Lo cierto e irrebatible cuando se habla de obesidad, es la diferencia entre el peso ideal y el peso real, en resumen, hay dos condiciones evidentes cuando la obesidad se apodera de la persona, la deformidad corporal a expensas del tejido graso, y las alteraciones funcionales de los órganos y estructuras corporales.
Al margen de tantas teorías que invocan la causa de la obesidad, son dos las variables involucradas: el metabolismo y la cantidad de alimentos que entran por la boca. La pregunta obligada cuando se habla de estas dos variables es ¿por qué mi hijo, mi amigo, u otra persona que ingiere la misma cantidad y los mismos alimentos, está en un peso ideal, y yo tengo obesidad? Si es el caso, la respuesta está en el metabolismo.
Mientras unas personas comen que es un contento y no aumentan de peso, otras se restringen lo más que pueden y siempre están luchando con lo que refleja la báscula, el metabolismo es la capacidad para transformar el alimento en energía y el exceso, guardarlo o depositarlo como tejido graso, primero en el hígado y después en todo el cuerpo, principalmente en la región abdominal.
De lo anterior se desprende la idea lógica que no toda obesidad obedece a la cantidad de alimento ingerido, más bien, es la mezcla de la cantidad y la función metabólica personal. Lo difícil aparece cuando los exámenes del funcionamiento metabólico específicamente del perfil hormonal tiroideo, indica resultados dentro de parámetros normales. En estos casos, que representan poco más del 90 por ciento, es cuando cobra más importancia la cantidad de alimentos ingeridos, y la densidad alimenticia.
Un cuerpo que no recibe proteína, grasa, carbohidratos, vitaminas y minerales, es un cuerpo que terminará desnutrido —aunque también hay obesos desnutridos, pero ese es otro tema—. La clave está entonces en la cantidad y el tipo de alimento, principalmente la cantidad, de esto se desprende otra de las teorías que se invocan en el tratamiento clínico de la obesidad: la cantidad.
Esos movimientos compulsivos, esa concentración obsesiva y esa incapacidad para dejar los cubiertos o simplemente cerrar la boca y dedicarse a otra actividad, es una de las teorías para tratar la obesidad, es un abordaje desde la conducta, desde los reflejos dirían los fisiólogos en tanto muchas personas actúan más por reflejo que por conciencia, el reflejo no se puede controlar, la conciencia de él es lo único que puede detenerlo después que se presenta.
Esto quiere decir, que darse cuenta del reflejo es lo único que puede detenerlo, no es lo mismo un reflejo de alimentación que dura 5 minutos a un reflejo de nutrición que dura 20 minutos, o bien, un reflejo que intenta consumir la mayor cantidad de alimentos en el menor tiempo posible, esto nos remite a la evolución de la especie, a la sobrevivencia alimentaria. Esta teoría está tomando fuerza en función de sus resultados.
Artículo publicado el 28 de septiembre de 2025 en la edición 92 del suplemento Gula






