En la obra De bahías, amores y otros arrebatos dramáticos, el autor reúne siete piezas dramáticas ligadas a Sinaloa.
De bahías, amores y otros arrebatos dramáticos, de Ramón Perea, es un libro que celebra la palabra, su polisemia y su capacidad de nombrar el mundo desde múltiples significados.
Es también un homenaje a la gente del pueblo, a su manera de hablar y de contar, y al teatro como espacio donde la memoria, la violencia y la esperanza pueden convivir.
Lo hace a través de siete obras de teatro escritas a lo largo de más de dos décadas, entre 1995 y 2018. En ellas se advierte una dramaturgia —de acuerdo con el autor— arraigada al territorio, no solo por los espacios, sino por la voz que las atraviesa: el habla popular sinaloense.
Para Perea, el teatro nace de escuchar a la gente, algo que durante más de 30 años en el mundo del teatro ha hecho a lo largo y ancho de Sinaloa.
“Para mí el teatro es escuchar a la gente, de eso se trata; por ejemplo, en Mocorito me contaron un relato de una pelea de toros y eso lo retomo en estas historias”, dijo.
“Me patina por lo sinaloense, me interesa recoger el espíritu de la sociedad, sobre todo de la gente del pueblo; es lo que más me gusta. Escucho hablar a las personas. Me gusta jugar con el lenguaje, usar palabras que no significan lo mismo en Guasave que en Los Mochis o Culiacán”.
De bahías, amores…
El libro propone una especie de indagación del lenguaje y de la memoria oral. Muchas de las piezas parten de cuentos escuchados que luego el dramaturgo transforma, interviene y reescribe desde su oficio teatral.
Entre las obras incluidas destacan: La doble llave del carpintero o el mes de mayo pasa por la calle, El hombre de la bahía de Navachiste, Caitibirijoa. Obra panteonera, Naufragio al silencio, en dos heridas, Viandante y Del viento y otros amores que siempre pegan en mi pecho.
“Una de ellas narra la historia de una mujer que, después de ocho años, continúa la búsqueda de su hijo. Aunque la violencia está presente, no es abordada desde el golpe emocional fácil. Yo hablo de la violencia como una posibilidad de esperanza, no para provocar el llanto, sino para imaginar que las cosas pueden cambiar”, aclaró.
“El título del libro encierra también una declaración de principios: bahías remite directamente a El hombre de la bahía de Navachiste; amores alude a los vínculos humanos que atraviesan todas las historias, y los arrebatos funcionan como un juego con el lenguaje”.
Escribir para teatro
Perea ha escrito alrededor de 70 obras, además de teatro para títeres. Varias de sus piezas han sido montadas por distintos grupos del país. Actualmente, como jubilado del área de teatro de la UAS, radica en Guasave y desde ahí recoge su propio contexto geográfico.
Su ilusión es crear público, generar oportunidades para que la gente de la región asista al teatro y consolidar una dramaturgia que parta del lugar de los hechos.
Ya trabaja con textos que asumen plenamente la geografía dramática guasavense, convencido de que las historias locales contienen una fuerza universal.
Este libro, detalló, permite leer de manera conjunta una parte fundamental de su producción y comprender su evolución como dramaturgo.
Formado inicialmente en el taller de Jaime Chabaud, reconoce en Jesús González Dávila a su gran maestro, quien no solo lo ayudó a descubrirse como escritor, sino que lo alentó constantemente y le inculcó el interés por formar nuevos dramaturgos.
Hoy, con más de 30 años de trayectoria y 55 años de edad, el autor se encuentra en un momento de reflexión y continuidad creativa.
La obra fue presentada el miércoles 21 de enero, a las 16:00 horas, en la Casa de la Cultura de la UAS, con los comentarios de Juan Mendoza y Sofía Manjarrez.
Artículo publicado el 18 de enero de 2026 en la edición 1199 del semanario Ríodoce.






