Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca y su disruptiva forma de hacer política, cambió el panorama principalmente por su cambio de postura respecto al libre comercio y la diplomacia internacional. También, los países avanzados despertaron de un largo sueño para darse cuenta de que no pueden competir con China y que, además, su producción es indispensable. China ha tomado medidas ante los ataques a su economía, desde aranceles recíprocos hasta la prohibición de materiales indispensables en la industria, como hizo con Estados Unidos en el 2025 y en el caso de Japón apenas iniciado este 2026. Las reacciones entre países evidencian sin duda que la era del neoliberalismo económico ha terminado.
Hay una gran discusión sobre lo que significa el término neoliberal y en muchos casos se usa como un término peyorativo. En términos económicos lo neoliberal significa simplemente regresar al mercado. Ello significó la apertura económica, la firma de tratados de libre comercio, la adhesión de cientos de naciones a la Organización Mundial del Comercio y otros acuerdos multilaterales para facilitar los intercambios comerciales entre países. El neoliberalismo también condujo al retiro de los bancos centrales en el control de cambios, en la movilidad de capitales internacionales, así como la reducción del Estado.
Todo ello derivó a lo que hoy conocemos, una sociedad consumista, que si bien, en muchos casos su ingreso per cápita ha crecido moderadamente, el volumen de comercio internacional creció sobremanera, trayendo acceso a muchos bienes y servicios, así como a nuevas tecnologías que, sin tratados internacionales, libre cambio y estabilidad macro, no serían posibles.
No obstante, en este proceso China dejó de ser un vendedor de productos terminados a un costo muy bajo, y desplazó a los antiguos proveedores de tecnología, insumos, materias e incluso capitales. Su balanza comercial internacional es positiva y también sus productos indispensables. Ante ello, con el fin de proteger a sus economías Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, México y otros países, dieron un viraje a sus políticas comerciales.
Las implicaciones son muchas, y aún están por verse, no solo en términos de los costos de bienes e insumos, sino en términos geopolíticos y aún más profundamente, en estragos económicos de las naciones industrializadas desplazadas. Por ejemplo, las implicaciones en la industria de autos eléctricos han causado ya estragos en Alemania con fuertes protestas por la situación económica provocada por su nulo crecimiento y la severa crisis de su industria automotriz, aún con aranceles proteccionistas. Al mismo tiempo, al ser Alemania uno de los grandes motores económicos europeos, es claro que las afectaciones aún están por verse. Además, la propia nación ha decidido revivir su industria militar, y no es el único país.
También, han resurgido disputas de los sectores primarios en México, Italia, Francia e incluso en el propio Estados Unidos, por la incertidumbre de precios y producción que hoy se vive.
Los bancos centrales siguen sin tener la capacidad de regular y capturar los grandes flujos financieros que están saliendo de la banca tradicional y se ha movido a nuevos instrumentos, especialmente criptomonedas.
Ante tales escenarios, este 2026 la respuesta del Dragón Chino y las posturas con las que respondan los países irán definiendo las nuevas reglas del sistema económico que no es promercado ni neoliberal. Por supuesto, muchos destacan las victorias de la derecha, pero eso no significa que los puentes por ahora rotos se reestablezcan, al menos no en el corto plazo.
Artículo publicado el 11 de enero de 2026 en la edición 1198 del semanario Ríodoce.






