Obesidad y sexo: El miedo aumenta el sedentarismo

Obesidad y sexo: El miedo aumenta el sedentarismo

La vida sedentaria, el exceso de calorías, el metabolismo personal, y las condiciones emocionales, hacen un coctel que dispara la obesidad.

En tiempos de violencia, muertes, agresiones, robos, levantones, y daños colaterales por rencillas entre grupos criminales, las condiciones emocionales predisponen a la persona a buscar compensación en actividades físicas, distractivas, de ocio, laborales, o bien, de sobrealimentación.

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La vida sedentaria constituye un factor de riesgo para la obesidad. Cuando el miedo colectivo obliga a gran parte de los trabajadores a quedarse en casa, el sedentarismo aumenta, el miedo se disipa con acciones, una de ellas es comer mientras se trabaja, o comer mientras se ve televisión o se escucha la radio, la vida sedentaria más la sobrealimentación, acercan a la persona al destino trágico de la obesidad.

Si al encierro propio de una sociedad con miedo a salir a la calle, se le agrega el metabolismo personal lento o diferente al metabolismo que se tuvo en la adolescencia, las cosas se complican, por eso, cada vez más encontramos personas que del sobrepeso pasan a la obesidad y de la obesidad a la obesidad mórbida.

Una de las condiciones que eventualmente se les pone a las personas con obesidad mórbida, es que inicien una dieta diferente, una dieta hiperproteica y baja en carbohidratos para habituar al cuerpo a los requerimientos posquirúrgicos en caso de una cirugía bariátrica, junto con ello, un acercamiento a los profesionales de la salud mental, de preferencia un psicólogo o un psiquiatra que les auxilie en las cargas emocionales que no han superado.

Especialmente cuando las personas entran en un confinamiento inducido por el miedo a ser alcanzado por la violencia o los actos criminales, el miedo se traduce en comportamientos nocivos para la salud y la vida de relación. Tener miedo a perder la vida, o pensar en el riego de la familia que por circunstancias de trabajo anda en la calle, genera ansiedad que se traduce en insomnio, hiperfagia, o ambas condiciones, el miedo se convierte en combustible que acelera la alimentación, acorta los espacios entre comidas y aumenta frecuencia y cantidad de alimentación.

No será novedad que después de la contingencia de inseguridad que viven los sinaloenses, el miedo predisponga a la obesidad. También hay que reconocer, que, para muchos, el miedo les induce ganas de hacer ejercicio, aunque sea en casa, pero finalmente ejercicio que ayuda a la parte física y emocional.

El miedo y la obesidad es un binomio que también puede desencadenar desnutrición. Hay personas que, víctimas del miedo, entran prácticamente en inanición; no todo es obesidad como consecuencia, sin embargo, el miedo, el metabolismo lento, y la vida sedentaria, generalmente tienen un lugar común que se llama obesidad.

Artículo publicado el 29 de septiembre de 2024 en la edición 80 del suplemento Gula.

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