La desaparición de seis turistas en Mazatlán el pasado martes 3 de febrero, le pega de lleno al puerto a solo una semana del inicio del Carnaval 2026. Al día siguiente liberaron a dos de ellos, una mujer y una menor, pero de los cuatro jóvenes restantes no se sabe nada.
La noticia, sin embargo, está en todos lados, compitiendo con los anuncios de la gran fiesta de la carne, sus artistas, reinas y reyes. Junto a las fichas de búsqueda de los turistas y una fotografía que se hicieron de su estancia en Mazatlán, están también los conciertos y la ceremonia de coronación.
Mazatlán prepara su fiesta máxima, cuando se abarrota por completo, pero la recurrencia de casos de privaciones de la libertad de turistas en los últimos meses, afecta de manera directa la imagen de la joya turística de Sinaloa. A eso se suma la utilización de artefactos explosivos en ataques a negocios y la atención mediática internacional que se está dando a otra desaparición, la de 10 trabajadores mineros en el municipio de Concordia.
Son los tiempos de los Monigotes, de coloridas formas entre el Malecón y el mar Pacífico, monstruos de la imaginación: un Camarón con una tuba o una Sirena con un corno. Quiérase o no, las desapariciones de turistas se enmarcan en la guerra de las facciones del narcotráfico que se extendió desde hace 15 meses al sur de Sinaloa. No por la participación de los turistas, sino convertidos en víctimas.
Los turistas privados de la libertad en tierras mazatlecas se suman a los cientos de reportes de desapariciones en Sinaloa, en su gran mayoría residentes locales, que se han incrementado desde el inicio de los ataques por uno y otro grupo en la guerra.
Tres sonados casos se acumulan: Este reciente de los cuatro jóvenes del centro del país, que paseaban en autos rentados en cerritos. Los tres jóvenes de Culiacán, capturados en el bar Cotorritos, en agosto pasado, liberados días después. El tercero es el joven Carlos Emilio, de Durango, visto por última vez en octubre en uno de los bares del Valentinos, de quien aún no se sabe nada.
Las versiones de los tres casos son similares en términos generales: Turistas en la diversión normal durante unas vacaciones en Mazatlán, hasta que un grupo armado los captura y los desaparece.
Margen de error
(Boom) El boom de crecimiento exponencial del puerto de Mazatlán entró en una desaceleración. Los informes de DATATUR, la plataforma oficial que registra ocupación y disponibilidad, muestra que durante 2024 se estacionaron los cuartos disponibles y disminuyeron los porcentajes de ocupación hotelera con respecto al año anterior. En 2025 aumentó la disponibilidad de cuartos en un 10 por ciento, con respecto al año anterior, pero disminuyó la ocupación de esos cuartos en un 6 por ciento; es decir, más cuartos disponibles pero menos ocupados.
Aun con esos datos, siguen siendo buenos tiempos para Mazatlán. Las inversiones de nuevas torres abundan, los cruceros se mantienen, y se sostiene una temporada casi alta todos los días de la semana, no solo en semana santa, carnaval o verano.
En el número total de turistas, también muestra Mazatlán esa desaceleración: en 2022 llegaron 2.8 millones de turistas; en 2023, bajó a 2.7 milones; en 2024, último dato disponible, 2.5 millones.
Primera cita
(Vap) 2.5 millones de turistas durante todo un año, es casi la población de Sinaloa de visita a Mazatlán durante un año, significa multiplicar por cinco los habitantes del puerto, solo que distribuidos a lo largo de los 365 días. Ese mercado es el que está en disputa en todos los sentidos. Un mercado para lo legal (servicios gastronómicos, aventuras, estancias), pero también para lo ilegal.
Por eso la guerra es por cada turista. No se explicaría de otra manera lo sucedido con los tres jóvenes de Culiacán que desaparecieron del bar Cotorritos en la Marina de Mazatlán. Explicado a posterioridad no es más que una nimiedad, un asunto sencillo en apariencia como la venta de vapeadores en el baño del bar. Así de simple,y vuelto peligroso al mismo tiempo.
Negarse a comprarlos fue suficiente para retenerlos. En Sinaloa significa que un grupo armado los priva de la libertad porque puede, porque no pasa nada, porque la cadena de corrupción se amplía del bar a la calle, de los empleados a los del transporte, a algunos policías municipales, a algunos policías de investigación, a algunos Ministerios Públicos. Pudieron intervenir, pero no lo hicieron. Debieron investigar, prefirieron esperar.
Mirilla
(Poder) Meterse con los turistas es un balazo en el pie. Mazatlán como destino turístico, creación de empleos y joya de Sinaloa, no puede quedar en manos de miles de militares que arriban para la coyuntura del Carnaval, en todo caso la responsabilidad está en los locales.
El descontrol llega al punto que los empoderados grupos del crimen se atreven a desaparecer turistas en grupo. De cuatro, de tres. Por sentirse empoderados, dueños y señores de antros, de las calles y de los pueblos.
En ese mismo marco se encuadra la desaparición de los mineros en Concordia. De la nada un grupo armado incursiona al pueblo y se lleva al mismo tiempo a una decena de personas. Pasa porque no pasa nada con ellos.
Ellos siguen igual, mientras la autoridad local está azorrillada, muerta de miedo.
Las explicaciones en casos como el de los cuatro turistas desaparecidos en Mazatlán son de la mayor relevancia. Reclaman aclararse a profundidad, como si se tratara de personajes relevantes. De cualquier otro modo seguirán repitiéndose, aprovechándose de la coyuntura de violencia que sigue invadiendo Sinaloa (PUNTO)
Artículo publicado el 8 de febrero de 2026 en la edición 1202 del semanario Ríodoce.






