Se cumple un año de la caída del Mayo Zambada a una cárcel preventiva de los Estados Unidos. Todo este tiempo, con paciencia e inventiva, se han tejido tantas contradicciones alrededor de ello, que impiden descifrar las múltiples incógnitas que se van generando.
Con las consecuencias que ha tenido esa caída, casi resultaría irrelevante si aquel 25 de julio de 2024 el Mayo llegó volando a Nuevo México con un pacto previo o lo traicionaron para entregarlo –al final el hecho es que cayó. Sería casi irrelevante si no fuera porque este suceso fue, claramente, el que elevó exponencialmente la violencia en muchas ciudades y comunidades de Sinaloa. Desató una guerra entre dos facciones de lo que antes era una sola organización criminal.
Y entonces el comportamiento delictivo que llevaba una tendencia estable en Sinaloa, hace un año, explotó. Los asesinatos de menos de 100 fueron creciendo y creciendo hasta sumar más de 200. Con la misma proporción se han incrementado las desapariciones o el robo de autos.
La coyuntura temporal de la caída del Mayo no puede ser políticamente más precisa, según los escenarios de los dos países implicados que se encontraban entonces en la transición del poder: En México, apenas había pasado una caótica elección presidencial y López Obrador estaba en la cuenta regresiva y las largas despedidas para entregar el mando tersamente a Claudia Sheinbaum, con quien ya recorría el país dándole el espaldarazo en cada sitio. Mientras, en Estados Unidos, cada día era más claro que Donald Trump regresaría a la presidencia, ante un partido demócrata que pretendía hasta unos días antes de la caída del Mayo, postular a un decrépito Joe Biden.
La sospecha está sembrada desde el mismo día en que se desató todo. Las interrogantes van fortaleciendo esa sospecha. ¿Cómo es que el Mayo, que era inatrapable, que en casi medio siglo de delincuente nunca pisó la cárcel, cayó sin un solo disparo, detenido limpiamente y entregado en charola?
Hay la idea de que la única forma de detener a un capo importante de la mafia es enfrentándose a balazos, (como fue detenido otro personaje en esta historia, Ovidio Guzmán), entonces cae muerto o va a la cárcel. Pero si un delincuente muere en su propia cama de un paro cardiaco mientras dormía, surge la sospecha. Olvidamos que la muerte es impredecible.
Desde las primeras versiones e imágenes era claro que mucho de lo que se decía no encajaba. Zambada y Guzmán bajando de un avión llegando solitos a suelo americano para ser detenidos. De no creerse. Días después básicamente esa sería la versión oficial de Estados Unidos que ofreció su embajador en México, Ken Salazar: El hijo del Chapo se entregó y el Mayo fue llevado contra su voluntad.
Margen de error
(Cuen) Hace un año todo lo que ya estaba descompuesto acabó por torcerse más. Ese mismo 25 de julio de 2024 corrió la versión de que Héctor Cuen, recientemente candidato a diputado federal y cabeza de un movimiento político en Sinaloa, había sido herido de bala. Para cuando los medios llegaron al hospital para reportar el hecho, Cuen ya estaba muerto.
Ambos sucesos no podían estar desconectados, pero desde las versiones oficiales se intentó justamente eso.
Para entender la caída del Mayo, suena extraño pero así es, hay que recurrir a sus propios dichos. Las revelaciones sustantivas alrededor de su llegada a Estados Unidos han sido dichas por él mismo, lo ha hecho por escrito a través de sus abogados: Cuen fue baleado en el mismo sitio donde él fue capturado y llevado sin su consentimiento a suelo americano, diría.
Primera cita
(Historia) En periodismo se aprende que sucesos del calibre de la caída del Mayo Zambada, esos de los cuales se sigue hablando por mucho tiempo, nunca son sencillos de explicar y siempre están rodeados de versiones contrapunteadas. La mayoría de las veces porque los intereses de todo tipo impiden llegar a una versión oficial, o histórica, como la quisieron llamar en el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Otras veces, porque esparcir distintas versiones de un mismo suceso ayuda precisamente a ocultar lo que realmente pasó.
En el periodismo también hay que entender que no se escribe la historia, cualquiera que lo diga es pretencioso. A lo más que se puede aspirar es a observar y escuchar (y volver a observar y volver a escuchar cuantas veces sea posible) y entonces tratar de ordenar un relato con las muchas historias que componen el suceso, las relaciones y los vínculos que hay entre esas muchas historias para llegar a entender algo nuevo.
Mirilla
(Año) La línea del tiempo de la caída del Mayo sigue extendiéndose. Un año después no hay nada resuelto, prevalecen las mismas incógnitas y se abren muchas más contradicciones. La guerra en Sinaloa se prolonga, Mayitos y Chapitos no se dan tregua. Aquí las balas y la sangre, allá en Estados Unidos los arreglos.
La caída del Mayo abrió una grieta en las relaciones de Estados Unidos y México, pero más importante todavía abrió un nuevo capítulo del papel real de México en el combate al narco y el envío de drogas a los Estados Unidos. El alto costo que paga nuestro país en violencia termina convirtiéndose en un pacto en quien ahora se encarga de juzgar –entre comillas- a los capos de este lado de la frontera.
La nueva brecha de incógnitas que abre la caída del Mayo es enorme. Pero de nuevo serán los americanos quienes se encarguen de administrar a su antojo sus dichos o sus silencios (PUNTO).
Artículo publicado el 20 de julio de 2025 en la edición 1173 del semanario Ríodoce.






