Cuando Adán Augusto López Hernández presenta su renuncia como coordinador de los senadores morenistas es imposible no voltear a ver al expresidente Andrés Manuel López Obrador. ¿Cómo fue posible que lo tuviera tanto tiempo a su lado, que lo encumbrara a los más altos niveles de estructura gubernamental, que lo hiciera presidenciable y, por si fuera poco, que lo dejara como parte de la incómoda herencia destinada a la presidenta Claudia Sheinbaum? Si AMLO sabía —porque lo sabía gracias a los reportes de la SEDENA— que Adán Augusto había auspiciado el crimen organizado en Tabasco a través de Hernán Bermúdez Requena y su Barredora ¿por qué llevarlo luego como su secretario de Gobernación? ¿Debajo de qué tapete dejó el expresidente los valores de no mentirle al pueblo y de no traicionarlo? ¿Dónde el de no robar? La cauda de escándalos en los que el senador se ha visto envuelto en el último año es interminable y, vista en retrospectiva, lo que hizo López Obrador se antoja como una burla.
En algunas encuestas hechas para el diario español El País a finales del año pasado, López Hernández era el político de Morena peor evaluado, pero a la presidenta Sheinbaum debió costarle mucho trabajo desprenderse de ese lastre por el cobijo que siempre le ha brindado el otro tabasqueño, AMLO, y que le sigue brindando, porque solo así se explica que, con tanta evidencia en su contra, el senador siga sin contar con una investigación en su contra por parte de la fiscalía federal, ni denuncias ante la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno. Ni siquiera por el tema de la Barredora, la más escandalosa en un contexto como el que vivimos en México, de fuerte presencia de crimen organizado, narcopolítica y presiones norteamericanas.
La respuesta del senador cuando se hizo público el papel que jugó Hernán Bermúdez como jefe del grupo criminal fue infantil. Dijo que solo tuvo con él una relación laboral y que nunca supo que anduviera en esos pasos. La oposición en el Senado de la República exigió su desafuero, pero el morenista fue arropado por sus compañeros al grito de “¡No estás solo!”, igual que cuando los diputados y diputadas protegieron a Cuauhtémoc Blanco ante acusaciones de agresión sexual contra una hermana.
Adán Augusto ya arrastraba acusaciones relacionadas con la corrupción, pues se había ventilado su relación con empresas que le hicieron depósitos millonarios por “servicios profesionales” cuando se separó de la Secretaría de Gobernación para buscar la presidencia de la república, con el agravante de que algunas de ellas estaban fichadas por el SAT como factureras; además que el tabasqueño omitió esos ingresos en su declaración patrimonial, lo cual fue demostrado por investigaciones periodísticas.
Con nuestro marco legal existente, estas “omisiones” hubieran bastado para al menos amonestarlo, pero, incluso, para inhabilitarlo para ocupar cargos públicos. Pero nada de eso ocurrió. Y ahora el senador dice que recorrerá el país para fortalecer la unidad de Morena ¿con esa cara? ¿con esa historia? ¿con qué autoridad moral?
El reparto de miles de copias de Grandeza, el más reciente libro escrito por AMLO, es apenas anecdótico y en todo caso testimonio de una cursi lambisconería a su protector y de su frivolidad, la misma expuesta al apoyar a través de contratistas de la 4T a la senadora Andrea Chávez en sus anticipadas y costosas giras en busca de la gubernatura de Chihuahua.
En medio de la sacudida que ha significado la renuncia de Adán Augusto a su liderazgo en el Senado, el gobierno federal lleva a cabo otra “Operación Enjambre”, ahora en Jalisco, para detener al alcalde morenista de Tequila, Diego Rivera (lástima de nombre). Qué bueno que lo hizo. Lo acusan, a él y a su banda, de secuestro, extorsión, cobro de piso, delincuencia organizada y de estar vinculado al CJNG. Muchas operaciones de ese calado se requieren en muchas entidades de la república. El gobierno federal tiene todos los recursos para llevarlas a cabo, lo está demostrando; desmantelar a los cárteles de la droga no admite respiro; y si en la tarea hay que voltear a casa, hay que hacerlo sin titubeos.
Bola y cadena
EL RELEVO EN EL LIDERAZGO del Senado, el poblano Ignacio Mier, no canta mal las rancheras. “Ha dedicado toda su vida a la tarea legislativa” dijo Adán Augusto cuando lo propuso para reemplazarlo. Y es verdad, cuando en 1998 en la Cámara de Diputados se votó el acuerdo para crear la Ley de Protección al Ahorro Bancario, conocida como Fobaproa y proteger de la quiebra a la banca privada, Mier era diputado del PRI y votó y llamó a votar por el acuerdo junto con el PAN dirigido entonces por Felipe Calderón.
Sentido contrario
EN UNA CORTE DE VIRGINIA, el juez Anthony L. Trenga determinó que Dámaso López Serrano, el Minilic, purgará una condena de cinco años de cárcel y cinco más de libertad supervisada, para luego ser deportado a México, es decir en 2036. Hay una solicitud de extradición del gobierno mexicano para que sea juzgado en México por haber ordenado el asesinato de nuestro compañero Javier Valdez. Nosotros seguiremos presionando para que sea traído ya, no dentro de diez años. Al rato se monta otro cirquito para que lo vuelvan a detener y a sentenciar, porque lo que no quiere es estar en una prisión mexicana. Pero nosotros queremos justicia plena, y seguiremos en esa línea.
Humo negro
DETUVIERON A UNO DE LOS agresores materiales de los diputados de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres y Elizabeth Montoya, pero todavía no se ha dicho nada sobre el móvil. Ya dijo Omar García Harfuch que fueron los Chapitos, sí, pero ¿por qué?
Artículo publicado el 8 de febrero de 2026 en la edición 1202 del semanario Ríodoce.







