El Plan de Justicia para Comunidades Indígenas no ha aterrizado en la zona norte de Sinaloa debido a las confrontaciones internas en los pueblos de la etnia mayo-yoreme.
Y esos conflictos derivan en la imposición de cobanaros o gobernadores indígenas, un problema recurrente en los años recientes, y en el que el estado no tiene injerencia ni forma de solución pues se mantiene al margen de los usos y costumbres, respetando la autonomía y la auto regulación, como lo han hecho desde antes, dijo Mireya Espinoza Imperial, titular del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI).
Durante la entrega del reconocimiento a la Mujer Indígena, la titular del INPI añadió que sin un gobierno interno reconocido por todos los integrantes del pueblo, los programas asistenciales del gobierno no podrán aplicarse, porque eso lo exige la normatividad para llevarlos a las comunidades.
Añadió que existen muchas oportunidades de desarrollo financiadas por el estado, pero no se aplican y se pierden o emigran a otros pueblos con organización funcional.
Los programas van desde desarrollos comunitarios, autoempleo, educación, infraestructura, formas de financiamientos a proyectos productivos, conservación de lenguas, de medio ambiente y otros.
La funcionaria se pronunció porque los pueblos avancen en sus formas de elección de autoridades internas y se respeten las decisiones tomadas.
Vaticinó que si el desorden persiste, el Plan de Justicia para las Comunidades Indígenas se retirará de los pueblos. “Es deprimente, pero así son las cosas, mientras no se solucionen los problemas internos que suceden desde hace mucho tiempo, el gobierno no podrá beneficiar a la comunidad, en su plan integral. No se puede beneficiar a unos y a otros no. Los beneficios institucionales son para todos”.
En Ohuira, una comunidad originaria, su población mayoritariamente mayo-yoreme se ha mantenido alrededor de sus autoridades elegidas en la enramada, y aunque se ha dividido políticamente entre quienes defienden el medio ambiente costero como una alternativa de sustentabilidad y entre quienes aceptan la industria petroquímica sin saber nada de ella y sus efectos negativos a la subsistencia de las especies, estudiantes ambientalistas aplican ciencias sociales para avanzar.
Esto como un intento por reducir la brecha del antagonismo que fomenta el dinero de empresas extranjeras, la injerencia política para vender el territorio que no les pertenece y atentar contra la seguridad de las etnias, opinó Melina Maldonado Sandoval, una de las mujeres conservacionistas de la bahía de Ohuira-Topolobampo-Lázaro Cárdenas.
Además de estudiantes de sociología rural en la Universidad Autónoma Indígena de México (UAIM), Sandoval aplicó en la comunidad la prueba FODA que permitirá conocer las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas a la comunidad y su persistencia como etnia.
Ohuira es única en su género como combativa y autodefensa y la única comunidad del norte de Sinaloa en tener la prueba FODA o SWOT (por sus siglas en inglés) completa.
La prueba se aplicó en la comunidad con financiamiento del INPI, tras vencer obstáculos regulativos y de tiempo. En ella no hubo externos, solo la etnia que habló abiertamente entre iguales. A diferencia de otros estudios similares en los que se ha usado a dependientes mayos-yoremes para crear una especie de sincretismo social, arrasando con su cultura para despojarles la identidad y sus territorios, forzando el desplazamiento, comentó Melina.
“Por primera vez desde nuestra fundación, ahora tenemos una herramienta que es válida en cualquier dependencia local, regional, estatal, nacional o internacional porque se elaboró con estándares y métricas totalmente comprobables, y su resultado es incuestionable; ahora podremos defendernos de los extranjeros que quieren imponerse con sus criterios técnicos. Podremos hablar el mismo idioma, en sus términos, pero con nuestra lengua, nuestra cosmovisión y nuestra creencia. Ellos no pueden hacer eso”, dijo.
Sostuvo que ahora la comunidad ya sabe y entiende sus fortalezas, pero también comprende sus debilidades y está en miras de construir lazos para fortificarlas, pero también ya comprendió que hay oportunidades de crecimiento y está por desarrollar su propia forma de beneficio sin perder identidad, principios, ética, pero sobre todo, su ser mismo.
“No más sumisión, no más dependencia, no más imposiciones… y vamos por más… durante 10 años pretendieron disminuirnos, pero nos fortalecieron. Nos decían ignorantes por defender nuestro ambiente. Y nos obligaron a estudiar … ahora hablamos su propio lenguaje, entendemos lo que nos dicen y lo que pretenden, ejemplifica Melina.
El FODA, explicó, nos hizo ver que debemos aprovechar el desarrollo, pero no a costa de nuestra propia vida y de nuestros hijos, de cederle nuestro espacio vital a extranjeros a cambio de dinero, porque ellos tendrán la tierra, el agua, nuestro mar, nuestro aire y nosotros sólo contaminación; nos enseñó que nuestra forma de desarrollo ancestral está amenazada por los políticos y sus alianzas empresariales y el mismo muestra la solución pero ya con ciencia.
Con el diagnóstico no se termina, sino que comienza una nueva etapa, aseguró.
Artículo publicado el 28 de diciembre de 2025 en la edición 1196 del semanario Ríodoce.







