Fue un día enrevesado para ambos. La presidenta Claudia Sheinbaum metida en una discusión sin sentido con un interlocutor que no tiene nada que perder, y el gobernador, Rubén Rocha Moya, en uno de sus peores días desde que asumió el poder según lo advertían su rostro y su cuerpo. ¿Qué pasó adentro del hospital pediátrico antes de salir la presidenta a dar una rueda de prensa que no estaba en la agenda?, ¿qué le dijo o le reclamó al gobernador?, ¿qué le advirtió o le pidió? Las conjeturas caían en cascada porque Ovidio Guzmán López se acababa de declarar culpable en una corte de Chicago y se dijo dispuesto a colaborar con el gobierno norteamericano en su lucha contra el narcotráfico.
No se conocía todavía públicamente el contenido del acuerdo que firmaron él y su abogado, Jeffrey Lichtman, pero es posible que los hombres de la presidenta sí tuvieran en sus manos el documento, donde Ovidio acepta todos los cargos y en la narrativa plasmada y firmada también por los fiscales del caso, afirma que para llevar a cabo sus actividades criminales estuvieron él y sus tres hermanos, sobornando a “agentes de la ley en México”. Y un “agente de la ley” puede ser, en términos literales, desde un policía de uniforme hasta el más alto nivel del gobierno, incluyendo a los políticos.
Quienes están en contra de los gobiernos de la 4T festinan desde ahora que Ovidio Guzmán esté “cantando”. A partir de que se firma el acuerdo de culpabilidad, lo que Ovidio diga a las agencias norteamericanas y los fiscales de su caso y de otros, como el de Ismael Zambada García, quedará bajo su resguardo y no necesariamente se hará del dominio público. Los gringos siempre han administrado celosamente este tipo de información en su poder para presionar al gobierno mexicano. Las piezas más débiles han sido siempre otras cabezas del narco y en segundo lugar políticos de mediano pelo como gobernadores, jefes policiacos y algún fiscal. Casos excepcionales han sido Genaro García Luna —que pasará el resto de su vida en la cárcel— y el general Salvador Cienfuegos, que terminaron devolviendo al gobierno mexicano para que fuera exonerado de cargos por la FGR.
En todo caso, el festín de la oposición ante la eventualidad de que los Guzmán pongan el dedo en la llaga del gobierno, corresponde al festín de ese mismo gobierno cuando fue aprehendido y mientras fue juzgado Genaro García Luna. Y no porque les interesara tanto el exfuncionario, sino por su relación con el expresidente Felipe Calderón, al que dieron de palos todos los días, sobre todo el expresidente AMLO desde la alevosía de su púlpito, mientras guardaba silencio sobre Enrique Peña Nieto.
Ovidio va a colaborar y soltará nombres de policías, militares y políticos, pero la oposición piensa y actúa como si nadie lo hubiera hecho hasta ahora. No se alegraron tanto cuando fue extraditado Dámaso López Núñez, quien también colaboró y lo sigue haciendo —gobernaba Enrique Peña Nieto—, ni cuando extraditaron a Jesús el Rey Zambada, quien ahora, gracias a su cooperación con los gringos, hasta se da el lujo de presentarse como compositor de corridos…
¿Qué hizo el gobierno norteamericano con la información que proporcionaron estos dos narcotraficantes? Ni modo que no les hayan preguntado sobre sus complicidades con el gobierno mexicano. Los millones de los que habló el Rey Zambada para Calderón, durante el juicio del Chapo Guzmán, pudieron ser una extravagancia, pero nadie debe dudar que grandes cantidades de dinero han llegado a las más altas autoridades, policiacas, militares y políticas de México durante décadas. Y en los estados ni se diga. Hablar con los jefes de la plaza antes de lanzarse por un cargo de elección, popular hasta se normalizó. Todos, de todos los colores. Eso siempre lo han sabido los gringos, pero es parte de la forma en que durante medio siglo han administrado el negocio del narcotráfico y sus relaciones con los sucesivos gobiernos mexicanos.
Es verdad que nunca el gobierno de México había sentido tanta presión de un presidente norteamericano. Donald Trump está aprovechando el tema del narcotráfico, particularmente el del fentanilo, para quedar bien con sus electores y sacar raja en el tema de los aranceles. Y está viendo una presidenta muy nerviosa, dispuesta a colaborar, aunque de pronto se meta en camisas demasiado grandes sin ninguna necesidad.
Bola y cadena
SI EL DÍA HABÍA PINTADO MAL PARA la presidenta, terminaría fatal con el anuncio de Trump de que a partir del 1 de agosto se aplicaría un 30 por ciento general de aranceles a las exportaciones; este sumado a los que ya se aplican a diferentes productos desde que empezó el hostigamiento arancelario contra nosotros y contra el mundo. Su argumento —y siempre lo será— es que Claudia Sheinbaum está cooperando en los temas migratorio y de las drogas, pero que en esta última parte no ha sido suficiente. Y no es casualidad que este anuncio se haga justo el día en que el gobierno norteamericano firma un acuerdo con Ovidio Guzmán. Porque así, la presión es doble.
Sentido contrario
EL CASO DEL GOBERNADOR ROCHA es un enigma, pues por la mañana había estado en un evento en Mazatlán, donde se mostró contento, dicharachero, bromista, nada que ver con la preocupación que mostró al salir a la rueda de prensa acompañando a Claudia, y durante su discurso, leído apresuradamente y con la mirada en las hojas, nunca con la entereza que se le vio en aquel evento de agosto, cuando, frente a Claudia y AMLO, se defendió de la carta que ese día hizo pública el abogado del Mayo Zambada, donde lo acusa de haber sido parte de un complot para secuestrarlo y entregarlo a los Estados Unidos.
Humo negro
AUNQUE DIGA QUE NO, el abogado de Ovidio salió en defensa del gobierno norteamericano al criticar a la presidenta Sheinbaum, que había dicho horas antes que primero los acusan de terroristas y luego negocian con ellos. Le vino el saco, gana mucho dinero con los narcos y, además, no pierde nada.
Artículo publicado el 13 de julio de 2025 en la edición 1172 del semanario Ríodoce.






