Responderé por anticipado que no, aunque reste interés a la argumentación y arruine el título en modo de interrogación. En los últimos meses pasé de no dar crédito a la pregunta, a planteármela y concluir que no: Estados Unidos no se atrevería a un ataque de cualquier tipo en territorio mexicano. Todo con el riesgo que implica a los periodistas que la hagamos de adivinos.
El tema se arrastra desde la segunda campaña presidencial de Trump, aunque se entiende que el tono político en la búsqueda del voto es estridente. Entonces aseguraba que enviaría tropas estadounidenses por los capos mexicanos. En los últimos meses se fue desperdigando por distintas vías, principalmente en medios americanos: una red de creadores de contenido lo detonaron y lo retoman impresos y la televisión. Siempre con alguna repercusión en medios de México, primero incipiente y después poniendo un poco más de atención al asunto.
Al inicio ni siquiera merecía prestarle atención al embuste, si no fuera porque pasó de filtración a noticia con fuentes de carne y hueso. Los funcionarios de la Casa Blanca nunca afirman la proximidad de un ataque militar a México, utilizan un eufemismo suficientemente claro para relacionarlo con otras afirmaciones que carecen de fuente: “el presidente está muy interesado en tomar medidas adicionales”, dijo la semana pasada Karoline Leavitt, la portavoz de Trump.
Peor todavía, corresponsales extranjeros en México, de respeto y con años en la cobertura informativa, empezaron a planteárselo desde antes como un tema de atención. Y hoy en día lo plantean como una posibilidad.
“Trump quiere explosiones, lanzar cohetes”, me dijo uno de esos corresponsales de medios americanos. “Y México le queda perfecto”, remató. Este corresponsal aun no prepara ni está armando un trabajo sobre eso, pero empieza a recopilar notas en su libreta y a hacer preguntas por aquí y por allá.
Para él Sinaloa estaría en la mira principal. Asegura que ha hablado con personajes dentro de la estructura de la inteligencia americana y con excolaboradores de las agencias que intervienen en estos casos, y ellos también piensan que un ataque a objetivos en territorio mexicano es posible. En Sinaloa se han detectado narcolaboratorios de fentanilo y otras drogas sintéticas, y serían un blanco en la eventualidad de esos ataques.
Con el nuevo alud de declaraciones y publicaciones sobre un eventual ataque a objetivos en territorio mexicano, la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que atajar: apoyo sí, “pero no con tropas extranjeras”. Luego remata con un deseo: “No va a ocurrir”.
Margen de error
(Venezuela) Por supuesto que las acciones militares contra objetivos de Venezuela es el antecedente claro para quienes afirman que sigue México. Suman por lo menos dos docenas de ataques a embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, donde podrían haber muerto más de 80 personas, casi todas venezolanas. Hasta ahora en ningún caso se han seguido protocolos marcados en la legislación internacional para esos ataques, mucho menos se han aportado pruebas sobre la afirmación de que se trata de narcolanchas y que transportan drogas. Pero eso es lo que menos importa, militares americanos siguen oprimiendo el botón y lanzando el misil.
Solo que hay un amplio margen de error en esa apreciación: Venezuela no es México, por más que muchos afirmaron por años que México se convertiría en Venezuela.
Todo el contexto es completamente diferente: Primero, La frontera de cristal, como la llamó Carlos Fuentes en una serie de cuentos. Una línea porosa, por donde cruzan lo mismo tomates que fentanilo y personas indocumentadas. Compartimos una larga historia de encuentros, desencuentros y hasta ocupaciones. En datos, los venezolanos que viven en Estados Unidos no llegan a un millón, mexicanos son casi 40 millones, unos 4 millones de ellos sin papeles. Económicamente tampoco hay comparación, la sociedad comercial es enorme y hasta dependiente. En conclusión: México no es Venezuela, guste o no.
Primera cita
(Fired) “No estoy nada contento con México” es la cita de la semana. Trump lo dice como si hablara de un empleado o de uno de sus programas de televisión que lo catapultó a la fama que aun explota: ¡You are fired! (¡Estás despedido!).
En la semana muchos de los seguidores y simpatizantes del movimiento que sostiene a Trump ametrallan sus espacios con afirmaciones de que Estados Unidos debe atacar a objetivos en México. Son comentaristas de la extrema derecha que describen una realidad donde definen como un “Estado narcoterrorista” a México. Es parte de la guerra política que ellos libran contra sus detractores.
Por su parte Trump ataca y afloja, como es su habilidad. Dice: “No estoy diciendo que lo vaya a hacer, pero estaría orgulloso de hacerlo”, cuando le preguntan si atacaría objetivos en territorio de México o lanchas en mar.
Mirilla
(¿?) Hasta ahora a la presidencia de Trump le ha venido funcionando esta política de agresividad constante. De abrir simultáneamente todos los frentes posibles para acaparar los espacios. Lo mismo ataca una narcolancha en Venezuela, que se reúne con el presidente de Ucrania o supuestamente negocia la paz en Gaza.
Trump tiene la mejor arma que es ser impredecible, y por eso ahora cualquier cosa podría ocurrir. Queda claro que México tiene encima muchas amenazas, ninguna de ellas menor, por eso el tema pasó de un rumor intencionado a tema de análisis y reporteo (PUNTO)
Artículo publicado el 23 de noviembre de 2025 en la edición 1191 del semanario Ríodoce.






