Una pregunta frecuente de los periodistas y documentalistas que vienen a Sinaloa a investigar el curso de la narcoguerra que va para dos años, es si el gobierno federal ha tomado partido, si ha cargado los dados hacia uno u otro grupo. No es fácil determinarlo; se puede especular al respecto, pero no habría elementos como para demostrar con certeza que así es porque, entre otras cosas, las dinámicas al interior de las fuerzas armadas son muy complejas. Un general de la Novena Zona Militar, por ejemplo, puede tener acuerdos con un bando mientras que el jefe del destacamento de Guamúchil, o el del 89 Batallón de Infantería, ubicado en Ahome, pueden hacer lo mismo con otro. Y esto puede decirse de la Marina, del Ejército, de la Guardia Nacional y hasta de los Harfuchs. No solo en Sinaloa, sino en todo el país. Seguramente en Tamaulipas, los acuerdos de los jefes castrenses y policiacos son con los grupos que operan allá. Y en Guerrero, Michoacán y Jalisco, igual…
Los narcos sinaloenses hicieron escuela en comprar autoridades desde hace décadas y cuando no lograban hacerlo, como ocurrió con el general Ricardo Eugenio Hidalgo Eddy —muerto de muerte natural en marzo del 2022—, jefe de la Novena Zona durante el gobierno de Vicente Fox y luego con Felipe Calderón, hacían todo para expulsarlo, como efectivamente lo hicieron, sin haber logrado su obsesivo propósito de atrapar al Chapo Guzmán.
El estallido de la guerra al interior del Cártel de Sinaloa, hace casi dos años, metió en un problema a los mandos castrenses hasta por esa razón. Los mismos capos tuvieron que tomar partido. El Chapo Isidro optó por aliarse con los mayos y extendió su zona de control hasta las inmediaciones de Culiacán con el apoyo de algunas traiciones dentro del clan de los Chapitos. Los Avendaño, aliados de los Guzmán, cambiaron de carril y se fueron con el Mayito Flaco. Así que los acuerdos entre capos y gobierno tuvieron que hacerse sobre el terreno. Detenciones importantes que terminaron en un arreglo económico, por ejemplo. Se habla de Alfredo Beltrán Guzmán, el Mochomito, en la zona de Mojolo al inicio de la guerra y hasta de René Bastidas por el lado de San Ignacio. Disponer hombres y armas en favor de un grupo lo vimos claramente bajo el gobierno de Calderón durante la primera guerra que estalló en el cártel, los Beltrán contra Mayos-Chapos-Cázares-Fernández, iniciada en 2008. ¿Fue una disposición presidencial cargar los dados? Hasta ahora solo sabemos que estaba en el ajo Genaro García Luna y el expresidente AMLO diría que Calderón también “porque un presidente lo sabe todo”.
Ahora volvamos a la pregunta inicial. ¿El gobierno federal ha tomado partido en la guerra? Es muy probable que sí porque al gobierno no le conviene una guerra prolongada. Es muy desgastante para la economía, las inversiones, socialmente y ahora hasta en la política, ya lo estamos viendo con los diez acusados por el gobierno gringo de estar coludidos con los Chapitos.
Terminar la guerra significa abatir la presencia —no su desaparición porque eso es de otra dimensión— de uno de los grupos en Sinaloa… y el grupo más débil ahora son los Chapitos. Ellos son los que han sufrido más golpes del gobierno y de los Mayos. Y una solución pragmática para el gobierno sería inclinar la balanza para ponerle fin al conflicto.
No es lo que quiere la sociedad, esto ya ha sido evaluado por estudios muy serios. Lo que la gente quiere es una paz verdadera, no la pax narca, esa paz derivada de acuerdos entre los grupos del crimen pero que se rompe con la facilidad de una cuerda. La gente quiere una tranquilidad duradera basada en la seguridad que brinda un Estado fuerte, libre de acuerdos con ellos, libre de narcopolíticos, de narcoalcaldes, narcogobernadores, narcodiputados, narcosenadores. Libre de corrupción.
Bola y cadena
DURANTE LAS ÚLTIMAS SEMANAS se ha incrementado la violencia en Mazatlán. Esto tiene su lógica. Hace poco las refriegas entre los grupos y los operativos del gobierno se concentraron en el sur, Rosario y Escuinapa, dos bastiones de los Chapitos que es el grupo que ha sufrido más pérdidas, entre abatidos y detenidos. Los Mayos van por esas plazas y la joya de la corona para ellos sería Mazatlán, donde están incidiendo con el apoyo de los hermanos Cabrera, que tienen su base en Durango y siempre han sido Mayos. Así que puede pensarse que Mazatlán es la plaza donde se van a concentrar los hechos violentos. Y es un cálculo que ya hizo el gobierno, por eso el envío de cientos de soldados.
Sentido contrario
POR ESTO MISMO HAY QUE PONER atención a cómo se mueven las cosas en la parte política, si los pretensos y pretensas están o no ligados de alguna manera a los grupos en pugna. Ya sabemos que, para los narcos, ahora es importantísimo influir en las campañas para capturar ayuntamientos. Por eso hay que estar atentos quién se mueve y con el apoyo de quiénes. Y no hay que esperar a las campañas, sino desde ahora. Los narcopolíticos no duermen.
Humo negro
SE SUPONE QUE MORENA estaría poniendo más atención en este tema después de lo que ha ocurrido con el gobernador Rubén Rocha y el desgaste que le ha producido a la llamada cuarta transformación. La presión de los gringos no se detendrá y es posible que se incremente. Y aunque no fuera así, tiene la obligación de dar un manotazo y mandar otras señales al país. La decisión está en la presidenta. No en “La Chingada”, en la presidenta.
Artículo publicado el 27 de julio de 2026 en la edición 1226 del semanario Ríodoce.







