Socorro Astol, la dama del teatro sinaloense

Socorro Astol, la dama del teatro sinaloense

En septiembre de 1983 falleció en Guadalajara, pero en Sinaloa dejó su huella; formó un grupo, discípulos y su nombre en un teatro

 

 

En Culiacán un espacio lleva su nombre. El Teatro Socorro Astol inmortalizó su trabajo como actriz, directora, formadora de generaciones y madre simbólica del teatro en Culiacán.

Nacida en 1916, en Ciudad de México, Socorro Sáenz Astol de Sánchez Navarro tuvo el teatro en la sangre. Hija de una gran actriz chilena que llevaba el mismo nombre y hermana del actor Fernando Soto, Mantequilla, creció en las carpas teatrales, esos espacios desmontables e itinerantes que llevaban el arte a cada rincón del país.

Su formación fue empírica, intensa, y profundamente ligada al escenario: solo terminó la primaria, y a partir de ahí, como ella misma decía: “El teatro fue mi escuela”.

Actuó por primera vez al lado de la legendaria Virginia Fábregas, y con su esposo, el también actor Manuel Sánchez Navarro, formó parte de la Carpa Rosas, recorriendo México con un repertorio de melodramas populares.

Fundaron su propio proyecto: el Teatro Rodante Colonial Socorro Astol, con el que presentaron obras como Genoveva de Brabante, Cuando los hijos se van y Qué malas son las mujeres, llegando por primera vez a Culiacán en 1938.

El giro definitivo en su vida llegó de forma inesperada: un naufragio en el Pacífico, del que logró salvar apenas un baúl lleno de vestuarios y utilería teatral. Llegó a Altata y de manera posterior a Culiacán, donde se estableció con su esposo e hijos, en el año de 1948.

En su momento el director de teatro Rodolfo Arriaga Robles, quien también fue su alumno, señaló: “Ese baúl fue el puente entre la tragedia y la creación. No vinieron con la idea de seguir haciendo teatro, pero el teatro vino por ellos. El público no los olvidó”.

 

Una vida en el teatro

Al principio, los Sánchez Astol intentaron llevar una vida común, fuera de los reflectores. Pero los viejos espectadores que los habían visto en sus carpas los buscaron, entre ellos Isidro Ibarra Petris, quien dirigía un grupo de teatro experimental y acudió a pedirle consejo a doña Socorro, literalmente sacándola de la cocina.

Así nació un nuevo capítulo en su vida: la formación de generaciones de actores y actrices que hoy son referentes del teatro sinaloense.

En 1951, con apoyo de la Biblioteca Abelardo Medina, fundaron el Teatro Experimental Sinaloense (TES), con sede en la planta alta del edificio.

Allí se gestó un semillero creativo del que emergieron figuras como Ramón Almeida, Martha Salazar, Keity Sánchez, Jorge Macías, Antonio García, Marcia Guerrero y muchos más.

Sergio López Sánchez, otro de sus discípulos más cercanos, recordaría años después: “Doña Socorro nos enseñó que el teatro era un acto de vida. Nos formó con rigor, con pasión, y con ese amor que ella derramaba sobre cada montaje, cada ensayo, cada función. Nos hizo artistas, pero sobre todo, nos hizo mejores personas”.

Con el TES, montaron obras que alcanzaron reconocimiento nacional; en 1958, presentaron La mujer no hace milagros, de Rodolfo Usigli, en Monterrey.

Antes, habían obtenido el segundo lugar nacional con En silencio, de Conchita Sada, en un certamen organizado por el INBA. Esta etapa consolidó a Socorro Astol como una figura imprescindible del teatro mexicano, aunque su nombre no circulaba en las grandes capitales: su escenario era Sinaloa, y su vocación estaba en la trinchera del trabajo diario.

 

UNA SALA DE TEATRO. El homenaje de piedra para la actriz. Foto: SIC.

 

A partir de 1972, junto a su esposo, dirigió el Teatro Universitario Sinaloense (TUS), bajo el cobijo de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Montaron más de 20 obras.

Como escenógrafos estuvieron figuras como Pedro Carreón y Miguel Tamayo Espinosa de los Monteros y los actores Rosendo Aquiles, Alicia Zazueta, Rosa Amelia Cárdenas y los entonces jóvenes Óscar Liera, Héctor López Gamés Torek y Agustín Pinedo.

El propio Liera, considerado uno de los grandes dramaturgos mexicanos del siglo XX, confesó que su vocación teatral nació después de ver El árbol del deseo, de Hugo Salcedo, montada por Socorro Astol en la concha acústica del Parque Constitución.

En 1982, un año antes de su fallecimiento, la Cuarta Muestra Estatal de Teatro llevó su nombre y le rindió un emotivo homenaje. Ahí Óscar Liera pronunció un discurso en el que la llamó: primera dama del teatro en Sinaloa.

Astol falleció el 5 de septiembre de 1983 en Guadalajara, tras sufrir una embolia cerebral. Su voluntad fue más fuerte que la enfermedad: logró regresar a Sinaloa, donde un teatro lleva su nombre.

Artículo publicado el 19 de octubre de 2025 en el suplemento cultural Barco de Papel.

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