Sin la pintura no existo: Kan Guerrero

Sin la pintura no existo: Kan Guerrero

Pintor de la vieja guardia sinaloense, el maestro asegura que, aunque trabajó de oficinista, el arte siempre ha sido su mayor pasión

Kan Guerrero pertenece a la generación de los artistas de la vieja guardia sinaloense, de aquellos que emergieron de los tiempos convulsos de la política, las vanguardias artistícas, el rock, la psicodelia de los 60 y la apertura de espacios independientes.

También a la emergencia de hacer un arte que encarara al espectador, a la arquitectura del paisaje y la abstracción de las formas pictóricas, en un estado donde la creación apenas se delineaba.

El refugio de entonces era la Escuela de Artes y Oficios de la UAS, lugar al que llegó después de haberse dado cuenta que su destino no estaba estudiando administración.

Desde niño le gustaba el dibujo y ahí lo reafirmó. Conoció compañeros que soñaban lo mismo con él, pero chocaron con la política de la dirección y fue dado de baja. Desde entonces emprendió su camino como artista.

“Cuando entré de rebote a la escuela de administración y empresas, a los tres meses dije ‘qué estoy haciendo aquí’ y me salí con enojo de mis padres y ahí se me iluminó la vida”, recordó.

“Conocí a maestros y compañeros que cambiaron mi vida, para mí fue una ganancia estar ahí, hicimos un grupo contestatario. Me di cuenta que eran afines a mí también en pensamientos, en formas de ser, pero nos dieron de baja”.

Fue el pintor Roberto Pérez Rubio quien les dijo: chavos, no se preocupen y los invitó a trabajar haciendo jardines, estuvo cinco años con él, además pintaban.

Después de cinco años de vivir entre Mazatlán y Culiacán, enteramente dedicado al arte, recordó que se quedó sin trabajo y entró a trabajar hasta jubilarse en teléfonos. Amigos le reclamaban que se había alejado del arte, pero confesó que nunca fue así.

PINTURA, ESCULTURA Y GRABADOS. Sus obras.

 

“Me aventé 30 años de burócrata, pero al mismo tiempo, trabajando mis obras, haciendo esculturas, pintando, pues no fui un burócrata clásico. Estuve ganando para vivir y ahora estoy pintando y jubilado, tengo tiempo para hacer lo que quiero”, dijo.

El mundo de la abstracción

Para Guerrero, el arte siempre fue la manera de resistir no solo a lo establecido, sino a las expectativas de la sociedad, que siempre te dicen qué hacer, cómo vivir.

A veces, el artista solo tiene que encontrar su propia voz, y la suya es la pintura y eso lo hace sentir afortunado, pues el arte ha sido su forma de rebelarse, pero también su forma de encontrar paz en los momentos más caóticos.

De sus últimos trabajos, destaca su inclinación por la geometría y la abstracción, influenciado por las antiguas civilizaciones mesoamericanas y su arquitectura. No todo se limita a sus formas; también está la introspectiva, la meditación que le lleva a cuestionar la vida y la humanidad.

Como él mismo apuntó, el arte no es solo una cuestión estética, sino una necesidad vital para el ser humano, un medio para conectarse con algo más allá de la rutina diaria.

“Si no fuera por el arte, el humano estaría cojo, sin música, sin pintura, sin imágenes… sería una tragedia. El arte es una forma de liberación, de trascender lo cotidiano, de tocar las partes más profundas de nuestro ser”, afirmó.

Pintar siempre

El maestro Kan Guerrero ha pintado siempre, hace algunos años construyó en un terreno su espacio plástico. Ahí escucha música, hace escultura, grabado en piedra y de vez en cuando baila.

En su estudio tiene obras de distintos formatos, esculturas y grabados en piedras exteriores. También tiene libros y toda una vida de artista que aún alejado del mundo cultural, ha resistido con su arte.

Ganó extintas bienales, aunque nunca ha tenido una exposición individual, pero la hará, confesó, antes de que se le acabe la vida.

El tiempo mencionó que le ha dado muchas lecciones, pero lo más importante es que nunca ha dejado su oficio. Ahora, con más tiempo libre, ha vuelto a las raíces, a lo que siempre ha sido su verdadera pasión.

“Lo hago porque me hace feliz. A veces no sé si alguien verá mi trabajo o si dejaré una huella importante, pero cuando mi nieto me mira y me dice que le gusta lo que hago, para mí eso es suficiente”, detalló.

“Eso es lo que me mantiene en marcha, porque al final del día, mi arte es para mí, y es lo que me da sentido. Mientras tenga la posibilidad de pintar, lo seguiré haciendo, porque sin la pintura, no existo”.

Artículo publicado el 11 de mayo de 2025 en la edición 1163 del semanario Ríodoce.

 

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