El pintor sinaloense retrata a grandes de la música en una exposición
Michael Jackson, Amy Winehouse, Jimi Hendrix, John Lennon, Eric Clapton, Kurt Cobain, BB King, The Beatles, están reunidos en un mismo espacio: en la exposición Leyendas de Mario Iribe.
En las obras, más allá de reproducir las figuras de los artistas, lo que buscó es retratar su alma, lo que sienten y comunican.
Por eso, se les ve con toda esa energía; tocando un instrumento, cantando, pero también en silencio.
En la Galería Alicletas, el artista mencionó que lo difícil no fue lograr el parecido, sino captar el alma de cada uno de ellos.
Inspirado por la música, pero guiado por la sicología de los personajes, Iribe se acerca a sus sujetos con una mezcla de admiración y análisis. Observa, interpreta, traduce.
“En este proceso de hacer los cuadros aprendí que no basta con representar a un ídolo en el lienzo, ni que solo se le parezca. Lo importante es lograr que algo de su espíritu, de su historia, de su dolor o de su gozo se quede flotando en el cuadro”, explicó.
“Busqué que al mirarlos, uno pueda casi escuchar un acorde, un verso, un grito ahogado o una carcajada. Porque esos artistas no solo marcaron una época, también nos enseñaron a sentir”.
Leyendas
Mientras pintaba, el creador señaló que no pensaba en sus retratos como algo decorativo, sino como una forma de explorar lo humano. Imaginaba la tristeza de Amy, en la mirada perdida de Cobain, en la euforia de Jimi con su guitarra incendiaria, en la fragilidad de Michael Jackson, en la calma poderosa de BB King, en la voz que aún resuena de John Lennon pidiendo paz.
“Más que copiar sus rostros, me interesaba quedarme en ese instante en que se transformaban en leyenda, en ese segundo donde eran más emoción que cuerpo. Así fui creando uno a uno los cuadros. Sin darme cuenta ya tenía nueve, entonces decidí que era momento de compartirlos”, señaló.
El pintor mencionó que también pensó mucho en la música mientras trabajaba. “Escuché alguna vez una entrevista que le hicieron a Sting donde decía que después de cantar ante 50 mil personas su cuerpo tardaba horas en volver a la calma”.
“Esa adrenalina, esa entrega absoluta, fue lo que intenté traducir al color, al gesto, a la composición. No sé si lo logré. Tal vez no, pero sí puedo decir que cada trazo lo hice con el mismo respeto y la misma intensidad con la que ellos vivieron su arte”.
Artículo publicado el 15 de junio de 2025 en la edición 1168 del semanario Ríodoce.






