La obesidad infantil se consolidó como uno de los problemas de salud pública más apremiantes a nivel mundial en las últimas tres décadas. Este fenómeno no solo afecta el bienestar físico y psicológico de los niños, sino que también tiene implicaciones a largo plazo para la salud pública y la economía global.
Desde la década de los noventa, la prevalencia de la obesidad infantil ha aumentado de manera constante en casi todos los países del mundo, reflejando cambios significativos en los estilos de vida, la dieta y la actividad física.
En 2022, más de 390 millones de niños y adolescentes de cinco a 19 años tenían sobrepeso. La prevalencia del sobrepeso (lo que incluye la obesidad) entre los niños y adolescentes pasó del 8 por ciento en 1990 al 20 por ciento en 2022.
Este aumento afectó por igual a niñas y niños: en 2022, el 19 por ciento de las niñas y el 21 ciento de los niños tenían sobrepeso, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En México, la ganancia excesiva de peso inicia desde los cinco años. Los niños de cinco a 11 años tienen una prevalencia se sobrepeso y obesidad del 37.3 por ciento, mientras que los adolescentes de entre 12 y 19 años, del 41.1 por ciento.
Factores que contribuyen al aumento de la obesidad infantil
Con el aumento de la urbanización y la globalización, ha habido un cambio notable hacia dietas ricas en calorías vacías, altas en grasas saturadas, azúcares y sodio, y baja en nutrientes esenciales como frutas, verduras y fibra. La disponibilidad y la accesibilidad de alimentos procesados y bebidas azucaradas han disparado este problema, contribuyendo al aumento de la ingesta calórica sin un aumento correspondiente en la actividad física, lo que recae en una segunda causa: el sedentarismo.

El avance tecnológico se ha visto acompañado de una disminución significativa en la actividad física entre los niños. La proliferación de dispositivos electrónicos, como teléfonos celulares, tablets y videojuegos, ha llevado a un aumento en el tiempo dedicado a actividades sedentarias en lugar de jugar al aire libre o participar en deportes. Esto no solo contribuye al aumento de peso, sino que también afecta negativamente el desarrollo físico y mental de los niños.
El dinero sí importa
Existen disparidades significativas en la prevalencia de la obesidad infantil según el nivel socioeconómico. Los niños de familias con ingresos más bajos a menudo tienen un acceso limitado a alimentos saludables debido a barreras económicas y geográficas, lo que los expone a dietas menos nutritivas y a un mayor riesgo de obesidad. Además, las condiciones sociales y ambientales en comunidades desfavorecidas pueden no ser propicias para la actividad física segura y regular.
No es lo mismo salir a jugar a un parque cuidado, iluminado y en una zona segura, que en uno abandonado, sin luces y tomado por consumidores de drogas o personas en situación de calle.
Los hábitos alimenticios y de actividad física de los niños están influenciados en gran medida por las prácticas familiares y culturales, por lo que el ejemplo de los padres es de suma importancia. Los patrones alimentarios heredados y las tradiciones que promueven el consumo de alimentos procesados y ricos en calorías pueden perpetuar el ciclo de la obesidad en las generaciones jóvenes.
Impacto de la obesidad infantil en la salud
La obesidad infantil está asociada con una serie de consecuencias adversas para la salud a corto y largo plazo. Los niños obesos tienen un mayor riesgo de desarrollar condiciones médicas como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, problemas respiratorios y trastornos óseos y articulares. Además, la obesidad puede tener efectos psicológicos significativos, como baja autoestima, depresión y trastornos alimentarios.
Este impacto en la salud de los menores, impacta directamente en el presupuesto de los gobiernos. Se calcula que, si no se toman medidas al respecto, los costos a escala mundial del sobrepeso y la obesidad alcanzarán los 3 billones de dólares anuales para 2030 y una cifra superior a los 18 billones de dólares para 2060.
Para abordar eficazmente la epidemia de obesidad infantil, es crucial implementar intervenciones a múltiples niveles que aborden los factores dietéticos, de actividad física y socioeconómicos subyacentes.
La lucha contra la obesidad infantil es imperativa: actualmente hay alrededor de 40 millones de niños con sobrepeso, potenciales candidatos a ser adultos obesos, por lo que se requiere un esfuerzo coordinado y sostenido por parte de gobiernos, comunidades, familias y profesionales de la salud en todo el mundo.
Artículo publicado el 30 de junio de 2024 en la edición 1118 del semanario Ríodoce.






