Claudia y el fantasma de AMLO

Claudia y el fantasma de AMLO

A estas alturas pocos tendrán duda de que López Obrador no se equivocó en perfilar a Claudia Sheinbaum como la sucesora. Porque el arte mayor de la política, lo aclaró Maquiavelo hace casi 500 años y el PRI lo ejecutó durante décadas hasta que perdió el toque, no es conquistar el poder sino conservar el poder.

La Presidenta salvó el primero de seis años. Lo hace sin escándalos que la salpiquen de manera directa, mostrando dos cualidades básicas: serenidad y tersura. Sigue los pasos de López Obrador, pero no es un remedo de él, no es más Pejista que el Peje como muchos de sus imitadores.

Arrastra, ciertamente, los problemones que heredó como el contracturado sistema de salud y su insalvable desabasto de medicamentos. O la violencia y sus ramificaciones. O el huachicol fiscal. Pero ni en éste, ni en otros, echará culpas a su antecesor, las líneas de seguimiento muestran que intentan corregir y retomar en algunos casos un rumbo distinto, sin admitirlo abiertamente.

Siguen las maratónicas sesiones de la Mañanera –quizá con menos raiting- pero cumplen con el objetivo de marcar la agenda de temas desde primera hora. La Mañanera mantiene atención de los medios y los adversarios, aunque se le siga criticando por las mismas razones del pasado.

En el gabinete presidencial no han surgido estridencias y se muestra homogéneo, no como aquel con que arrancó López Obrador que parecía lleno de parches para cumplir los acuerdos con tirios y troyanos. El ruido sigue en dos de las corcholatas que le impusieron: Adán Augusto López, en el Senado y sostenido de un clavo ardiendo; y Ricardo Monreal, que aun arrastra el colmillo para mostrarse como si gozara de los cariños de la Presidenta. Ellos se han convertido en el lastre, hasta ahora.

Por si fuera poco le ha tocado liar a un Trump recargado, que ha puesto en vilo la economía global con sus anuncios de aranceles, restricciones y amenazas. México ha resultado bien librado, hasta ahora, pero con Trump todo se vuelve un terreno pantanoso.

Ahora está Sheinbaum en un recorrido por el país, en lugar de esos informes periódicos de López Obrador en el Zócalo para celebrar cada una de sus fechas y convertirlas en informes, la Presidenta opta por recorridos por el país con eventos masivos. Los gobernadores se encargan de juntarle a miles, y así va de ciudad en ciudad por todo México.

 

Margen de error

(Chingada) AMLO podrá estar en La Chingada, Chiapas, pero parece omnipresente. Se le invoca mucho menos que siendo presidente, pero sus detractores o adversarios como los llamaba él a diario, no lo olvidan ni por un segundo. A cada acción o reacción del gobierno, surge invariablemente una alusión a López Obrador. Por acción u omisión culpable del asunto, según esa narrativa.

AMLO dijo que su sucesor sería menos peleonero, se refirió en masculino, pues resultó nada peleonera. Señala igual a personajes del pasado, como a Zedillo en su momento o Calderón como el enemigo favorito; confronta a quien llamaban la mafia del poder, pero no es acertiva en frases burlonas como López Obrador, y no pasa a mayores.

Parecía en campaña demasiado tibia, insabora, pero Claudia Sheinbaum ha resultado justa para una serenidad en el mandato que López Obrador nunca quiso ensayar.

Se dijo de ella que sería títere de AMLO, hoy aun algunos y algunas lo repiten pero cada vez es más claro que eso no existe.

Andrés Manuel le dejó una agenda y muchas fichitas como herencia, esa agenda está marcada en aquellas reformas legales y constitucionales que proclamó AMLO en febrero de 2024, y la Presidenta las va sacando una a una, como la Reforma Judicial o la Electoral que viene. Pero eso no ha significado que en Palacio viva la Presidenta y en La Chingada el que manda.

 

Primera cita

(Adán) Adán Augusto ya fue exiliado del paraíso (por aquello de que Tabasco es un Edén) pero hace como que no lo sabe. Las evidencias sobre las millonarias transferencias a su cuenta como un Notario Público estrella en Tabasco, fueron la manzana envenenada que lo lleva a la expulsión. Con el líder de la mayoría en el Senado, la Presidenta –o Morena, o la 4T, como se quiera ver- se juegan más de lo que parece.

La bandera de Sheinbaum –a diferencia de AMLO- no es la corrupción, pero su movimiento requiere mantenerlo como un tema permanente, y en eso Adán Augusto es ya insostenible. Sin contar lo que resulte de la captura de su exsecretario de seguridad en Tabasco, que también tenía la cachucha de líder mafioso.

Similar es el asunto del huachicol fiscal, esa importación de combustible sin el pago de impuestos que ya ha forjado fortunas y que tiene abierta una carpeta de investigación, que involucra hasta quien sabe dónde en las esferas del alto poder político, no solo de mandos de la Marina.

Casi nada ha tenido qué hacer Sheinbaum para sacudirse a sus contrincantes internos, ellos solos se hunden. Solo le faltaría Marcelo Ebrard que se mantiene silencioso, calladito se ve más bonito.

 

Mirilla

(Violencia) El otro frente con el que se juega mucho Sheinbaum, su gobierno y hasta la 4T es en la pacificación del país, o al menos en la reducción sostenida y generalizada de los índices de violencia e inseguridad que se alcanzaron. No basta con una reducción de los homicidios, como se ha mostrado hasta ahora. Porque las desapariciones se mantienen y hasta se incrementan sin una salida clara.

Sinaloa es precisamente lo que pone en juego la política de seguridad de Sheinbaum, un asunto siempre escabroso y que muy fácilmente se desmorona, si no piénsese en García Luna (PUNTO)

Artículo publicado el 5 de octubre de 2025 en la edición 1184 del semanario Ríodoce.

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