“El general Ramón F. Iturbe cerró los ojos al mundo en la ciudad de México, el 27 de octubre de 1970, bajando a la tumba con todos los honores militares debido a su alto rango en el escalafón del ejército nacional, dejándonos como herencia el ejemplo de su vida y de su obra”.
Alejandro Hernández Tyler
“Aquí tengo un lugarcito”, presumió el general Ramón F. Iturbe a Enrique Arredondo Quevedo frente a la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa (así llamada entonces), donde admiró las placas instaladas, durante una visita al Panteón Municipal de Culiacán, con el fin de ver la tumba de su hermana. (Arredondo era familiar de Iturbe, pues Mercedes Penne, media hermana del general, se matrimonió con Crisanto Arredondo).
Pues no. A pesar de las gestiones de Arredondo, los restos de Iturbe reposan todavía en el Panteón Jardín de la Ciudad de México, un tanto por culpa propia, ya que alguna vez dijo a su hija Mireya Iturbe Acosta que posiblemente los sinaloenses querrían enterrarlo en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa, y que, si así fuera, insistiera en que trasladaran también los restos de su esposa cosalteca Mercedes Acosta Ferreiro, junto con los de él, pero que de ninguna manera permitiera que los separaran.
Quizá ésta fue la razón del fracaso de las gestiones de Enrique Arredondo, quien en una hoja membretada con el logotipo del Club de Leones (al cual Iturbe perteneció buena parte de su vida), con fecha 29 de julio de 1988, solicitó al gobernador Francisco Labastida Ochoa “se corran los trámites correspondientes para que sus restos (los de Iturbe) sean depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres”.
Hubo intercambio de correspondencia, pero los trámites sólo llegaban a eso, al envío de cartas. Arredondo pensaba que no habría problema con el traslado de los restos de Iturbe junto con los de Mercedes, ya que estuvo con él en los campos de batalla durante la revolución. En febrero de 1991, insistió una vez más, en un tono derrotado: “Sr. Gobernador, a veces creo, que acaso los espíritus de Obregón y Calles, se interponen para que el pueblo de Sinaloa a través de su gobierno, se reconozca de los méritos del personaje que aludo”.
Los restos de Iturbe, y de Mercedes, continúan en México.
Sí: murió con honores. La última guardia ante sus restos mortales la hicieron el presidente Gustavo Díaz Ordaz y el candidato a la presidencia, Luis Echeverría Álvarez, en la Funeraria del Ejército. Presidieron el cortejo fúnebre: Luisa Marienhoff, sus hijos Víctor Manuel, Elohim, Mireya y Aurora; sus hermanos Arturo Sicairos y Beatriz de Navarrete.
Iturbe deseaba ser sepultado en Sinaloa, en la rotonda, pidió que se insistiera en permanecer al lado de Mercedes, pero no se negaba, ni tampoco sus múltiples familiares debieron negarse, a que sus restos se depositaran en la rotonda, obra del maestro Rolando Arjona Amabilis, construida en 1954 durante el gobierno de Rigoberto Aguilar Pico.
En la ahora Rotonda de los Sinaloenses Ilustres —inaugurada con su cambio de nombre por el gobernador Jesús Aguilar Padilla el 14 de julio de 2010—, se honraría a Iturbe junto a los restos de Rafael Buelna, Macario Gaxiola, Domingo Rubí, Ángel Flores, Juan Carrasco, Gabriel Leyva Solano, Eustaquio Buelna y Antonio Nakayama. Ninguna mujer.
Bueno fuera incluir a Mercedes en la rotonda. Sería la primera mujer sinaloense cuyos restos reposen en tan histórico lugar.
EXPOSITOR
Si no se aceptan restos del género femenino en la rotonda, una solución “decorosa” podría ser que tanto los del general como los de Mercedes, sean exhumados y traídos a Sinaloa. Los de Iturbe, con los honores que merece, se depositarían en la Rotonda de los Sinaloenses Ilustres y los de su esposa Mercedes en el panteón de su nativo Cosalá.
(Y ya entrado en el tema de tumbas y restos mortuorios, sería bueno se determine dónde y cuándo fue sepultada la poetisa Luisa Marienhoff, la ucraniana-argentina que acompañó al general en los últimos días de su vida).
Artículo publicado el 10 de noviembre de 2024 en la edición 1137 del semanario Ríodoce.






