Las lluvias del 26 de septiembre en la capital sinaloense dejaron la muerte de menor, zonas inundadas, daños en viviendas y pérdidas totales en hogares
Las lluvias del viernes 26 de septiembre en Culiacán, que dejaron más de 54 milímetros de agua, en apenas una hora, provocaron la muerte de un niño de 9 años, inundaciones, vehículos varados y daños en viviendas. Entre las zonas más afectadas se encuentra la colonia Adolfo López Mateos, donde vecinos reportaron pérdidas de muebles y severas afectaciones en sus hogares.
La familia Gaspar Jiménez enciende el refrigerador, que ya no tiene puerta y del que solo tiene el congelador, para comprobar si todavía sirve. Fue uno de los pocos electrodomésticos que lograron rescatar de la lluvia.
Su casa, ubicada a un costado del canal de la colonia, sufrió los estragos del desbordamiento. La corriente arrasó con bases de cama, colchones y otros muebles que terminaron obstruyendo el canal a la altura del puente, entre la calle Rafael Oceguera y Amado Estrada, y provocaron que el nivel del agua subiera aún más.
La inundación fue tal que un vecino tuvo que amarrar un mecate desde un barandal hasta una camioneta de redilas para sacar a la familia de la vivienda en medio de la creciente.
“No había mucha gente ese día, pero sí éramos como seis o siete (familiares). A mi nana, como pudimos, la sacamos. Aquí había una tabla atravesada, la quitamos como se pudo y se la llevaron para allá, y también a los niños”, relata Elvis, cuyo cuarto, ubicado a un costado del arroyo, quedó prácticamente destruido.
Para la tarde del miércoles, la familia seguía limpiando el lodo y los daños que dejó la inundación: colchones empapados, ropa enlodada y un mueble expuesto al sol esperaban secarse para ver si todavía podían usarse. Pernoctaron en una casa prestada por un vecino y solo acuden a revisar lo que aún se puede salvar. No tienen dónde dormir, pues sus colchones siguen húmedos; el Ayuntamiento de Culiacán y la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Social (SEBIDES) les entregaron despensas y un catre.
Elvis recuerda que, con lluvias menores, la casa también se inundaba, aunque solo hasta los tobillos, lo que les permitía continuar con sus quehaceres. Incluso, a petición de los vecinos, el Ayuntamiento levantó una pequeña barda de unos 30 centímetros a un costado del canal para evitar la entrada de agua y basura; sin embargo, esa protección resultó insuficiente ante la tormenta del viernes.
“Hace mucho que no pasaba algo así y, de un momento a otro, todo se desbordó. Con las lluvias pequeñas el agua entraba, pero uno podía caminar, no se desarmaba nada. Ese día, en cambio, todo se desató, empezó el desorden y la calle entera quedó bajo el agua”, relata y señala la pared de madera un poco más arriba de la mitad de su abdomen.
María de Jesús, adulta mayor y vecina de la calle Rafael Báez Márquez, en la misma colonia, se encuentra sentada afuera de su casa junto a un colchón húmedo y raído. Esperó a que la góndola, recogiera la basura que dejó la lluvia, se la llevara, pero no lo hizo. La inundación del viernes le dejó dos colchones húmedos, una mesa pandeada, una escalera rota y una lavadora que está a la espera de que funcione.
Ese viernes, mientras calentaba café y pan, la lluvia arreció de golpe y salir por el frente de su hogar resultó imposible. A un costado de su casa pasa el canal de la colonia, y solo una pequeña barrera de piedra protege que el agua se meta al frente, pero de nada le sirvió, la fuerza de la corriente rebasaba hasta los propios barandales amarillos precautorios del puente.
Se encaminó a tomar la escalera y resguardarse en el techo de su casa. Apenas tocó uno de los peldaños, este se rompió, y vecinos se depusieron a ayudarla, la sujetaron de los brazos y la arrastraron hacia el techo. Permaneció resguardada en la casa del vecino hasta que la fuerza del agua bajó y, con ayuda, logró regresar a su hogar.
“Yo gritaba y gritaba y se devolvieron, se brincaron la barda y se metieron para sacarme… la muchacha esa de ahí, el niño chiquito que tiene, uno que va a la escuela, no me quiero morir, gritaba, el niño… porque la casa tenía toda el agua adentro”.
El miércoles, las autoridades de gobierno le entregaron a María de Jesús una despensa, una colchoneta, jabón, trapeador, escoba y un jalador. “Nos dieron dinero y con eso compramos un colchón para la cama, porque dormir en lo mojado no sirve”.
El mismo viernes 26, mientras ellos luchaban contra el agua, en la colonia Infonavit Cañadas, un niño de 9 años murió ahogado luego de resbalar cuando jugaba en la banqueta y ser arrastrado por un arroyo.
Factores agravan inundaciones
De acuerdo con Yazmín Paola Íñiguez Ayón, profesora e investigadora de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), las inundaciones en Culiacán son provocadas por el crecimiento exponencial de la ciudad y la falta de planeación de un Sistema Integral de Drenaje Pluvial.
Explicó que los arroyos funcionan como un drenaje natural, pero algunos de ellos fueron tapados, encausados o cubiertos con concreto sin estudios que definieran su cauce adecuado. Toda el agua busca su salida, termina concentrándose en zonas bajas y utiliza las calles como su cauce.
“Al tener la ciudad tapizada de conceptos de infraestructura gris, lo único que hemos hecho es que esa agua de lluvia que en algún momento se infiltró, hoy ya no se está infiltrando, y entonces se han vuelto los ríos de la ciudad”, comentó.
Otro de los factores que agravan las inundaciones es la costumbre de arrojar basura a los arroyos. La investigadora explicó que, aunque el Ayuntamiento realiza labores de limpieza cada año para evitar obstrucciones, la acumulación de desechos termina bloqueando el cauce natural y eleva el riesgo de desbordamientos, sobre todo durante lluvias intensas cuando la corriente arrastra todo a su paso.

Artículo publicado el 5 de octubre de 2025 en la edición 1184 del semanario Ríodoce.







