Alguien me preguntó por qué llegué a pensar que una guerra entre mayos y chapos no era posible. Lo escribí el 4 de agosto, diez días después de que detuvieron al Mayo Zambada y daba mis razones. También dije que esto era más bien un deseo que una convicción o una certeza. Todavía no estaba claro si Ismael Zambada García se había entregado voluntariamente a los Estados Unidos o había sido secuestrado por los hijos del Chapo Guzmán. Y arrojar un puño de granadas en la sala de tu casa con los niños adentro, era una locura. Pero la guerra estalló y los niveles de crueldad y persistencia que ha alcanzado hacen pensar que no habrá en el corto plazo un acuerdo de paz entre los grupos. Eso implicaría guardar las armas y vivir de nuevo en la misma casa, su casa, Culiacán. Solo en The Godfather ocurren estas cosas y la violencia siempre vuelve a mostrar los dientes.
A la vuelta de siete meses de guerra ha quedado claro que nadie ha ganado nada, por el contrario, y el desgaste sufrido por ambos bandos hace imposible que uno de los dos se imponga sobre el otro, por lo menos ahora. Por lo tanto, las pérdidas seguirán para ellos y también para la sociedad y para los gobiernos locales, que son los receptores del repudio de la gente por no poder vivir en paz. El gobierno federal se ha estado salvando de ese encono social por los golpes que ha dado a las estructuras criminales y el resguardo de muchas zonas, pero es evidente que faltaría mucho más que eso para que Culiacán se recupere a sí mismo en la ciudad y en sus sindicaturas.
Un día después de iniciado el operativo para rescatar Imala, por ejemplo, no fue casi nadie al pueblo; durante el domingo el trayecto de Culiacán a los balnearios estaba solo; las albercas, cerradas desde hace meses por lo mismo, están en mantenimiento con la esperanza de que en estos días de asueto semanasantero la gente vaya y consuma; los tradicionales puestos de raspados, los pocos que abrieron, lucían solos. Y si de allí te vas a la presa Sanalona pasando por la entrada a Narnia, es como circular por un desierto. Allá, el restaurante El Templete, con una tradición de más de medio siglo, está cerrado desde que empezó la guerra. No es gratuito, justo en el arribo de la presa se dieron enfrentamientos que dejaron varios vehículos destruidos. Pero el gobierno es tan negligente que, a un lado de la carretera, justo en lo que ha sido por décadas un centro de recreación, está todavía el esqueleto de una pick up calcinada como representación dantesca de la guerra, un monumento a la violencia, pero también al abandono del gobierno. El enfrentamiento fue el 28 de diciembre y después de más de tres meses nadie ha dispuesto una jodida grúa para limpiar el área. Al igual que Imala, que vive básicamente del turismo, Sanalona expulsa sufrimiento por todas sus grietas pues, además de la violencia que se ha ensañado con esta zona, la sequía está haciendo estragos en la población.
Y si esa “voluntad” del gobierno se aprecia en una zona tan visible —es la carretera que conecta con Tamazula, Durango— ¿qué se puede esperar cuando ocurren estos enfrentamientos en lugares como los altos de Tepuche, en San Cayetano… o en Tomo, sindicatura de Imala, por ejemplo?
Hace tres semanas se dio un enfrentamiento en Tomo, hubo muchos muertos, pero personal de la fiscalía estatal acudió al lugar y no encontró evidencias de personas fallecidas. Lo dijo la fiscal, Claudia Zulema Sánchez Kondo, la que sucedió a Sara Bruna Quiñónez, desaparecida sin ficha de búsqueda. Pero a la vuelta de los días resulta que encuentran restos humanos calcinados afuerita del pueblo. Los pobladores de la zona baja, en El Pozo, la Noria, Mezquitita, hablan de 17 muertos, pero el gobierno no reconoce ninguno. La misma táctica mediática de no ver, no registrar, no contar, manipular las cifras. Y aquí el gobierno federal dejando hacer y pasar. “Que se maten entre ellos” como una estrategia, aunque en los encontronazos se vaya gente inocente, niños entre ella.
Bola y cadena
EN SU PRIMERA VISITA A SINALOA, Omar García Harfuch trató de que mayos y chapos dialogaran y llegaran a un acuerdo. Iba empezando la guerra y tal vez en ese momento se podía. Pero no hubo manera y el gobierno federal se dispuso a ser parte del conflicto. Y entonces ellos también enseñaron sus armas. Guerra de tres. Por ello los ataques directos a sus fuerzas como el que ocurrió con drones y explosivos en La Limita de Itaje cuando los soldados se disponían a catear una vivienda.
Sentido contrario
LO BUENO DE LAS CAMPAÑAS rosalinas para la elección del rector es que serán muy breves y las posibilidades de que se salgan de control se reducen mucho. Lo que ocurrió el viernes pasado en las comparecencias de los candidatos no es precisamente una muestra de la “democracia” que ahora impera en la UAS después de que se aprobó la nueva ley orgánica, sino de la enajenación que priva en buena parte de la comunidad universitaria, estudiantes y maestros, promovida desde hace muchos años por el grupo en el poder. No tenía este grupo necesidad de boicotear la participación de Denise Díaz Quiñonez. Jesús Madueña tiene el triunfo asegurado 9-1 si mal le va. Pero el poder y la arrogancia es un coctel que embriaga.
Humo negro
DESDE HACE MUCHOS AÑOS los narcos dejaron de sembrar amapola y mariguana en la sierra y se dedicaron a sembrar laboratorios para la producción de drogas sintéticas. Estos se instalaron en los montes bajos por la dificultad de trasladar los insumos a los altos. Se han destruido cientos en estos meses, pero podría haber miles en todo el estado. La pregunta es quiénes fueron cómplices para la introducción de los insumos que, se supone, vienen en su mayoría de Asia. Quiénes en las aduanas, quiénes en las carreteras y en los caminos.
Artículo publicado el 06 de abril de 2025 en la edición 1158 del semanario Ríodoce.






