Brevísima crónica de la crónica

Brevísima crónica de la crónica

La crónica periodística y la literaria pueden verse como describe Olga Orozco al referirse a las dimensiones de su pampa natal. Desde una avioneta se ve a dos gauchos conversar a uno y a otro lado de una cerca. A simple vista ignoramos cuál de ellos está afuera y cuál dentro. La pampa es inmensa o son enormes los latifundios.

La crónica, más que el reportaje, permite ese diálogo entre dos campos y dos voces sin que podamos con rapidez definir su pertenencia, pero ambos, el periodismo y la literatura, cruzan sus alientos y sus sombras. Libros como Reportaje al pie de la horca, de Julius Fucik; Viaje alrededor de mi cráneo, de Frigyes Karinthy; Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez; Memorias de España, de Elena Garro; Notas de un anatomista, de Francisco González Crussi; o Diario de un joven médico, de Mikhail Bulgákov, por citar ejemplos, han dejado más honda huella en mi lectura como si se trataran de libros de ficción, aun cuando de antemano sabía que me contaban acontecimientos reales. Y es sobre todo por lo que afirmaba Edmundo Valadés, no está en el qué sino en el cómo, aun cuando la realidad cruda sea la materia de la persuasión.

Hoy en día se reconoce más la importancia de estos géneros y la calidad prosística de los periodistas que han dado representantes reconocidos por los literatos, no sólo por los testimonios que aportan a la historia, sino por la calidad misma de sus plumas: Oriana Fallaci, Ryszard Kapuscinski, y la más reciente reconocida por la Academia Sueca con el Nobel de Literatura, Svetlana Alexievich.

En los casos explícitos de Noticias de un secuestro o de Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez tiene dos propósitos distintos, uno es el de narrar un hecho real como si fuera literatura, y otro narrar un asunto literario como si fuese periodístico. Periodista de oficio al fin, García Márquez supo emplear a fondo todos sus recursos y en el secuestro nos lleva abiertamente a un fenómeno muy dramático que se vivía y se vive aún en Colombia, y que se reprodujo en otros países de la zona como México, Venezuela y Brasil. Allí está justamente lo literario, en el cómo y no en el qué; allí también lo periodístico, en el qué y el porqué.

La tradición literaria apegada a la historia tiene sus referentes nacionales, como el Alfonso Reyes de Chroniques Parisiennes, los Contemporáneos o como continúan ejerciéndolo dos académicos y poetas: Marco Antonio Campos y Vicente Quirarte, siguiendo los pasos de Clementina Díaz y Obando, para hablarnos de los cafés de la Ciudad de México. Sin duda, en ese sentido, Carlos Monsiváis representa un referente ineludible donde abrevan las plumas de autores actuales como Juan Villoro, quien hace acopio de todos los recursos para elaborar una crónica urbana y cultural de alta factura, y hacernos ver la historia que transcurre con sus enlaces al pasado. La historia local atravesada por todas las señales de este mundo, fuera de su envoltura de aislamiento, expuesta al ruido cultural del planeta.

Artículo publicado el 14 de julio de 2025 en la edición 14 del suplemento cultural Barco de Papel.

 

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