Aquí las lonas comenzaron a deshilacharse, el viento las rasgó. Aquí no hay muros, tampoco puertas ni ventanas. Aquí la luz de la luna y los rayos solares caen como en un descampado.
Aquí el viento quema, el sol enceguece como la nieve más blanca. Los cachetes se tornan rojizos y la piel se curte. Los zapatos parecen sartenes hirvientes.
Lea: Mayos-yoremes en pie de lucha contra el monstruo de la bahía de Ohuira
La ropa dejó de ser un atuendo, y es parte de la protección del cuerpo. Esta huele a percudida, a sudor.
Aquí, nada es cómodo, y todo es esfuerzo.
Estar de pie, sentado o acostado es un sacrificio.
En las noches, los moscos llevan lanzas, y pican con tal fuerza que parecen insectos taladrando muros. Los jejenes asemejan pandilleros, caen en bola. A ninguno de esos insectos, los repelentes inmutan, tampoco parece importarles el morir de un manotazo mientras se surten de sangre.
Estar aquí es un sacrificio, pero ninguno de los que permanecen en vigilia nocturna o diurna se raja.
Todos están por convicción. No hay nadie de conciencia comprada, defiende don Enrique Ayala, un citadino que ha acompañado al colectivo Aquí ¡No! durante más de un lustro, yendo a todas las manifestaciones con bandera al ristre.
Él y todos los demás ya cumplieron 17 días de protesta, y se preparan para seis meses. “Lo que sea necesario”, dice Enrique.
Miguel García, concejal presidente del Consejo Indígena de Buen Gobierno, Libre y Autónomo de Masiaca, Sonora y cinco miembros de su corte también están en la misma mesa, acompañando al cobanaro de Ohuira, Felipe Montaño Valenzuela, un mayo-yoreme que se ha ganado a pulso el reconocimiento de pueblerinos y citadinos.
Don Miguel llegó al plantón a las afueras de la planta de amoniaco, ubicado en la antigua carretera a Topolobampo, a un costado de lo que fuera la terminal de Petróleos Mexicanos.
Llegó para mostrar el respeto a los mayos-yoremes de Ahome y a sumarse a la causa, pues ellos, al igual que los locales, también están peleando en contra de los mismos enemigos, los hombres blancos que les han arrebatado su territorio y despojado del agua, el viento, mares, ríos y cerros.
“Ya estuvo bueno de esos cabrones que nos ven como indios patarrajadas, unos ignorantes, que nos pisotean, también ya estamos hartos de este pinche gobierno y de sus subordinados, que nos quieren tener sumisos, aguantándoles todas sus chingaderas. No, ya no más eso. Ya despertamos y ahora nos vamos a unir todos para demostrarles a los yoris cabrones quienes son los dueños de los territorios. También ya estamos hartos de los hermanos de raza traidores, que se venden por una despensa, que traiciona por dinero. Esos no son mayos-yoremes, son vividores. Los vamos a expulsar para que le sirvan a sus amos, los yoris”.
Don Miguel asegura que el plan de justicia Yaqui en realidad es una ofensa porque los segrega más. “El gobierno nos quiere ver en sus manos, pero ya no va a suceder más, ya despertamos, y ahora nos organizamos para pelearles, en lo político y en donde quieran”, dijo.
Este movimiento, es uno de los más representativos de esa lucha.
El Aquí ¡No! ganó representación internacional y sumó a su causa a decenas de activistas ambientales. Las protestas suceden en Alemania, Estados Unidos y ahora en cualquier ciudad del mundo. Estas están enfocadas en embajadas alemanas, pero también en las sedes de Proman, la empresa que produce amoniaco a escala mundial y que construye su complejo industrial en la bahía más somera del norte de Sinaloa, Ohuira, un ecosistema frágil.
La doctora, Diana Escobedo, quien durante 35 años ha trabajado en la bahía, asegura que de ponerse en operación la fábrica, acabaría quebrando el frágil ecosistema marino de donde han dependido durante centurias los nativos locales.
La industria, dijo, terminará acabando con el 60 por ciento de la pesca comercial, secando manglares, y destruyendo las zonas de reproducción de larvas, postlarvas y juveniles de camarón café, azul, escama, moluscos y otras especies que además son el alimento de aves endémicas y migratorias y de mamíferos como delfines y ballenas.
Los efectos de modificación de la línea de costa ya se están observando, como es la reducción de los manglares y la anidación de aves.
La planta de amoniaco va a afectar el modo de vida de los nativos, que estuvieron antes que los mestizos.
Felipe Montaño Valenzuela, Melina Maldonado y Claudia Quintero Sandoval, coincidieron que la lucha va para adelante, con o sin el acompañamiento de Morena. “No vamos a vivir arrodillados al capital extranjero, ni tampoco vamos a esperar a que afecten la vida de nuestras familias. Ellos no van a producir ni un solo litro de amoniaco, ellos van a perder su dinero, la inversión”.
Claudia asegura que lo mejor para los inversionistas es que tomen sus fierros y busquen un mejor lugar, en Sinaloa hay muchos políticos que quieren esa planta, hay muchos agricultores que dicen que los van a beneficiar, pues que la lleven a sus territorios, a sus parcelas, que les den el agua de riego y así todos ganamos. No afectan nuestro entorno ni forma de vida, ellos tendrán su amoniaco cerca de sus parcelas y casas, la empresa exporta y el país crece.
Pero en la Bahía de Ohuira, no van a producir un solo litro de amoniaco, sentencian.
Artículo publicado el 28 de junio de 2026 en la edición 1222 del semanario Ríodoce






