Fernanda Mejía, hacer del juego un oficio

Fernanda Mejía, hacer del juego un oficio

Desde la herencia familiar hasta la creación del grupo Bitache, la joven titiritera construye una escena propia

 

 

 

El primer contacto de Fernanda Mejía con el teatro ocurrió en casa, entre juegos que poco a poco dejaron de serlo, hasta convertirlo en un oficio de vida.

Hija de los titiriteros Ana María Cortés y Fernando Mejía, creció en un entorno donde el arte no era una actividad extraordinaria, sino parte de la vida diaria.

Desde muy pequeña, sus padres procuraron que tanto ella como sus hermanos se acercaran a distintas disciplinas: teatro, danza, pintura, incluso el deporte.

Había una intención clara de formación integral, pero entre todas esas posibilidades, hubo una que terminó por quedarse: el teatro de títeres.

En un inicio le resultaba cercano por una razón sencilla, porque era como jugar; manipular figuras, inventar historias, darles voz. Nada parecía demasiado distinto a cualquier juego infantil.

Pero el tiempo fue afinando esa percepción. Durante la secundaria y la preparatoria, cada vez que surgía la oportunidad de participar en un montaje, Fernanda se involucraba.

Lo hacía con tal intensidad que, casi sin proponérselo, terminaba ocupando lugares de liderazgo: organizaba, dirigía, actuaba.

Aquello que empezó como una inclinación se convirtió en una forma de trabajo. Ahí comenzó a delinearse una constante en su trayectoria: la capacidad de asumir la responsabilidad creativa.

 

Hacer un grupo de títeres

Aun así, su proyecto inicial no contemplaba la creación de un grupo. Tenía la idea de desarrollar espectáculos unipersonales porque sabía de los costos, los traslados, las dificultades logísticas.

“Yo quería hacer monólogos porque sabía que los formatos pequeños permiten mayor movilidad, mayor autonomía, pero cuando me integré a trabajar en la Universidad, me invitaron a dar un taller de teatro de títeres y todo cambió”, recordó.

“Empezaron a llegar estudiantes de distintas áreas de las artes, psicología, educación artística, incluso medicina, que querían entender cómo funcionaba ese mundo, cómo se construía un personaje, cómo se daba vida a un objeto”.

De este proceso nació el Grupo Bitache Títeres, entre 2021 y 2022, como resultado de un proceso colectivo.

“Bitache remite a una forma regional de nombrar a ciertas abejas alfareras, insectos que construyen sus nidos con barro. Entre bromas, comenzaron a llamarse bitachones y bitachonas”.

En términos escénicos, el trabajo de Fernanda Mejía se ha nutrido de diversas técnicas. Desde muy joven tuvo contacto con propuestas distintas gracias a festivales y encuentros.

 

FERNANDA MEJÍA. Los títeres van diciendo qué quieren ser.

 

Una de las que más la marcó fue el teatro negro, aprendido a partir de un grupo de Guadalajara que utilizaba figuras fluorescentes en escenarios completamente oscuros.

La experiencia fue tan significativa que gestionó la llegada de un tallerista a Culiacán para compartir esa técnica con su equipo.

“El teatro negro implica exigencias complejas, pero tuve contacto con un titiritero argentino que trabajaba con títeres de varilla, conocidos también como bocones, similares a los utilizados en formatos televisivos y eso me abrió otras posibilidades”, detalló.

Fernanda comenzó a combinar técnicas: el guiñol tradicional con los títeres de varilla, buscando ampliar las posibilidades expresivas y, sobre todo, fortalecer la interacción con el público.

Hoy, reconoció que esa mezcla es la que más le interesa, por su dinamismo y cercanía.

Al construir un títere, explica, la idea inicial rara vez se mantiene intacta. Lo que comienza como un personaje definido puede transformarse en algo completamente distinto. El títere le va diciendo qué quiere ser.

 

Teatro de títeres

Con el teatro de títeres, en su caso, mencionó que le interesa generar una experiencia compartida.

“El disfrute ocupa un lugar fundamental, poder divertirnos mientras trabajamos, es fundamental, para poder transmitirnos, eso nos interesa mucho”.

En un entorno donde el trabajo cultural enfrenta múltiples desafíos, su apuesta se sostiene desde la convicción. El teatro de títeres sigue siendo para ella, un espacio vigente. También un lugar donde la imaginación no solo se representa, sino que se comparte con su padre, que dirige Titiriteros UAS y otros compañeros.

Artículo publicado el 22 de marzo de 2026 en la edición 1208 del semanario Ríodoce

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