Si no quiere que el exigente productor Jimmy Crystal (Bobby Cannavale/Sebastián Martínez) acabe con él, el creativo y audaz director musical Buster Moon (Matthew McConaughey/Benny Ibarra) tiene dos semanas para encontrar y convencer al legendario roquero Clay Calloway (Bono/Chayanne), perdido desde hace 15 años, de que se integre a su espectáculo. Mientras, su equipo de actores prepara las funciones, en las que sobresalen Rosita (Reese Witherspoon/Hanna Ha*Ash), Ash (Scarlett Johansson/Ashley Ha*Ash), Johnny (Taron Egerton/Roger González), Meena (Tori Kelly/María Eugenia Suárez) y Gunter (Nick Kroll/Rubén Cerda). Cuando parece que todo está listo, un malentendido con Porsha (Halsey/Greeicy Rendón), la hija de Jimmy, pone en riesgo el día del estreno y la vida de Buster.
Lo alucinante, asombroso y deslumbrante podrían resumir el derroche de fantasía en Sing 2: ¡Ven y canta de nuevo! (Sing 2/EU/2021), dirigida por Garth Jennings: los números musicales, las coreografías y los escenarios están muy bien producidos; los cantantes se lucen con sus voces, bailes y vestuario; y las diferentes escenografías destacan por la mezcla de colores y elementos empleados en cada contexto.
Ante tanta creatividad es casi imposible despegar la vista de la pantalla, porque otro acierto de la película es mostrar el proceso de producción de un mega espectáculo en el que, en muy poco tiempo, decenas de expertos trabajan, prácticamente, 24 horas los siete días de la semana, para crear mundos, iluminarlos, sonorizarlos; ensayar bailes, canciones, actuación, entre muchas otras actividades, que se combinan con tratar de convencer a una estrella del rock en depresión y en un alargado proceso de duelo de ser el protagonista, y lidiar con los caprichos, ofensas, altanería, intransigencia y todo lo que se le parezca, del agresivo productor.
Otro elemento que ayuda a mantener la atención en la cinta escrita por el mismo Jennings es lo sencillo de la trama en su fábula que involucra a infinidad de curiosos y graciosos animales con características, comportamientos y actitudes de seres humanos (la Señorita Crowley, con voz de Garth Jennings/Óscar Flores, es extraordinaria). Quizás porque va dirigida, mayormente, a infantes, la narrativa es lineal, y la historia, con personajes demasiado estereotipados, es un tanto predictiva.
A pesar de lo sensacional e impresionante de los shows, de la extraordinaria y realista animación, una desventaja del filme que, a tres años de su paso por las salas, llegó a Netflix el mes pasado, directo a posicionarse entre los 10 más vistos, entre ensayos y las presentaciones en el estreno, exagera en los números musicales, sin contar las piezas que aparecen de manera incidental. Llega un momento en el que se pierde la cuenta, pero son alrededor de 50 canciones que, completas o no, se reproducen: el hartazgo llega, así sean éxitos fácilmente coreables.
Desde luego, las moralejas no pueden faltar en la secuela de la mejor lograda Sing: ¡Ven y canta! (2016): superar el miedo para crecer personal o profesionalmente; hacer lo que se desea a pesar de que los demás digan que no vale la pena; añadir disciplina y perseverancia al aprender algo; y entender que el que la hace la paga. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.







