unos días mataron al niño Alan.
Este mismo mes de noviembre, unos jóvenes y organizaciones como Parques Alegres, se atrevieron a entrar a Cañadas aunque siguieran los asesinatos. Dedicaron un mural a Matías, un niño que murió ahogado en las recientes lluvias de la temporada. La larga y colorida barda muestra su rostro, está muy cerca donde un día después asesinarían a Alan Ricardo. Hoy las palabras estampadas ahí suenan una ironía: “Dónde hay amor, florece la paz.” (PUNTO)
Artículo publicado el 30 de noviembre de 2025 en la edición 1192 del semanario Ríodoce.







