Perdón por pensar distinto…: El nuevo pecado del ‘Chicharito’ Hernández

Perdón por pensar distinto…: El nuevo pecado del ‘Chicharito’ Hernández

Javier Chicharito Hernández está aprendiendo por las malas que en esta era de la corrección obligatoria, tener una opinión propia puede costarte caro.

No un partido. No un gol. No una convocatoria. Sino algo mucho más sagrado: tu derecho a expresarte.

En días recientes, el máximo goleador histórico de la Selección Mexicana (52 goles), fue objeto de una cacería mediática y política por atreverse a opinar sobre los roles de género desde una visión personal, espiritual, incluso, dirían algunos, tradicional.

Lo tacharon de machista, retrógrada, misógino, peligroso.

Y en tiempo récord llegaron los comunicados, las multas de la Federación Mexicana de Futbol, los regaños institucionales de las Chivas del Guadalajara e incluso la “aclaración” pública, cuidadosamente redactada para no volver a pisar un solo charco.

#PELIGROSO….¿Y todo por qué? Porque Javier Hernández compartió, en redes sociales personales, su opinión sobre cómo percibe la energía masculina y femenina, y el papel que hombres y mujeres podrían desempeñar en una relación de pareja.

Sí, se puede discutir. Sí, se puede rebatir. Lo que no se puede ni se debe hacer es perseguirlo como si hubiera cometido un delito de lesa humanidad.

En un país donde la violencia contra la mujer es una tragedia real, profunda y dolorosa, resulta un despropósito mezclar un discurso espiritual o filosófico con un acto de agresión.

Es grave, incluso irresponsable, usar el caso de Chicharito como bandera de lucha cuando hay miles de mujeres desaparecidas, abusadas y asesinadas. Lo que dijo podrá ser equivocado, arcaico o hasta ingenuo, pero no es un crimen.

¿O acaso el nuevo crimen en México es pensar diferente?

Hoy vivimos en un tiempo donde la diversidad de pensamiento se defiende siempre y cuando pienses igual que la más ruidosa de la turba.

Javier Hernández no insultó a nadie. No incitó al odio. No promovió la violencia. Dio su opinión.

Desde su trinchera, desde su visión. Eso es todo. Pero la reacción fue desproporcionada, punitiva y reveladora: lo que verdaderamente molesta no es lo que dijo, sino que se atreviera a decirlo.

Y aquí es donde el debate se vuelve más grande. Porque si hoy se sanciona a un futbolista por hablar desde su creencia, ¿qué sigue?

¿Multas a los periodistas que no se alineen con el discurso oficial? ¿Apercibimientos para cantantes, poetas, comediantes? ¿Le quitaremos el micrófono a quien no cite correctamente la línea política del momento?
La presidenta de la República intervino, con tono de regaño, para explicarle al jugador lo que las mujeres son capaces de hacer. Como si Javier lo hubiera negado. Como si defender un modelo de pareja basado en complementariedad fuera lo mismo que negar derechos o capacidades. Esa intervención, lejos de ser pedagógica, fue simbólica: el poder se arroga el derecho de corregir al individuo.

Y eso, en cualquier democracia, es una señal de alarma.

La libertad de expresión no está hecha para proteger discursos populares. Está hecha para proteger precisamente lo impopular, lo incómodo, lo que genera fricción.

Si el pensamiento de Chicharito nos parece anticuado, que se debata. Que se exponga. Que se contradiga con argumentos.

Pero no que se multe. No que se le exija retractarse como si se tratara de un hereje medieval frente al tribunal de la Inquisición.

No, no se trata de defender el machismo. Se trata de defender la libertad de pensar sin miedo.

Porque si hoy Javier Hernández no puede hablar sobre lo que cree sin recibir una sanción institucional, mañana cualquier ciudadano será censurado por cuestionar lo establecido.

Y que quede claro: los derechos de las mujeres no están en juego.

La equidad es un principio irrenunciable, pero tampoco lo son las libertades individuales.

La verdadera igualdad no se construye silenciando, sino escuchando, confrontando, convenciendo.

Si de verdad creemos en un país libre, entonces también debemos creer en la libertad de equivocarse, de aprender, de hablar desde donde uno está. Aunque no nos guste. Aunque no lo aplaudamos.

Hoy no está en juego el pensamiento de un futbolista.  Hoy está en juego el derecho de todos a pensar sin miedo.

Y ese derecho no se defiende a conveniencia. Se defiende siempre.

Porque si no, mañana, cuando digas algo que a alguien no le parezca… también te tocará a ti guardar silencio.

X: @purobeisbolfb

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