“El hombre es la pasión inútil de ser dios”
Jean Paul Sartre
Jaime Labastida (1939) nace en Sinaloa, “una geografía terca, seca” frente al Golfo de California que el sol “bañaba en sangre”. Crece en la tierra de la utopía (Los Mochis) soñada y trazada por Albert K. Owen, uno de los iniciados en el socialismo utópico, quien siempre estuvo más cerca de la razón que del mesianismo milenario. Quizá fue ese designio del porvenir, el que lo alejó de los estudios del derecho (UNAM) y lo llevó al campo de la filosofía-poesía, dos matices de un solo espíritu. Esta aparente dicotomía razón-pasión es el motor primero desde el principio hasta la actualidad, en la que según sus propias palabras, lo obliga a un desdoblamiento y distanciamiento: se pregunta en filosofía y escribe-crea en poesía, que tienen en común la casa de la palabra. Pero ambas comparten una visión que aspira el conocer por el origen y tienen como territorio común la trascendencia.
La filosofía como forma de preguntarse o de preguntar, quizá iniciada en la contemplación rojo-sangre de las aguas en los atardeceres en Maviri en su niñez, tienen que ver con los misterios cosmogónicos de la filosofía náhuatl (Miguel León Portilla) y el racionalismo que permeará toda su indagación-búsqueda filosófica que tiene en el racionalismo de R. Descartes el basamento que deriva en las preguntas sobre la ciencia y la forma de conocimiento de la naturaleza, posiblemente también del hombre. Y serán sus estudios sobre Humboldt (viajero conocido) y la antropología filosófica sobre el saber científico, un recorrido obligado sobre el dominio cognoscitivo del hombre sobre la naturaleza.
La poesía como el deseo de ser dios, crear su muy personal Génesis, sin que nadie pregunte o cuestione, que lo acerca a la cosmogonía gozosa de los griegos en la que el deseo y la muerte efímera de lo erótico son hoy y siempre. Abarcar los accidentes de la vida como principios necesarios a través de la escritura poética. Porque en el maestro Jaime Labastida “la necesidad que tenemos de que prevalezca el orden por encima del caos” (Igor Stravinsky. Poética Musical. Ed. Taurus. p.10), es una pasión racional en lo que lo sensible (erótico), es el principio del edificio de la razón.
Jaime Labastida, uno de los pensadores mexicanos más lúcidos, vivió la cosa política como una forma de intervenir en lo social, por ello no es contingente su participación en la defensa por la libertad de expresión a favor de David Alfaro Siqueiros junto con un emblema de la izquierda pura, José Revueltas, pero también su posición en primera línea para resguardar la autonomía de la universidad Nicolaíta junto con Adolfo Sánchez Vázquez. Ese espíritu también lo impulsó a fundar-participar en la Espiga Amotinada junto con Juan Bañuelos, Eraclio Zepeda, Óscar Oliva como una forma de convicción de la creación comprometida. Complementariamente sus artículos en la prensa masiva que le valieron el Premio Nacional de Periodismo y Premio Nacional de Ciencias y Artes por su aportación en la filosofía, poesía, ciencias sociales y el mundo editorial por su presencia en Siglo XXI Editores, una de las editoriales vigentes en el mundo de habla hispana, son una referencia de una vida intensa.
Pero para Jaime Labastida, la reflexión de los grandes pensadores, se ve ahogada en un mundo banal, dominado por los medios masivos de comunicación en los que es de mayor trascendencia la efímera actuación de un artista pop o los asuntos personales de una estrella de cine, que los cuestionamientos sobre los grandes problemas de la humanidad o las acciones de pequeños dictadorzuelos en contra de ella. Sin embargo, el lenguaje, a través de la palabra escrita, como imaginación, recuerdo, reflexión o sentimiento logra una dimensión superior que trasciende y sacude al hombre y transfigura el universo.
Artículo publicado el 24 de agosto de 2025 en la edición 15 del suplemento cultural Barco de Papel.



