El actor y director es reconocido con el Premio Sinaloa de las Artes, la distinción más importante en el estado
Lázaro Fernando nunca pensó dedicar su vida entera al teatro. Hace más de 40 años tuvo su primer encuentro con el escenario y nunca se ha separado de él, pero hace unos días pensó que era momento de descansar.
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Terminó de montar cuatro de las obras de Óscar Liera: El Jinete de la Divina Providencia, La piña y la manzana, El Gordo y Los Negros Pájaros del Adiós, como su proyecto del Sistema Nacional de Creadores.
Fue un trabajo agotador y se dijo “voy a darme un tiempo”, pero en ese lapso recibió la noticia de ser el ganador del Premio Sinaloa de las Artes, un reconocimiento que lo alegra y le indica que no es momento de parar.
Esta distinción, que será entregada el 13 de diciembre, le reafirmó que el teatro es para siempre, aun cuando no todo son aplausos. También hay fracasos y reflexión.
“Yo soy un obrero del teatro, un guerrillero y por ahí se dice que la madurez en el arte se alcanza después de los 60, entonces, pues sí, en ese momento estoy, aunque nunca pensé estar tanto tiempo activo en el teatro”, confesó.
“Asumimos el reto de estar dirigiendo a un grupo de teatro después de muchos años como actor, es algo que se disfruta, pero que asumimos que tenemos también eventos fallidos, pero en todos estos años eso no ha mermado el interés”.
El Premio Sinaloa de las Artes
Lázaro, actor formado en las filas del TATUAS, dirigido por Óscar Liera y después por Rodolfo Arriaga, en 2017 fundó el grupo Sabaiba Teatro, con el que ha montado diversos espectáculos y obras teatrales, en México y el extranjero.
Ha buscado compartir ese gozo que, a él mismo lo ha mantenido vigente ahora como director.
Sin proponérselo, encontró una forma de trabajar para la comunidad. Una forma de expresión que ahora entiende que es un privilegio.
“El que reconozcan el trabajo de uno, es parte de este compromiso que adquirí hace más de 40 años con esta ‘vaina del tiatro’, uno trabaja porque le gusta, lo goza, lo demás llega por añadidura”, señaló.
“¿Qué significa para mí este premio?, es una pregunta que me han hecho y que yo también me la hago, representa todo el esfuerzo que hemos hecho, uno hace una sumatoria, y se da cuenta de que sin proponérmelo ha sido impresionante todo lo que ha sucedido con el teatro”.
A esta disciplina, contó Lázaro, llegó en 1980. Desde entonces le ha dado un alto valor al público y toda esa gente que ha sido parte de su mundo, como a Óscar Liera, quien a pesar de que les decía que eran malos actores, los educó; a Miguel Tamayo, un caballero y amigo, y a Fito Arriaga maravilloso compañero en el TATUAS.
Hacer teatro
A sus 62 años, Lázaro es parte de la vieja escuela en Sinaloa que en su momento marcó un referente en el teatro regional. Recorrió distintos países actuando en los mejores montajes de Liera.
Como director, además de seguir presentando el teatro de su maestro, ha creado montajes como Culiacán, bella tierra de ensueño, Érase una vez la novia, Un Quijote sin Sancho, Como quisiera ser Selena.
“Mis mejores tiempos han estado en la UAS, ahí a donde muchos soñadores llegamos para sumarnos al taller de Óscar Liera, lo demás es una larga historia”.
“Uno dura tanto tiempo en esto porque lo disfruta y goza. Luego se hace como adicción, lo dejo un rato y me voy de vacaciones y ya ando pensando en qué hacer, no se puede dejar de tajo esto. Esta es mi vida”.
En 2017, señaló Lázaro que tuvo la necesidad de buscar otras posibilidades. Fundó Sabaiba Teatro, y ahora, detrás y al frente del escenario, sigue creando y manteniéndose como todo un obrero del teatro.
Artículo publicado el 24 de noviembre de 2024 en la edición 1139 del semanario Ríodoce.






