Una de las películas con más probabilidades para coronarse como la mejor en los Oscar 2025 era Cónclave (Conclave/Reino Unido/2024), dirigida
por Edward Berger, y había razones de peso para ello. Sin embargo, Anora (2024), de Sean Baker, fue la que se quedó con la estatuilla dorada, aunque no necesariamente por haber superado a la que muestra el complicado proceso para elegir un papa: realmente la que trata del romance de una bailarina exótica con el hijo de un magnate ruso, es mucho menor, pero quizás el que la última carta de la que expone los quehaceres del Vaticano resulté inverosímil y, sobre todo, incómoda, la hizo quedar atrás.
Curiosamente, Cónclave estaba nominada en ocho categorías (película, guion adaptado, actor principal, actriz de reparto, montaje, banda sonora,
diseño de producción, vestuario) y sólo ganó guion adaptado, y Anora tenía seis menciones (película, dirección, actriz principal, actor de reparto, guion original y montaje), y solamente no se quedó con la de actor de reparto. La más nominada fue Emilia Pérez (2024), en 13 categorías, de las que sólo obtuvo dos, porque, además de que no era tan buena, tiene un lado muy cuestionado y criticado, sobre todo por los mexicanos, que le restó puntos a la hora de las votaciones. Entonces, lo más conveniente, era elegir a la dirigida por Baker.
Con un guion de Peter Straughan, basado en la novela de Robert Harris, en la historia, al morir el papa, al cardenal Thomas Lawrence (Ralph Fiennes) se le asigna la organización del cónclave para elegir al nuevo dirigente de la Iglesia católica. Desde el inicio, varios nombres suenan como los de mayor preferencia para ocupar el cargo, algunos del agrado del equipo del pontífice saliente, como el estadounidense Aldo Bellini (Stanley Tucci), y otros de bandos contrarios, como el canadiense Tremblay (John Lithgow), aunque los resultados parecieran favorecer al africano Adeyemi (Lucian Msamati), hasta que le sacan sus “trapitos al sol”. Si bien es su primera vez en una elección como tal y nadie lo conocía, sorpresivamente, el mexicano Benítez (Carlos Diehz) aparece en la terna, pero con una característica que pondría a temblar a la Iglesia, de ser elegido Santo Padre.
Evidentemente, el filme que recién (y muy oportunamente) llegó a Prime Video tiene varios elementos que lo hacen funcional y excelente: un bien escrito y estructurado guion (sólo flaquea al final); un diseño de producción que recrea una atmósfera muy acorde a los espacios del Vaticano, incluida la Capilla Sixtina, donde se llevan a cabo las votaciones (en realidad se grabó en los estudios Cinecittà, de Roma, uno de los más grandes de Europa); un llamativo vestuario en el que predomina rojo y blanco en el atuendo de los cardenales: una precisa y hermosa fotografía de Stéphane Fontaine; y una agradable música de Volker Bertelmann, que acompaña perfectamente las imágenes.
El aspecto de mayor fortaleza de la película son las actuaciones de todo el elenco, de las que destacan la magistral interpretación del siempre puntual Fiennes, imponiendo una autoridad incuestionable; una Isabella Rossellini de pocas palabras, pero de una mirada penetrante y por demás expresiva; un acertado y exacto Tucci; así como los muy notables Lithgow, Msamati, Diehz y Sergio Castellitto. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






