Qué come usted: Fanta de naranja

Qué come usted: Fanta de naranja

 

A inicios de este mes, dentro de la propuesta del Paquete Económico 2026, se agregaron lo que se presentó como “Impuestos saludables” a bebidas saborizadas, tabaco, videojuegos de naturaleza violenta y casas de apuestas en línea. Con esta medida, cita el documento, se busca “desincentivar el consumo de productos que afectan la salud física y mental de la población”.

México es uno de los países con mayor índice de consumo de refresco per cápita; estadísticas han registrado consumos anuales de hasta 166 litros en promedio por cada mexicano.

Con palabras cuidadas, la propuesta de Impuestos saludables indica que el elevado consumo de bebidas saborizadas (ya no solo azucaradas) ha “contribuido (es decir, no todo es culpa de los refrescos) ya que el 76.2 por ciento de la población mayor de 20 años presenta sobrepeso u obesidad, condiciones asociadas con enfermedades como diabetes, padecimientos cardíacos, cáncer, osteoartritis y trastornos metabólicos”.

Dentro del catálogo de Coca-Cola, Fanta es una de las marcas más sólidas, y la de sabor naranja, la más popular. Estas marcas y las de Pepsi, Del Valle y muchas otras, son el objetivo de este nuevo aumento a los impuestos en bebidas que, declaró el presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de Bebidas, terminarán pagando los consumidores.

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La botella de la línea Fanta tiene una forma extrañamente acinturada. Su transparencia deja ver el color del refresco que combina con la etiqueta, que es también color naranja. El nombre de la marca se presenta en fuente blanca sobre un fondo azul, mismo color de la taparrosca. Se aprecia la ilustración de un cuarto de naranja sobre un chisporroteo de jugo. Una pequeña llamada en forma de gota indica “Más sabor”.

Un poco más a la derecha, un tanto fuera de la visión frontal del cliente, podemos ver dos sellos de advertencia: exceso de calorías y exceso de azúcares, así como una leyenda precautoria que indica “Contiene edulcorantes (artificiales) no recomendable en niños”.

INGREDIENTES

El refresco Fanta de naranja está elaborado con nueve ingredientes. Por su naturaleza, el agua carbonatada, es el de mayor contenido. Le siguen los azúcares añadidos (azúcar regular); el misterioso concentrado Fanta Naranja sabor natural a naranja; benzoato de sodio, como conservador; una mezcla de dos edulcorantes artificiales, en este caso sucralosa y acesulfame K; y tres colorantes: amarillo 6, amarillo 5 y rojo 40.

El contenido total de azúcar en una botella de 600 mililitros es de 29.4 gramos, superior a los 25 gramos recomendados por la OMS para un adulto sano. Ese exceso de azúcar le vale portar los sellos de exceso de azúcares y calorías, y a su vez lo convierte en una opción descartable para personas que estén buscando perder peso, luchen contra la diabetes o enfermedades del corazón.

El producto, al contener edulcorantes artificiales, no es recomendable en niños, tal y como lo indica la leyenda precautoria. Ambos edulcorantes, aun sin ser calóricos, están relacionados con el desarrollo de gusto por lo dulce. Estudios han demostrado que la sucralosa puede dañar la flora intestinal.

La ingesta de colorantes artificiales, como los contenidos en este producto, así como los conservadores de benzoato, también contenido en Fanta, han demostrado aumentar la hiperactividad en niños de edad preescolar.

LAS REFORMULACIONES Y LOS IMPUESTOS

Apenas un día después de publicada la propuesta de los “Impuestos saludables”, Andrés Massieu Fernández, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de Bebidas, fue entrevistado por Ciro Gómez Leyva.

Massieu Fernández dijo que el impuesto “desincentiva la reformulación, y la oferta de productos sin azúcar o sin calorías”. Tal parece que no lo sabe, o si lo sabe lo esconde, que la industria tiene años reformulando en silencio.

Hace 10 años, por ejemplo, la Coca-Cola original tenía 10.5 gramos de azúcares por cada 100 mililitros; ahora tiene 7.5 gramos y un chirrín de sucralosa y acesulfame K, para compensar la pérdida de dulzor con la reducción de los azúcares. ¿Por qué lo hicieron, por bondad? No lo creo.

En la última década el catálogo de Coca-Cola, incluidas las versiones de Fanta, sufrió reformulaciones, motivados principalmente por el gravamen de un peso por litro aplicado en 2014, la férrea narrativa en contra de las bebidas azucaradas —principalmente las que contenían jarabe de maíz de alta fructosa— y el forzoso uso de sellos de advertencia implementado en 2020.

Actualmente, es difícil encontrar al jarabe de maíz de alta fructosa en las listas de ingredientes de cualquier bebida: volvieron al azúcar regular como su principal edulcorante que, metabólicamente, es mucho menos dañino que el jarabe de maíz. Eso sí, recurrieron al uso de edulcorantes artificiales. Taparon un hueco abriendo otro.

Otra de las cosas que hizo la compañía para encontrar ese mercado que desistió de las bebidas azucaradas, fue el de ampliar la oferta de su marca de agua mineral Topo Chico, incluyendo las versiones con sabores naturales de limón y toronja. Aún con los impuestos y las regulaciones, sí reformularon y sí ampliaron la oferta de productos sin azúcar.

Si bien la medida de aumentar los impuestos es plausible, es apenas una bofetada, más que un golpe de nocaut. Aunque el aumento de 87 por ciento al impuesto suena fuerte, en los pesos y centavos no se traduce de igual manera. Ahora cada litro de refresco tendrá impuestos por 3.08 pesos, cuando antes tributaba 1.64.

Estos aumentos tibios contribuyen poco al desistimiento en la compra de productos nocivos como los refrescos. Al final, 1 o 2 pesitos más son pagables en cualquier estrato. Por lo pronto, el impuesto ayudará a recaudar más recursos para que —esperemos— sean usados en el combate a los estragos que dejan las enfermedades no transmisibles. Así mismo, podría motivar a nuevas reformulaciones y a la mejora de la oferta por parte de los refresqueros.

Artículo publicado el 28 de septiembre de 2025 en la edición 92 del suplemento Gula.

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