El pánico por la ola de violencia generada por las pugnas entre células del Cártel de Sinaloa, ocasiona estrés, falta de capacidad de concentración y rendimiento laboral, malhumor
La vida en Culiacán desde el lunes 9 de septiembre es un infierno. Una pesadilla de la que todos quieren despertar. Un vivir con el Jesús en la boca y con la vida pendiendo de un hilo manejado por la delincuencia organizada.
Un estado de sitio y un toque de queda impuesto por los enfrentamientos, en el que la zozobra es el denominador común de la población.
El pánico en carne viva, que te hace tragar saliva y bajar la mirada ante el paso de cualquier vehículo. Porque ahora todos somos sospechosos.
El temor del padre por mandar al hijo a la tienda de la esquina. El miedo de quedar en medio del fuego cruzado de un enfrentamiento que salta como liebre del matorral, el temor de ser despojado del vehículo y la agonía de enclaustrarse en casa a morir de miedo.
Los efectos
Ante la crisis de inseguridad y los efectos nocivos entre la población que genera la violencia en Culiacán y otros municipios de Sinaloa, instituciones estatales están ofreciendo atención psicológica a una población secuestrada en un estado que no garantiza la seguridad de sus habitantes.
Dahali Espinoza Flores, jefa de atención, asesoría y consulta del Consejo Estatal para la Prevención y Atención de la Violencia Familiar (Cepavif), asegura que la violencia se percibe diferente por hombres, mujeres y niños por lo que sus efectos son diferenciados.
“(En los hombres) pueden detonar algunas situaciones ríspidas, estar malhumorado, estar a la defensiva por algo que creen que no pueden controlar y que quizá le dijeron que tenía que controlar desde pequeños”, explica.
La mujer, al volcarse a asistir y atender a los demás, agrega, se olvida de sí misma y presenta diversas sensaciones en detrimento de su salud física y emocional, como cansancio extremo, falta de sueño, dolores de cabeza, náuseas, irritabilidad y un estado de ánimo decaído.
El efecto de la violencia en los niños es diferente, indica, porque no alcanzan a entender el grado de zozobra ni quiénes son los buenos ni quiénes son los malos.
Un estado de violencia como la que viven Culiacán y otros municipios, señala, provoca que las personas pierdan la capacidad de concentración y rendimiento laboral.
Comenta que el consumo de videos y audios de contenido violento generan más psicosis, temor y trae consecuencias más severas que la violencia en sí.
Compartir emociones
Dahali Espinoza Flores sugirió que ante el estado de inseguridad y de violencia que se vive, ayuda mucho el compartir en grupos de apoyo, familiares y amigos el estado emocional en el que se encuentra la persona para liberar un poco la tensión.
La persona no está hecha para soportar violencia, y menos por tanto tiempo, puntualiza, por lo que compartir el estado emocional sirve para destensar el cuerpo.
Artículo publicado el 15 de septiembre de 2024 en la edición 1129 del semanario Ríodoce.






