El penal de Aguaruto era una bomba de tiempo. Estalló. Ahora de nueva cuenta es una bomba de tiempo activada, no se trata de ser un ave de mal agüero anticipando infortunios, ni tampoco un adivino genial, ese pequeño sitio reúne todas las características para que más temprano que tarde se desaten los demonios. Los otros dos centros penitenciarios de Sinaloa, el de Mazatlán y Ahome, también lo son pero más pequeños, a nivel de petardos (el de Guasave es aparte porque es una cárcel federal).
En Culiacán se estuvo desactivando la bomba durante meses, particularmente las últimas semanas. Finalmente estalló y se pudiera decir que salió barato. Mucho ruido, tronaron muchos cuetes, pero a pesar de la exageración inicial no hubo personas privadas de la libertad muertas en la versión oficial, tampoco visitas o algún custodio. Eso sí, otra vez la ciudad estuvo en alarma. Este sobresalto constante en que hemos vivido ya nueve meses.
El penal de Culiacán, es una réplica a escala de la ciudad. Si en las calles y pueblos se sostiene a tiros y sangre la pugna entre Chapitos y Mayitos, sin darse tregua, arrasando con lo que topen a su paso, en las once hectáreas de la cárcel de la capital de Sinaloa igual hay un enfrentamiento, para ser precisos es predecible un enfrentamiento como el que ya ocurrió el 21 de mayo. Lo que sucede afuera en los 65 kilómetros cuadrados de Culiacán no es ajeno a lo que pasa adentro, en ese minúsculo territorio del penal. Es el principio de correspondencia: lo que es arriba, es abajo.
Se prefiere pensar en una cárcel como un mundo aparte, cuando es todo lo contrario. La cárcel es nuestro reflejo. En este caso particular de Culiacán, el penal es también un territorio en disputa E igual que afuera hay muchos atrapados en esa pugna, sin poder hacerse a un lado, confinados en esa ciudad en pequeño. Afuera somos un millón, dentro 2 mil 135 que hacen una ciudad a escala.
Afuera hacemos como que no queremos saber lo que sucede adentro, excepto cuando la bomba estalla. Por eso hace muchos años se hicieron los cambios de nombre a lo que desde siempre se había definido en términos religiosos adoptados como jurídicos. De ahí lo de penitenciaria, de penitencia o castigo, que ahora es Centro de Ejecución de las Consecuencias Jurídicas del Delito, aunque solo es para efectos legaloides porque se sigue llamando simplemente Peni. Los internos, antes llamados reclusos o reos, ahora son PPL, Personas Privadas de la Libertad. Hasta antes de todos esos cambios prevalecía un castigo hasta en las palabras. En la cárcel todo se deshumaniza.
Fuera de términos filosóficos o antropológicos, el penal de Aguaruto no es más que otro frente de esta pugna entre las facciones del crimen. Y ahí hay personas también atrapadas en lo que el pasado miércoles fue también un fuego cruzado. No se hicieron daño, por ahora.
Margen de error
(Ingenuo) Los recientes esculques en el penal tuvieron hallazgos escandalosos. Casi increíbles, si no fuera porque suena a una noticia repetida, que hemos venido escuchando y leyendo de toda la vida: Armas de alto poder como AK-47 o R15, explosivos, granadas de mano, celulares, droga, y lo que usted se imagine que hay afuera también está adentro.
Cuando la autoridad anuncia lo que encontraron dentro de la cárcel parecería casi una mala broma. De tan impresionante no queda más que hacerse la pregunta más tonta e ingenua posible: ¿Cómo entran armas? Y cuando nos damos cuenta de lo obvio nos respondemos: Pues por la puerta, ni que se tratara de un alfiler que se esconde con facilidad. Una cárcel solo tiene una puerta, como cualquier casa.
Nos hemos acostumbrado a que ningún gobierno en México logre lo más simple y elemental. Damos por descontado que en una cárcel hay armas y que en cualquier momento estallarán.
Primera cita
(Tú puedes) En mis tiempos de reportero de televisión en el entonces Canal 3, por muchos meses entré al penal para contar historias de hombres y mujeres esperando su libertad. Una gran mayoría, presos y presas por trasiego de drogas. Muchos se decían inocentes –en una cárcel, se dice, todos son inocentes-, en su dicho desconocían que el camión o el auto transportaban drogas.
Había un cantante que era el emblema del encargado de las cárceles. Permitía su salida constantemente para ratificar el mensaje de readaptación, por ese entonces ese era el nombre jurídico de la cárcel: Instituto de Readaptación Social, IRS. El cantante salía a cantar a programas y a eventos, contando los días para retomar su carrera.
Los encargados de las cárceles en ese entonces, el sexenio de Juan Millán, se habían convencido que no impediría el acceso de la droga al penal, y mejor implementaron un programa para tratar la adicción, lo llamaron Tú Puedes, que sigue vigente.
Se adaptó un área de confinamiento para la etapa de abstinencia, y mes con mes se invitaba a los medios de comunicación a presenciar el ingreso de un grupo y la salida de otro. El acto principal era el mensaje de que habían vencido la adicción. Dentro había droga, igual que afuera, pero se pensaba que llegaría el momento en que se acabaría la demanda.
Mirilla
(Afuera) Dentro, desde hace meses se hablaba del peligro inminente. La autoridad lo sabía, por eso en las últimas semanas se habían intensificado las revisiones. Módulo por módulo se encontraban armas. Siempre hay armas dentro, pero ahora se convirtió en un arsenal.
Por si faltara un frente más de los muchos abiertos en esta pugna, el territorio del penal es también una zona en disputa. Lo que es afuera es adentro (PUNTO)
Artículo publicado el 25 de mayo de 2025 en la edición 1165 del semanario Ríodoce.







