¿Por qué García Harfuch se reúne con empresarios?

¿Por qué García Harfuch se reúne con empresarios?

Nunca he entendido porqué el secretario de seguridad de la federación, Omar García Harfuch, tiene que reunirse con empresarios de Sinaloa para tratar con ellos el tema de la narcoguerra. Es una autoridad civil, pero viene siempre al frente del gabinete de seguridad, conformado por generales y almirantes. Reunirse con representantes de medios de comunicación todavía puede explicarse por la necesidad de entender hacia dónde van las estrategias del gobierno federal para apaciguar la guerra, pero ¿con los empresarios…? Y si son los grandes empresarios, no los pequeños ni los microempresarios, se entiende menos. Estos últimos son los que más han sufrido los estragos de la guerra entre mayos y chapos, pero los dejan fuera de su conversación. Para la élite política-empresarial —ciertos niveles de gobierno también son una elite, el gobernador pertenece a esa elite—, no importan o son un estorbo, garbanzos en el zapato, por eso mejor los excluyen.

En todo caso, las conversaciones del gobierno federal con los empresarios sinaloenses de todos los niveles, principalmente culichis, debieran encabezarlas los secretarios de Economía, de Turismo, de Agricultura, de Comunicaciones, de Hacienda… No hay nada que los empresarios le puedan decir al secretario de Seguridad que este no sepa. ¿Proteger las cosechas? ¿Combatir la extorsión? ¿Qué siga la presencia militar en las calles? ¿Qué más? ¿Qué el gabinete de seguridad les informó de los avances de su estrategia? ¿detenidos, decomisos de drogas y armas, vehículos recuperados? ¿Y solo esa elite tenía derecho a saberlo?

Como diálogo está bien porque denota sensibilidad del gobierno en momentos tan aciagos para Sinaloa, pero no es más que eso porque no hay, no se ha visto un beneficio concreto derivado de estas reuniones. Y en todo caso puede ser más el interés político de la federación por apoyar al gobernador Rubén Rocha –muy legítimo, por cierto–, debido al desgaste que ha tenido a partir de que empezó la guerra, hace ya 370 días con sus noches. (Y yo creo que los empresarios pidieron no ser fotografiados con el gabinete de seguridad —no los vayan a acusar luego de que están pidiendo el fin del Cártel de Sinaloa—, porque en el boletín oficial del gobierno estatal enviaron una foto de cuando fue la reunión con los representantes de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y televisión).

En Sinaloa hace falta un verdadero diálogo por la paz y la recuperación de la vida cotidiana, del empleo, del ingreso, de la economía, pero el gobierno estatal no se ha prestado a él. Ha buscado a algunos líderes sociales y representantes del algún sector, pero más con el fin de acallarlos de algún modo que para construir una ruta de salida de una crisis solo comparable a la pandemia del Covid-19.

Hay diálogos, sí, pero de pingüinos, unos por el lado del gobierno –que incluye a esos empresarios de elite– y otros por quienes han asumido una posición contestaria ante el desastre. No existe un verdadero diálogo en un grupo, del tamaño que sea, si todos piensan lo mismo. Las posturas necesitan civilizadamente confrontarse y aquí es el gobierno quien debe arrojar la primera piedra. Cerrarse ante la discrepancia es alimentar el encono y obstruir la posibilidad de una salida que beneficie a todos.

La violencia no va a parar en el corto plazo y no es posible saber hasta dónde llegará esta guerra. Enfrentarla es tarea del gobierno combatiendo a los grupos en pugna. Pero ese es solo uno de los frentes en el que la autoridad tiene que seguirse batiendo; otro está en la economía, apuntalándola para que no se siga derrumbando y para eso es urgente diseñar esquemas de apoyo a las micro y pequeñas empresas, las más afectadas en medio del conflicto. Procurar y hacer justicia y abatir los niveles de impunidad es otra tarea impostergable sobre todo porque arrastramos niveles inaceptables de impunidad. Y, por supuesto, recuperar los espacios que la sociedad ha venido perdiendo a causa de esta guerra.

Bola y cadena

A PESAR DE SU URGENCIA, parece que nadie busca el diálogo; por un lado se excluye a quienes encabezan un movimiento social que reclama paz y justicia y por el otro estos van y se resguardan en personajes infumables como la panista senadora Téllez. Es como si, buscando conductos en Morena, se hubieran guarecido en el imperial manto del senador Noroña. O en el de Adán Augusto López con todo y su “Barredora” –y no es banda musical. Mejor se hubieran quedado aquí. Se defienden alegando que lo que buscaban era visibilidad, pero si algo le sobra a Sinaloa desde hace un año, es justamente eso.

Sentido contrario

LOS SENADORES MORENISTAS, aspirantes a la gubernatura, han optado por informar a la “sociedad” de sus “aciertos” legislativos en formatos muy cómodos, sin prensa, con narrativas controladas por ellos a través de sus plataformas digitales y públicos a modo, siempre parte de las bases sociales de Morena. No hay que responder preguntas incómodas de los reporteros ni enfrentar reclamos ni rechiflas. Cuando más se ocupan explicaciones y compromisos, se esconden en su “pueblo”. No hay espacio, ahora, para el boato y la celebración.

Humo negro

Y JUSTO POR ELLO CONVOCAR a la celebración de la Independencia en medio de la crisis de violencia que vivimos es una apuesta muy riesgosa del gobernador Rocha. No es que el gobierno tenga que paralizarse, pero exponer a la gente a un arrebato criminal es, por decir lo menos, temerario. Ojalá que todo salga bien, aunque para celebrar la independencia de España, venga y nos cante un español.

Artículo publicado el 14 de septiembre de 2025 en la edición 1181 del semanario Ríodoce.

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