El PAN, un intento por resucitar

El PAN, un intento por resucitar

El Partido Acción Nacional fue el gran opositor en este país. Es curioso que 85 años después no sepa cómo comportarse como lo que fue la mayor parte de su historia. Desde muy temprano Manuel Gómez Morín, junto a Efraín González Luna y otros muchos, se dieron cuenta de la concentración de poder que amasaba para el futuro un presidente como Lázaro Cárdenas, el creador del corporativismo en lo que después sería el PRI.

El PAN buscaba ser una alternativa, definiéndose desde su nacimiento como un partido que impulsa los valores familiares, la división de poderes, una política basada en la moral y el derecho.

Siempre fue empinada la ruta para la oposición de este país, no se equivocaba ni un milímetro Gómez Morín cuando anticipó que la fundación del PAN “no era una tarea de un día, sino brega de eternidad.”

Esa es la historia, el camino a todos nos tuerce. Tendría que pasar medio siglo para que el PAN llegara a encabezar una gubernatura (Baja California en 1989) y seis décadas para que alcanzaran la presidencia de México (Vicente Fox en el 2000).

Al PAN lo desgastó muy rápido el poder. Vicente Fox ni siquiera se atrevió a desmantelar el sistema y prefirió co-gobernar con los priistas (¿derrotados?). El mismo Fox terminaría por reconocer años después que sentía que el PRI seguía mandando.

Felipe Calderón, lejos de consolidar un nuevo régimen al repetir el PAN, se enfrascó en una guerra contra el narco, colocándolo como el gran enemigo que amenazaba al Estado Mexicano. Calderón sembró la discordia dentro del partido de toda su vida, al que se unió siendo un chamaco con las juventudes azules. Provocó una desbandada, impuso una candidata debilucha para sucederlo y provocó el retorno del PRI.

Con esto quiero decir que la crisis del PAN —y de todos los partidos— no es nueva, es decir, no se explica únicamente con el avasallamiento de Morena en las contiendas electorales (las de 2018 y 2024). Viene desde muy atrás, desde el momento mismo en que alcanzaron el poder en el 2000 y la impericia para reconvertir a México en lo que el mismo PAN marcaba en sus preceptos ideológicos. No resultaba fácil, claro, pero a la postre dejó la idea de que ni siquiera lo intentó.

Unos datos simples revelan el tamaño de la derrota del PAN. La mejor manera de medirlo es con las preferencias electorales. Acción Nacional perdió el 92 por ciento de sus votos entre la elección del 2000, cuando ganaron la presidencia con Fox, y la de 2024 cuando por primera vez fueron juntos con el PRI a una elección presidencial, esa catástrofe con Xóchitl Gálvez. Es decir, en el 2000 el PAN alcanzó el 34.7 por ciento de las preferencias de los votantes, y en 2024 apenas llegó al 18 por ciento. De ese tamaño es la caída.

 

Margen de error

(Romero) Hoy, 2025, el sistema de partidos está a prueba. Más allá de lo que resulte la reforma electoral de la 4T que está en marcha (la semana pasada Jesús Ramírez, coordinador de Asesores de Sheinbaum, tocó base en Sinaloa para recabar las ideas sobre los cambios en la materia), cada agrupación política de México está enfrentando sus propios demonios (incluida Morena). Ellos, estos partidos, piensan solamente cómo enfrentar la hegemonía morenista de las dimensiones del PRI posrevolucionario. Pero no, son sus demonios internos quienes los persiguen, a quienes tendrían que apaciguar, desaparecer, o de plano mejor convivir.

Jorge Romero Herrera se ha encargado de hacer un relanzamiento del partido ubicado en el ala conservadora de México. Romero es un abogado de 46 años con cara de niño y pelo engomado. Suele hablar con un exagerado histrionismo, así fue como dio el banderazo a lo que llamó una nueva era y “la última llamada para la oposición.”

Han reformado el logo y han hecho hablar con inteligencia artificial a tres grandes personajes de su partido: al fundador Gómez Morín, al ejemplo de la perseverancia Luis H. Álvarez y al rebelde Maquío. Les hicieron decir con IA: “No se rindan”.

Romero Herrera logró llenar su casa de panistas como Margarita Zavala o Santiago Creel, también propanistas como Claudio X. González. Además consiguió que por video le mandaran un mensaje de apoyo el historiador Enrique Krauze, el expresidente del INE, Lorenzo Córdova, y hasta José María Aznar, expresidente de España, del Partido Popular.

Pero el histrionismo de las palabras de Jorge Romero, y del evento mismo, contrasta con la sustancia de sus palabras. Hay arenga, estridencia, pero no una propuesta opositora más allá de decir “¿qué le queda a Morena de su discurso?, ¿qué sostienen en la práctica de ese discurso? ¿Todavía se atreven hoy a hablar de transformación, de honestidad, de austeridad?”

A 20 meses de la próxima prueba, las elecciones intermedias de Sheinbaum y la renovación de casi la mitad de las gubernaturas, Romero les pide “pónganse a trabajar…que se vuelvan competitivos en su tierra, que se ganen a la gente”.

La tarea no es fácil, pero al menos el PAN da una prueba de que lo intenta. Cayó a tal punto que dos de sus emblemáticos dirigentes nacionales, Germán Martínez y Manuel Espino, terminaron en las filas de Morena (Martínez se deslindó muy rápido y con mucho ruido).

Primera cita

(Creer) El PAN ahora necesita aclarar en qué cree, más allá de los actos de fe. Cuáles son sus principios. Definirse con la mayor exactitud ideológica, no solo en el espectro de derechas e izquierdas. Guste o no una democracia necesita de partidos políticos. Preferencias aparte, entre más fuertes mejor. A nadie hace bien un partido hegemónico del tamaño del PRI histórico, ni siquiera a quienes están ahora en el poder.

El PAN de Sinaloa tuvo a figuras emblemáticas, protagonistas de aquellas grandes luchas. Estos empequeñecidos líderes de ahora bien harían en leer un poco de aquella historia de Rafael Morgan, Meché Murillo, el Maquío (PUNTO)

Artículo publicado el 26 de octubre de 2025 en la edición 1187 del semanario Ríodoce.

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