Esta es una muestra más de que la industria de la chatarra atraviesa una larga campaña —muy falta de ideas— de innovación en su catálogo. Toman un producto sólido en el mercado y lo reformulan un poco, aprovechan la marca, el diseño y listo: producto nuevo.
Mazapán relleno de cajeta, Ruffles mix (es decir, tres tipos de rufles en una sola bolsa) o Choco Roles de cereza: ejemplos hay muchos. El punto es ampliar el catálogo, nunca mejorarlo. Es mercadotecnia, nada más. Poco se busca favorecer el aporte nutricional, que es quizás lo que más necesita el consumidor.
Hoy toca el caso de Bocadín Pastelito, un intento de “elevación” de la popular galleta rellena del mismo nombre, típica en la dulcería de bajo costo y una de las infaltables en las piñatas, tanto dentro de las mismas como en las bolsas que se reparten entre los asistentes, la mayoría de ellos, niños.
EMPAQUE
El empaque de Bocadín Pastelito presenta un diseño similar al de la galleta de la misma marca pero en vertical. La parte superior de la bolsa metalizada —aproximadamente un tercio— es de color amarillo. Dentro de éste se encuentra la versión del producto acompañando a la marca.
La parte inferior es de color verde y está ilustrada con una imagen del pastelito que deja ver el relleno. El empaque cuenta con la señalización de la Secretaría de Salud de “3 Sellos”, una abreviatura técnica de los sellos de excesos que se usa cuando los empaques son muy pequeños. Adelante lo explico.
INGREDIENTES
Este pastelito está elaborado con 27 ingredientes, una altísima cantidad, aunque nada sorprendente para los estándares de la industria mexicana de la chatarra.
El listado tiene como primer ingrediente —y el de mayor cantidad— un binomio de azúcares añadidos (azúcar, jarabe de glucosa), lo que nos dice por dónde va la cosa con este pastelito.
Por la naturaleza del producto, podemos ver además que tiene componentes de pan dulce como huevo, harina de trigo (gluten), glicerina, grasa y aceite vegetal, cocoa, crema de cacahuate, leche, almidón modificado, saborizante natural y artificial, vainillina y sal yodada.
Contiene además, un gran puñado de emulsionantes y conservantes como mono y diglicéridos, grenetina, maltodextrina, lecitina de soya, propionato sódico, ácido sórbico, goma xantana, enzimas, CMC sódica, ésteres de poliglicerol de ácidos grasos, monoestearato de sorbitán, polisorbato 60. El pastelito no contiene colorantes, algo atípico en la industria mexicana de la chatarra.
Aquí aplica perfectamente el dicho de que “nunca segundas partes fueron buenas”. Recrear el Bocadín a nivel de pastelito lo hizo un alimento —si se le puede llamar así— más calórico, más azucarado, y más grasoso.
El pastelito tiene 7 gramos de grasas de origen vegetal, 22 gramos de carbohidratos de pésimas fuentes, de los cuales 15 gramos corresponden a azúcares añadidos.
LOS TRES MISTERIOSOS SELLOS
¿Por qué no se muestran los sellos por separado, algo que ayudaría a darle más claridad al consumidor sobre lo que está por comprar?
La Norma Oficial Mexica NOM-051 aplica el recuento numérico cuando los envases cuya superficie principal de exhibición es menor a 40 centímetros cuadrados. Esto es que, en lugar de colocar cada octágono de advertencia (azúcares, calorías, sodio, grasas, etcétera), se puede optar por un solo sello que indique un número, por ejemplo “3 sellos”, “4 sellos”, según la cantidad de advertencias que aplique para cada producto.
Es por esta razón que dulces pequeños, chocolates y empaques de galletas que no superan el área establecida en la norma, no se ven obligados a especificar qué tipo de exceso se está por consumir, y solo muestran la leyenda de sellos numérica.
Es entendible que la norma aplique este tipo de técnicas para que ningún producto escape de los sellos, pero la información sobre los mismos podría verse un poco más completa sin ser invasiva del diseño de los productos.
Al no tener la información completa, hay que ir al listado de ingredientes o a la tabla nutricional y deducir por medios propios qué excesos son los que señala el empaque. Si en algún momento se encuentra en esta situación, le encargo un buen par de lentes.
Artículo publicado en la edición 90 del suplemento Gula.



