El Movimiento Socialista Indígena en Bolivia duró 20 años. Su principal creador Evo Morales, lo enterró. Bolivia, mayoritariamente indígena, cerró este domingo 17 de agosto, la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
El Movimiento al Socialismo (MAS), que bajo el liderazgo de Evo Morales inauguró en 2006 un ciclo político a favor de los más pobres de Bolivia, marcado por la expansión del Estado, la redistribución de la renta y un inédito protagonismo de los sectores indígenas y campesinos, ha reducido a la marginalidad su fuerza electoral. El resultado de las elecciones del 17 de agosto representa una derrota estructural: la izquierda boliviana fue derrotada, después de 20 años de hegemonía. Editorial del periódico El País.
Partido o movimiento que se divide es derrotado. El MAS pagó el precio de sus divisiones internas, del enfrentamiento entre “evistas” y “arcistas”, la cerrazón de Evo Morales por tratar de regresar al poder y de la falta de renovación de sus cuadros.
El voto nulo, alentado por el propio expresidente Evo Morales, como protesta contra su inhabilitación, alcanzó casi una quinta parte de las papeletas y debilitó aún más al que se consideraba su delfín, Andrónico Rodríguez, quien apenas logró un 8 por ciento de apoyo. Al final, el MAS quedó reducido a un actor secundario sin representación significativa en diputados ni senadores. Como un referente contestatario.
El caso boliviano encaja en una tendencia más amplia en la región. Tras la ola progresista que marcó el inicio del siglo, varios países de América Latina viven un retorno a liderazgos conservadores o liberales, con matices nacionales. Argentina, Ecuador y ahora Bolivia se inscriben en esa secuencia que, aunque no siempre responde a la misma lógica, comparte un denominador común: el desgaste de proyectos progresistas que no lograron renovar su legitimidad después de largos años de poder.
Con lo que acaba de pasar en Bolivia, la figura de José Alberto Mujica Cordano (Montevideo, 20 de mayo de 1935-13 de mayo de 2025), mejor conocido como José Mujica, o El Pepe, su figura se agiganta en el mundo. Pepe no se creyó el dueño del movimiento en Uruguay, nunca pensó en ser un líder eterno, la reelección interminable no fue su problema, como otros líderes en Latinoamérica. Pepe no compartió las reelecciones del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
La falta de humildad de Evo Morales, sumado a una lectura incorrecta de la coyuntura, lo llevaron a la destrucción de su obra: si no soy yo, que se hunda el barco. Partido o movimiento que no es capaz de crear nuevos cuadros, está condenado a dejar el poder a otras fuerzas.
Partido o movimiento que no es capaz de renovar su legitimidad después de largos años de poder, está condenado a la derrota.
El MAS de Evo Morales vivirá desde la oposición una situación bastante difícil, con un pequeño grupo en el parlamento.
Artículo publicado el 24 de agosto de 2025 en la edición 1178 del semanario Ríodoce.






