Gerardo Vargas Landeros no nació ayer. Tiene más de dos décadas en los círculos del poder. Su historial es largo, pedregoso, manchado muchas veces y aun así sigue en la palestra. Sus bandazos en la clase política, de un lado al otro, no lo sacan de la jugada. Su trayectoria va desde la afiliación con las juventudes priistas en sus veintes, hasta sus intenciones con la alianza PAN-PRD en sus cuarentas, o ahora en la 4T en sus sesentas.
En la veintena de alcaldes de Sinaloa, Vargas Landeros se sale por completo del perfil. Se diría que es hasta su contrario. Y no es por la edad ni por sus orígenes priistas o el compromiso con los preceptos de la 4T, sino por la ojeriza que se tienen de larga data con quienes ahora están en el poder estatal de Sinaloa.
El proceso en que ahora está metido es complejo, y hacerlo más rápido era imposible: la Comisión Instructora del Congreso dictaminó el desafuero y el pleno lo votó por unanimidad, excepto Genaro García Castro, también diputado y también desaforado. Ya tiene un sustituto, el diputado Antonio Menéndez. Con esto, la Fiscalía puede acusar por el arrendamiento de patrullas de la policía al Alcalde y al Secretario de ese momento.
Este es el trazo legal que sigue cualquier proceso de desafuero y de rendición de cuentas. Pero la historia se va desarrollando al mismo tiempo en otra pista, en otro escenario, el político. Ese es difícil de conocer, lo que sucede ahí está en el terreno de las constantes especulaciones. Pero sí se puede adelantar que este proceso no será similar a los de Jesús Estrada Ferreiro y Luis Guillermo Benítez, que a final de cuentas fue como quitarle un dulce a un niño —valga la expresión. Los alcaldes de Culiacán y Mazatlán se defendieron por la vía legal, política y mediática; patalearon y despotricaron, pero de nada les sirvió al final fueron desaforados, destituidos y procesados —aunque no encontrados culpables, porque el proceso continúa.
No puede ser similar precisamente porque Vargas Landeros es distinto a Estrada Ferreiro y al Químico Benítez. Los primeros síntomas se dan desde el arranque: el Palacio de Ahome custodiado por encapuchados y luego encadenado. El Alcalde sustituto ni pudo entrar y tuvieron que llamar a un cerrajero.
El poder es por definición malicioso, se avanza con picardía y entrañas fuertes. Vargas Landeros también se define así.
Margen de error
(Senado) El acierto de Vargas Landeros fue acercarse al equipo de Malova, Mario López Valdez. Un empresario ferretero, dicharachero, bailador, a quien el PRI le echó el ojo ante el desgaste de sus figuras tradicionales. El entonces gobernador Juan Millán lo pone como candidato a la Alcaldía de Ahome y ganan con facilidad. Es 2002 y Malova lo nombra como el gerente de la Junta de Agua, un puesto aparentemente menor pero donde los pagos del servicio son siempre constantes.
Sobra decir que Vargas Landeros nada sabía entonces del sistema de agua ni del drenaje público, pero estudió Administración Pública y encajaba. Tanto que un par de años después ya buscaba ser Alcalde de su natal Ahome.
Demasiado pronto, demasiado alto, el PRI lo baja de la contienda y postula a Policarpo Infante que acababa de dejar la diputación federal.
Pero se estaban reservando. En 2006 la cabeza de su equipo da un salto sorprendente, Malova se coloca en la fórmula al Senado de la República que encabeza Francisco Labastida Ochoa —también mochiteco, aunque ahí solo estuviera su infancia. Y a Gerardo Vargas lo postula el PRI en el distrito federal 2. La sangre liviana y simpatía que le falta a Vargas le sobra a Malova. Ganan.
Primera cita
(2010) El plan a largo plazo no era el Senado sino la sucesión a la gubernatura de Sinaloa en 2010. El entonces gobernador Jesús Aguilar con el compromiso de postular a Jesús Vizcarra y el grupo de Juan Millán y otros oponiéndose con la carta de Malova, el Senador. Son tiempos en que el PRI ya no está en la presidencia y el PAN-PRD-PT y Verde han hecho una alianza.
La historia ya la sabemos: El PRI no cede, le pide a Malova paciencia y el PAN-PRD se llevan a López Valdez aunque su corazón siga allá. Otra vez ganan.
En ese equipo está Gerardo Vargas como el estratega. Malova descansa en él todas las decisiones y lo convierte en Secretario de Gobierno, el hombre fuerte, y en quien prospectan la sucesión.
En 2010 los homicidios siguen su expansión, alcanzan una cima que afortunadamente no se ha igualado nunca. El país explotó en la violencia y Sinaloa no fue la excepción.
Malova regresa de su retiro a Jesús Aguilar Íñiguez, Chuytoño, como operador de toda la seguridad —quien años después sería señalado en el juicio del Chapo como asalariado de Ismael Zambada. Ese hombre fuerte de Malova, Gerardo Vargas, es quien trata con Jesús Aguilar Íñiguez en su retorno.
Mirilla
(Lucero) Lucero Sánchez es otro capítulo oscuro de Gerardo Vargas. Lucero llegó a diputada local con 24 años, la postuló la coalición PAN-PRD-PAS. Aunque era un secreto a voces de que era pareja del Chapo Guzmán, todos hicieron mutis. Luego se sabría con claridad que la postulación llegó precisamente desde la oficina de la Secretaría de Gobierno, desde Vargas Landeros.
Lucero Sánchez negó hasta el cansancio, en la tribuna del Congreso de Sinaloa, cualquier relación con el Chapo. Lo mismo que después aceptó en el juicio contra el Chapo en Nueva York.
A Vargas Landeros se le cierran las opciones. Lograr el mismo trato de Estrada Ferreiro y del Químico Benítez ya será un logro. Perder la Alcaldía, seguir en libertad (PUNTO).
Artículo publicado el 04 de mayo de 2025 en la edición 1162 del semanario Ríodoce.







