Los Favela López, silenciosos empresarios del ramo farmacéutico en Sinaloa, son la nueva familia que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos descubre y revela como vinculados al Cártel de Sinaloa, en este caso en particular como proveedores de los precursores para drogas sintéticas —fentanilo y metanfetaminas— para los Guzmán Salazar y Guzmán López.
Así como los Favela López, han aparecido muchos otros apellidos sinaloenses en los últimos treinta años desde que existe la famosa lista de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros), acusándolos de operaciones financieras, de proveeduría o de inversiones con el crimen organizado.
En la gran mayoría de esos casos se trata de personajes casi desconocidos en su tierra natal. Son perfiles ocultos, casi sin vida pública, a pesar de encabezar conglomerados empresariales millonarios. Hay ejemplos justo al revés, donde los señalados son personajes públicos: artistas, empresarios, deportistas o políticos.
Esos Ciudadanos Especialmente Designados (SDN, en inglés) o bloqueados, se convierten de la noche a la mañana en rostros visibles y sus datos personales se vuelven públicos, porque aparecen fotografías de ellos y las direcciones de los negocios o empresas que el gobierno estadounidense incluye en la lista.
Sin embargo, eso no quiere decir que sea vinculante con una investigación en su propio país, no; implica un aviso a los ciudadanos y empresas americanas para que no hagan negocios con ellos; también implica que sus bienes en territorio estadounidense, o con socios de ese país, serán bloqueados o deben ser reportados al Departamento del Tesoro.
Si los Favela López no dicen nada en México, sus empresas tampoco destacan en su ramo en las ciudades de Sinaloa. Esto quiere decir que Sumilab, StoreLab, Quilab, Favelab, Favela Pro, y el resto de sociedades anónimas que integran el entramado empresarial, eran casi invisibles… casi.
Eso porque ahora es posible rastrear que esas mismas empresas también fueron proveedoras de entidades públicas como gobiernos estatales de México, universidades o dependencias federales. Que de ningún modo estaban obligadas a saber o podían saber que las agencias estadounidenses las tenían en la mira y eran vigiladas por sus vínculos con el narco. Los negocios lícitos e ilícitos están siempre juntos, de otro modo no tendrían la necesidad de convertirse en Sociedades Anónimas, registrarse, pagar impuestos y todo lo que implica el lado legal.
Margen de error
(SumiLab) Un año antes del secuestro y traslado de Ismael el Mayo Zambada a Estados Unidos, la OFAC incluyó en su lista negra —en mayo de 2023— a SumiLab, pero sin mencionar a los hermanos Favela López ni al resto de las empresas de su red. Esa vez fueron refaccionarias, inmobiliarias y una farmacia las implicadas, con otros apellidos a la cabeza: Zamudio Lerma, Flores Madrid, Machado Torres.
Desde aquel mayo de 2023, se detectó que esa empresa bloqueada para los americanos y señalada como proveedora de los Chapitos (SumiLab), más las otras señaladas en aquel momento, le vendían también a entidades públicas de Sinaloa. Se documentaron más de 14 millones de pesos, entre equipos de laboratorio y reactivos químicos, vendidos a hospitales y otras instituciones del gobierno de Sinaloa entre 2018 y 2022.
Dos años después, ya en 2025, el organigrama de los Chapitos sigue creciendo, y así se revelan otras redes empresariales mexicanas que las agencias estadounidenses vinculan con ellos. Y de nuevo, a pesar de haber sido boletinadas por la OFAC y bloqueadas por Estados Unidos, no implica que dejaran de ser proveedores de instituciones públicas en México.
Primera cita
(Lecheras) Los Favela López de esta vez, como los Zamudio Lerma, o los Avendaño Ojeda del pasado, se han convertido con los años en una lista casi interminable, en un juego del gato y el ratón donde no siempre se sabe quién persigue a quién. Más tarda el Departamento del Tesoro en boletinar y quemar nombres, marcas y empresas, que los cárteles de la droga en buscar otros nombres, otras marcas y otras empresas. El juego se vuelve aburrido e infinito.
Así, alguna vez llegaron a la lista los Zambada Niebla (María Teresa, Miriam, Mónica) y su entonces famosa Nueva Industria de Ganaderos de Culiacán, SA de CV. Y aunque siguen en ella de poco o nada sirve, porque en México es como si esa lista fuera solo el juego de la guerra de los americanos.
A veces la lista de la OFAC toma tintes de comedia. Incluyen a la minúscula tienda Nieves y Paletas EVI, al abandonado Parque Acuático Los Cascabeles, o las boutiques Patraca de Culiacán. Todas están ahí como reliquias de la guerra contra las drogas y el lavado de dinero, como las ruinas que son en este lado del mundo. Ya ni existen, los apellidos de sus fundadores se esfumaron, pero siguen en la lista.
Mirilla
(Cerco) Cada nuevo grupo de empresas y nuevos empresarios que son ventilados por las agencias de investigación americanas se interpreta como que el cerco se va cerrando contra la organización criminal en México.
Así han sido en este medio siglo del juego del gato y el ratón. Desde los añejos y extintos Félix Gallardo, Caro, Chapo y Mayo… hasta la segunda generación que ahora se bate a sangre y plomo en Culiacán, mientras se propagan farmacias y laboratorios para traer los precursores para drogas que se niega que sean transformadas aquí (PUNTO)
Artículo publicado el 12 de octubre de 2025 en la edición 1185 del semanario Ríodoce.







