En el libro, la autora, ofrece un viaje al corazón del relato breve, en el que aborda temáticas como el amor, deseo y el erotismo
Dina Grijalva escribió: Las cien y una minificciones, una obra que representa mucho más que la suma de sus partes. Es una celebración de un género que ha marcado su vida creativa y académica.
Con este, su octavo libro de minificción, Grijalva reafirma su apuesta por un formato literario que, aunque breve, demanda una intensidad y un rigor poco comunes.
El volumen está conformado por 101 textos, cuidadosamente seleccionados y ordenados. La mitad de estos provienen de libros anteriores y la otra mitad son inéditos.
Los temas son los mismos que han ocupado gran parte de su obra: el amor, el deseo, la ironía, el juego con el lenguaje. También las redes sociales, Culiacán y otras ciudades como Buenos Aires, Salamanca, la ciudad de su infancia. Hay juegos de palabras, ironía, humor.
Son textos que, a pesar de su brevedad, logran una densidad poética y reflexiva notable. La minificción, para Dina Grijalva, es mucho más que un género: es una manera de ver el mundo.
La minificción como pasión y vocación
Desde hace más de 15 años, Grijalva se ha dedicado no solo a escribir minificciones, sino también a estudiarlas, difundirlas y enseñarlas.
Durante su estancia posdoctoral en España, profundizó en el análisis del género y desde entonces ha organizado y participado en numerosas actividades académicas y culturales para promoverlo. Entre sus contribuciones más importantes se encuentra la elaboración de antologías de minificción erótica, en México como en Chile, donde logró reunir voces para explorar el deseo desde lo breve.
“Es un género muy vivo, muy literario, y profundamente contagioso. Es ideal para fomentar la lectura y la escritura, porque es accesible, lúdico, pero también muy exigente”, apuntó.
Su experiencia como docente, primero en la UAS y luego en talleres literarios, la ha llevado a comprobar que la minificción es una puerta privilegiada hacia la lectura y la escritura.
“Muchas veces, estos textos logran lo que otros géneros no consiguen: provocar la escritura. Despiertan algo”, dijo.
“Este género no ha alcanzado aún el reconocimiento editorial y académico que merece. Las grandes editoriales siguen apostando por la novela como forma dominante, y en muchas ocasiones, los textos breves quedan relegados”.
Dina Grijalva lo sabe, pero eso no ha sido obstáculo para seguir escribiendo, publicando, enseñando y creyendo en el poder de lo breve.
“Lo escribo por placer. Me apasiona. Y aunque parezca simple, requiere de un trabajo cuidadoso, milimétrico. Cada palabra debe ser la palabra necesaria. No puede sobrar ni faltar ninguna. Es una labor artesanal”, explicó.
“La brevedad no es sinónimo de ligereza. La minificción puede ser intensa, filosófica, subversiva, o simplemente hermosa, pero siempre precisa”.
El arte de lo breve
Las cien y una minificciones, comentó, es también una invitación a leer, a escribir, a dejarse llevar por la sorpresa que puede provocar una historia de apenas unas líneas.
“Es el género del tercer milenio. Desde hace más de una década, este formato ha ido ganando espacio en programas universitarios, congresos y talleres”, consideró.
“En la UNAM, por ejemplo, su incorporación ha sido gradual pero sostenida y cada vez son más las voces que la estudian con rigor y pasión”.
La escritora comentó que seguir compartiendo su escritura significa seguir creyendo en el poder de las palabras.

MINIFICCIONES. Un género muy vivo, muy literario, y profundamente contagioso.
Artículo publicado el 14 de septiembre de 2025 en la edición 1181 del semanario Ríodoce.






