La adaptación de éxitos internacionales continua en el cine mexicano, y si ya funcionaron medianamente No eres tú, soy yo (2010), No manches Frida (2016), Perfectos desconocidos (2018), Como si fuera la primera vez (2019), Qué pena tu vida (2016), Mi pequeño gran hombre (2018), Una mujer sin filtro (2018), entre otras, ¿por qué no seguir aplicando la fórmula que evita crear, desarrollar y escribir una idea original? Igual se podría ganar mucho sin invertirle tanto. No importa que salga una cinta mala.
En 2013, apareció en Corea del Sur Milagro en la celda 7 (7-beon-bang-ui seon-mul), filme dirigido y escrito (entre otros) por Lee Hwan-kyung, que en 52 días se convirtió en el tercero más visto en ese país, con cerca de 13 millones de espectadores y poco más de 80 millones de dólares en recaudación.
Otros países buscaron replicar el resultado: Filipinas (2019), Turquía (2019) e Indonesia (2022). Con algunas variantes en la historia, la turca tuvo una recepción similar a la coreana, tanto en las salas, como a través de Netflix.
En esencia, la trama sigue a un padre con deterioro cognitivo, incapaz de hacer algún daño, que ama profundamente a su hija.
Sin embargo, es acusado, injustamente, de quitarle la vida a una pequeña, por lo que es
encarcelado.
A su llegada a la prisión, sus compañeros de celda no lo tratan muy bien, pero no tardan mucho en ver la bondad del nuevo interno, al igual que el encargado del reclusorio, gracias a lo cual le permite ver a su hija, a pesar de la orden del padre de la niña muerta, que es el jefe de la policía, de no tener piedad de él.
Las diferencias entre la turca y la coreana son significativas: la existencia o ausencia de una abuela que se encarga de la nieta; el comportamiento y el rol de los compañeros de celda del protagonista; el veredicto del juez; la visita de la hija a la celda y el tiempo que permanece en
ella; el involucramiento de la profesora en la situación; la forma en la que muere una menor; el objeto que relaciona al presunto culpable, su hija y la chica que muere; el trabajo del personaje principal.
México no se podía quedar atrás y lanzó La celda de los milagros (2025), dirigida por Ana Lorena Pérez Ríos, escrita por Patricio Saiz y disponible en Netflix, donde fue muy bien recibida, también.
Imitando más lo que hizo la turca, se trata de una producción mediana, con una fotografía decente y algunas actuaciones muy destacables (Gustavo Sánchez Parra, Jorge Jiménez y la simpática niña Mariana Calderón), pero falla en la elección de su protagonista.
En las otras versiones la historia recae mayormente en él, y Omar Chaparro se queda muy lejos del alcance, sobre todo, del coreano Ryu Seung-ryong: el mexicano es exagerado, falso, ridículo, incrédulo; sólo le apuesta a torcer su boca y hablar como cualquiera de sus personajes televisivos, sin la seriedad adecuada para interpretar a una persona con discapacidad.
De las tres, la cinta coreana es la mejor. No es que sea extraordinaria, pero funciona más tanto de comedia como de drama; tiene una narrativa coherente y verosímil; actuaciones impecables; un actor principal respetuoso de la condición de su personaje; escenas realmente dramáticas, conmovedoras, divertidas, entretenidas; un final arriesgado/valiente, que permanece por
mucho en la memoria.
Véalas… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






