El artista plástico aspira a materializar el sueño de abrir un espacio en Los Mochis para exponer sus creaciones
En pleno centro de Los Mochis, entre bastidores, pinceles y papeles colgados de clavos oxidados, un hombre modela su propio destino. A sus casi 40 años de trayectoria artística, Ricardo Corral aspira a dejar un legado cultural para su tierra: un museo de la máscara.
No es una idea reciente. El proyecto tiene historia y cuerpo. Nació durante la pandemia, cuando la vida se detuvo y muchos artistas se refugiaron en sí mismos.
Volvió entonces a El laberinto de la soledad, ese ensayo de Octavio Paz que disecciona el alma del mexicano y coloca a la máscara como símbolo profundo de la identidad nacional.
“Paz decía que los mexicanos usamos la máscara para ocultarnos, para no mostrar quiénes somos. Esa frase me hizo clic. Ahí empecé a pensar que yo también las había visto desde niño, en las danzas yoremes, en los rituales. Siempre me intrigaron, pero nunca había pensado en su significado tan profundo”, recordó.
“El tema indígena yoreme siempre ha sido parte de mis temas pictóricos, fui investigando más durante el tiempo de la pandemia y pensé que podía hacer un museo con máscaras”.
Desde entonces, Corral desarrolló todo el proyecto arquitectónico y a través de sus redes sociales, ha buscado materializarlo, pero como muchos artistas independientes en México, conoce la precariedad.
Como forma de subsistencia vende pequeños cuadros en las calles, en tianguis, ferias o esquinas concurridas. No deja de insistir en que alguien pudiera apoyar su propuesta.
“El arte siempre ha sido mi forma de sobrevivir, y eso me dio fuerzas. Ahí confirmé que mi arte conectaba y conectaba porque tenía raíz y sigo insistiendo en este proyecto, que por lo pronto instalé en mi casa”, mencionó Corral.
Un museo nacido desde abajo
El Museo de la Máscara no es, para Corral, una aspiración institucional ni un proyecto de escaparate turístico. Es una necesidad cultural que ha crecido desde abajo, desde lo comunitario, desde lo personal.
“Vivo en una región donde se construyen máscaras, donde la tradición está viva. Los yoremes son grandes maestros. Tenemos todo para hacer algo único desde aquí”, afirmó el artista.
La idea es ambiciosa: un espacio dedicado no solo a exhibir máscaras mexicanas, sino también de otras culturas del mundo.
Contó que se incluiría una sala dedicada a las tradiciones yoremes, talleres de elaboración, encuentros académicos, exposiciones temporales, espacios para la enseñanza.
Corral planea establecer el museo en Juan José Ríos. Ha presentado la idea en espacios como el Congreso de Cronistas y está en vías de constituir una asociación civil para darle mayor estructura y poder buscar financiamiento.
“El apoyo institucional ha sido escaso. Aquí nadie se acerca, no te toman en serio. Hay muchas envidias, muchos se creen artistas… Por eso decidí que si no hay respaldo, lo haré como proyecto privado”, aseguró.
Corral empezó a construir su colección con este tema. Desarrolló su propia técnica de creación: máscaras hechas con cartón, papel y manta, rápidas de elaborar pero con una carga estética y simbólica poderosa. También talla miniaturas en hueso de aguacate.
Hoy, en su estudio, hay más de 50 máscaras, entre propias y adquiridas. Algunas son grandes, otras diminutas, unas figurativas, otras abstractas.
Las acompaña una galería de pinturas, muchas inspiradas en los rituales yoremes, y todas cuentan con su sello: una combinación de colores intensos, formas que dialogan entre la tradición y lo contemporáneo.
El artista plástico
A lo largo de su trayectoria, se ha identificado con la obra de Vladimir Cora y Francisco Toledo. No es un artista de escuela tradicional, aunque sí tiene formación.
Estudió fotografía en el Instituto Cultural Cabañas, en Guadalajara, y pasó una temporada en Estados Unidos pintando junto a artistas locales. De niño, recuerda, copiaba las ilustraciones del libro de texto gratuito de español. Ahí empezó a dibujar. Nunca dejó de hacerlo.
Actualmente, cursa una licenciatura en Gestión Cultural a distancia, ofrecida desde Oaxaca, lo que le ha permitido aprender técnicas de construcción alternativa y pensar en formas sustentables de levantar su museo.
“Me gustó mucho la visión de lo comunal. Creo que así debe construirse la cultura: no solo con dinero, sino con colaboración. Quien se quiera sumar, aquí estoy. Esto es para todos. Las máscaras nos pertenecen a todos. Son nuestro reflejo, nuestro silencio, nuestra verdad”, precisó.
“Yo sigo aquí. Nunca quise dejar el arte, aunque muchas veces estuve a punto. Siempre me sale algo que me regresa. Y ahora, con las máscaras, tengo claro que este es mi camino”.

RICARDO CORRAL. El arte como forma de sobrevivencia.
Artículo publicado el 17 de agosto de 2025 en la edición 1177 del semanario Ríodoce.







