Manadas de perros ferales acechan el hábitat de estos reptiles
Los perros ferales del parque Las Riberas son territoriales. Se mueven en manadas y han diezmado en su hábitat a una especie protegida.
Cazan sin distingos, tanto a la iguana negra como a la verde. Tan pronto observan a un especimen bajar de un árbol a una altura alcanzable la acorralan y no se detienen hasta asirla con las mandíbulas.
Hurgan entre las cuevas de las ardillas. Excavan como retroexcavadora para cazar a su presa.
Son los perros que han perdido su calidad doméstica y que van haciéndose de ese espacio de conservación de la iguana verde.
Una especie sin protección
Aunque la administración del parque Las Riberas hace hincapié en la conservación de la iguana verde mediante señalética a lo largo de la ribera de los ríos Humaya y Tamazula, la realidad es que esta es una especie desamparada. Inerme ante el ataque de la jauría.
Pedro Luis León Rubio, encargado del despacho de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) en Sinaloa, asegura que esta es una especie con status de protección cuyo cuidado recae en esta dependencia.
“En este caso, pues, como la iguana verde es una especie que se encuentra listada con status de protección a la Norma Oficial Mexicana 059, pues es de nuestra atribución el cuidado y protección”, explica.
Pero, agrega, también el parque Las Riberas cuenta con una autorización de impacto ambiental, en la cual se les obliga al cuidado y protección de todo lo que es el ecosistema ripario en lo que es la ciudad de Culiacán.
“Como nos corresponde la protección a los animales, pero también vamos a dirigir un oficio a la unidad administradora, que en este caso es el parque Las Riberas, que ellos son los que administran y dan seguimiento a la protección del interior de este parque para que ellos implementen sus acciones también”, sostiene.
Los perros ferales, agrega, aquellos animales que han dejado la domesticidad para formar jaurías, están dañando el ecosistema.
Al parque Las Riberas, asegura, le corresponde coordinarse con el ayuntamiento de Culiacán para darles seguimientos a estos perros, para que sean desalojados del lugar y llevados a otros sitios donde no afecten a esta especie protegida
Este status de protección, continúa, faculta y obliga tanto a la Profepa como al parque Las Riberas a cuidar a la iguana verde y a todo el ecosistema.

Édgar Huertas, director del parque Las Riberas, se deslinda de su protección, la cual traslada a la Profepa y al Grupo Especializado en la Protección de Animales (GEPA).
“Aquí en el parque nada más (se actúa) cuando hay un incidente o algo sobre los perros, se les hace el aviso a ellos nada más. La conservación la lleva lo que es Profepa junto con GEPA, que es el grupo especialista en protección animal del Ayuntamiento”, expresa.
Griselda Cárdenas, coordinadora de GEPA, se reservó hacer algún comentario sobre el ataque de los perros ferales a las iguanas de Las Riberas.
Riesgo latente
Las manadas de perros ferales se mueven al poniente del parque Las Riberas, sobre todo en la parte del asta bandera hasta el puente Josefa Ortiz de Domínguez en las riberas del río Humaya.
Siempre en grupos numerosos, oteando y olisqueando los resquicios donde atrapar alguna presa.
Aunque hasta hoy no se tienen registro de ataque a los visitantes, este riesgo está latente ante el crecimiento de la manada de los perros ferales.
El encargado del despacho de la Profepa, Pedro Luis León Rubio, considera que debe hacerse una reubicación de los perros ferales ante el riesgo latente de un ataque a los visitantes del parque.
“Claro que sí, se pueden hacer las reubicaciones de los animales. Puede pasar cuando ya se considere que pueda entrar, pueda entrar en riesgo la población”, advierte.
En caso de ataque a la población, dice, le corresponde a la unidad de Protección Civil actuar en consecuencia.
“Cuando ya pasa a lo que es el daño a la población, encuadra en Protección Civil, porque Protección Civil es la encargada de lo que son los riesgos a la población”, subraya.
Y esta debe coordinarse con las unidades de protección animal para que sean reubicados y no dañen a la población, así como tampoco a la población natural que en este caso es el patrimonio del parque Las Riberas, como son las ardillas, iguanas y otras especies.
Esterilizar, la solución
Betsabé Sánchez, integrante de un grupo de protección animal que alimenta a algunos perros ferales de Las Riberas, considera que la solución a este problema es la esterilización para evitar que sigan reproduciéndose y multiplicándose esa población en el parque.
“La solución de raíz es esterilizar. Si se esterilizan poco a poco, conforme vayan creciendo se van a ir muriendo. Normalmente esos perros duran entre cuatro y cinco años a lo mucho por el estilo de vida que tienen. Entonces, si se evita que haya sobrepoblación de perritos, ya no va a haber tantos perros que se coman a las iguanas”, comentó.
Pero, lamentó, al grupo que alimenta a una manada le resulta oneroso el esterilizar a un perro feral, porque por su condición de vida se requiere “dardearlos”, esterilizarlos, suministrarles medicamento y guardería.
De 27 perros ferales que atienden, continúa, han esterilizado solo a 10, de una población aproximada de 200 animales.
“Cada perro para esterilizarlo se tiene que dardear porque están salvajes. No hacen nada, pero no se dejan agarrar, y entre dardeada, esterilizada, medicamento y guardería, se nos están yendo 2 mil pesos. Es un dineral”, explica.
Artículo publicado el 04 de mayo de 2025 en la edición 1162 del semanario Ríodoce.







