Ha habido escritoras sinaloenses muy logradas antes y después de Inés Arredondo, pero no han obtenido el reconocimiento que obtuvo la eldoradense. Al margen de ello, ¿qué escribieron y qué están escribiendo?
Una escritora aclamada en su tiempo fue Amalia Millán, quien no se entregó a la novela ni a la poesía sino al ensayo de temas culturales. Fue una figura intelectual que de los años cuarenta a los ochenta inspiró a varias generaciones de antropólogos y sociólogos del folklore mexicano dentro y fuera de Sinaloa. Nacida en San Ignacio en la década de los veinte, una vez cumplidos sus estudios básicos en Sinaloa se trasladó a la Ciudad de México para estudiar en la UNAM.
Ahí, quien se convirtiera en la más destacada folklorista mexicana de mediados de siglo XX, escribió más sobre la cultura popular de Oaxaca y de otros estados que de Sinaloa; pero su obra, debido a la relevancia, era publicada en Sinaloa, tal y como sucedió en una de las más importantes publicaciones que se hayan editado en la entidad sobre la obra de escritores del estado: Antología de prosistas sinaloenses (1959).
En opinión de Agustín Velázquez Soto (2004,17), “Amalia es la mujer símbolo en la cultura sinaloense de la primera mitad del siglo XX y parte de la segunda”.
La investigadora feminista Arcelia de la Torre (2003) nos habla sobre otras pioneras de la narrativa sinaloense:
Antes de Arredondo, escribieron en el romanticismo sinaloense a finales del siglo XIX y principios del XX, Cecilia Zadí, seudónimo utilizado por Haydee Escobar de Félix Díaz, quien publicó La Mujer Egoísta y Avara (1898), en el que juzga lo que sucede con una mujer si no desempeña los roles establecidos por la sociedad, como dulzura, fragilidad y amor incondicional (y Teresa Millán).
Cecilia Zadí nació en 1868 y en 1889 dio a conocer su primer poemario: Los versos a un ángel, convirtiéndose así en la primera mujer sinaloense en publicar un libro. Dice el investigador Velázquez Soto (2022) de su obra Los encantos de la sirena: “ En ella encontramos sus convicciones, sus propósitos y su verdadera intención, porque realizaba una política positiva y analítica, expresada y resuelta en la búsqueda y consolidación de todos los cambios necesarios para hacer posible la transformación social (…) Sus convicciones —prosigue Velázquez— en defensa de las causas populares quedaron plasmadas en sus artículos publicados en diversos diarios de la época como El Diario del Hogar, que dirigía Filomeno Mata, y en El Demócrata.
De Teresa Millán, escribe Arcelia Arredondo:
A finales del periodo romántico escribió los cuentos El Cuate, ¡Adiós Doña Perfecta! y Paquito es Hijo Único, historia de un niño «criado sólo por su madre quien lo alecciona en las labores del hogar, de manera tal, que el resto del pueblo se burla de él por su aparente homosexualidad.», escribe Arcelia. Pero Teresa Millán fue más conocida por dos libros de poesía: El andén del cielo (1961) y Amor y paz en la tierra, (1962).
Llama mucho la atención que, ya en los años 60, Tere Millán e Inés Arredondo, están en un plano nacional, se atreviesen a hablar de erotismo femenino y de homosexualidad, cuando, aún en las metrópolis mexicanas, pocos hombres lo hacían. La primera novela gay de México, El vampiro de la colonia Roma, escrita por Luis Zapata, se publicó en 1979. Tal hecho nos dice que las escritoras sinaloenses eran más vanguardistas que los narradores del estado. Y podríamos decir que esta variable continúa en el primer cuarto del siglo XXI, porque las poetas o novelistas sinaloenses escriben más de temas eróticos que los varones.
Rosamaría Peraza y Rosy Palau pueden considerarse puentes literarios entre Tere Millán e Inés Arredondo, y las poetas y novelistas que emergieron en los ochenta, no tan solo por la edad sino por el contenido de sus obras. Poemas Eróticos, de Rosamaría Peraza, por ejemplo, expresan romanticismo y un delicado erotismo, menos corporal que el de escritoras posteriores. Rosy Palau, (Culiacán, 1956) es una poeta nostálgica, aunque no olvida el amor, la muerte, el desencanto, la tristeza, y la soledad. Ella dice de su obra:
“Todos los poetas escribimos de lo mismo, sólo que cada quien lo ve de distinta manera, en mi caso me influenciaron todas mis vivencias en la infancia, que con el tiempo fui poniendo en su justa dimensión”.
Un nutrido racimo de poetas y narradoras sinaloenses, entre las que estaban, Ernestina Yépiz, Julieta Montero, Silvia Michell, Marcela González, Irasema Orona, Melly Peraza, Alma Vitalis, Nicole Ferrán, Ely Estolano, Elena Méndez, María Félix, Lucy Leyva, Dina Grijalva, Sonia Higuera y Paula Calzada, se complotaron para celebrar la literatura erótica en un segundo encuentro que ellas tuvieron en noviembre de 2022, en el puerto de Mazatlán. Antes, a veces en grupo, a veces individualmente, por lo menos desde principios de los ochenta del siglo anterior, varias de ellas escribieron poesía erótica mucho más explícita y explosiva que la generación precedente.
Ya no en el campo de la poesía, pero sí en el de la novela, Aleyda Rojo, una especie de loba solitaria de la narrativa mazatleca, es la escritora que en Sinaloa acaricia con más frecuencia los temas eróticos. Sin embargo, dice el crítico literario porteño, Eduardo Valadés (2028, 26) que, en Aleyda, como en otras y otros escritores mazatlecos, “el coito ocurre sin mérito, sin necesidad de inteligencia, sensibilidad o empatía”. Valadés es demasiado severo con su opinión sobre Rojo y otros narradores mazatlecos porque en Aleyda, por lo menos, hay un constante e imaginativo esfuerzo por hablar libremente, y desde la perspectiva de una mujer, del deseo y los juegos carnales, y no tan solo entre una mujer y un hombre, sino también entre mujeres, algo poco común en la literatura sinaloense del pasado y del presente.
Artículo publicado el 16 de febrero de 2025 en la edición 9 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.






