Crónica: El retorno de los cuerpos

Crónica: El retorno de los cuerpos

En el Semefo de Culiacán, familias se amotinan para recoger a sus deudos, entre denuncias de cobros indebidos y trámites burocráticos

 

En la sala de espera hay tres papeles pegados en la pared. Dictan: Todos los servicios que se realizan en esta institución no tienen costo alguno. Una familia espera, algunos visten de negro, otros colocan sutilmente sus dedos entre los orificios nasales. Apesta a cadáver, el olor penetra, es incómodo. Huele a cuerpos sin vida mezclados entre sí; algunos son recientes y otros permanecen en estado de descomposición.

Una de las secretarias usa un cubrebocas, parece que aún no se acostumbra al olor. Algunas moscas vuelan, se posan sobre la quietud de una familia, ensimismada. Al abrir la puerta de la Dirección de Unidad de Medicina Forense del Servicio Médico Forense (SEMEFO) en Culiacán, las moscas que están pegadas sobre la puerta de cristal vuelan, aletean con desesperación y vuelven a aterrizar donde mismo.

Algunos de estos cuerpos que yacen ahí están retenidos. Hace unos días un par de docenas de integrantes de diversos colectivos de búsqueda sostuvieron una reunión con la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) en Sinaloa, en las oficinas de la colonia Miguel Alemán. Algunas de las madres toman el micrófono y enuncian sus quejas y peticiones. Otras no requieren amplificar su voz, están acostumbradas a expresarse en público.

Resuena una queja, proviene de Martha, su hijo está desaparecido. Los años de búsqueda le han permitido pronunciar las palabras sin titubeos.

“Se han acercado algunas compañeras y nos externaron su evidente molestia y preocupación debido que con los recientes hechos actuales (…) han habido muchas personas asesinadas de forma violenta que han sido trasladadas al SEMEFO, ya estando allá y al querer ir a recoger los cuerpos, los familiares cercanos, se encuentran con que ha habido personal que le solicitan dinero”, evidenció.

Con la amplitud del micrófono fue prudente, no dijo las cantidades monetarias precisas. Prefirió cuchichear con otra compañera, “van de 20, 30 hasta 80 mil pesos”, le comentó.

Desde la tercera fila de asientos, Carmen levanta la mano, su hijo desapareció hace algunos años, pagó 2 millones para su rescate, pero nunca se lo regresaron. Habla por una madre que conoció en un rosario. Entre Aves Marías, Padres nuestros y Glorias la señora se acercó a ella y le platicó su situación.

“Mi hijo tiene tres meses en la SEMEFO, me piden 50 mil pesos y no me lo pueden entregar”, le reveló.

Algunas voces no tardaron en renegar. Los cobros son indebidos. La Visitadora General, Reyna Isabel Mendoza Osuna, quien encabezaba la reunión invitó a las madres a denunciar, sin temor y con confianza este tipo de acciones. Aunque los casos son frecuentes, ellos como Comisión, no habían recibido reportes sobre los cobros por liberación de los cuerpos. Lo reafirmó el presidente de la comisión Óscar Loza Ochoa, “no se concretó la queja sobre el cobro en SEMEFO”, respondió.

Al salir de la Unidad de Medicina Forense se observa una caja de acrílico transparente pegada a la pared, en un pequeño recuadro blanco se redacta: “Buzón de Quejas y Sugerencias” y los números para llamar, “800-67-036-00” y “77-16-25-00”. El buzón está vacío.

Hay otra familia esperando afuera, se consuelan entre sí. Nadie llora, solo se abrazan. Están esperando el cuerpo de Leonardo, un joven de 16 años. Hace tres días fue atropellado por un camión urbano, unidad 8 de la ruta República Mexicana en los límites de las colonias Lomas de San Isidro y Adolfo López Mateos, al sur poniente de Culiacán.

Los acompañan los funerarios. Carros de las empresas Moreh, Emaús y San Martín desfilan en los estacionamientos de la SEMEFO. Están cazando a las familias, se acercan, preguntan, ofrecen sus paquetes funerarios y gana el mejor postor. Uno de ellos solamente se encarga de trasladar las sillas y carpas para la velación de los cuerpos; desconoce sobre los cobros indebidos.

 

Otro funerario se resiste a contestar. “¿Cobrar por liberar un cuerpo?, no, eso no se cobra”. Comienza a pensar. Al inicio muestra incredulidad y comienza a escarbar entre sus recuerdos. En algunos casos —dice— hay funerarios que se manejan bajo el agua. Acuden a las escenas, revisan los cuerpos y rescatan sus datos. Nombres, números, domicilios.

La información los guía hasta los domicilios, hablan con la familia y trabajan sus planes funerarios. La ganancia es mayor y algunos de los trámites de documentos son agilizados por ellos. Cada caso varía. El joven atropellado no tenía acta de nacimiento, desde hacía tres días estaba retenido en la morgue. Los procesos de entrega se extienden y conlleva un gasto.

Entre funerarios se comunican con códigos. La constante interacción con agentes de la policía les ha permitido adoptar sus claves. Si el cuerpo es un 35 (narco) liberar el cuerpo puede ser más complicado y costoso. Sí la persona ya era buscada, hay que limpiar el expediente, se envían los papeles a Ciudad de México y se notifica que la persona ya falleció: sí mató a fulano y mengano, sí fue encontrado con armas, drogas o explosivos; el costo es mayor. Los papeles tienen que moverse y depende de la familia cuánto dinero quiera soltar.

Él no lo califica como un negocio, simplemente hay de todo.

“El único pedo es que no tengas la documentación, es lo que te detiene. No te pueden detener el cuerpo si llevas documentación. Claro si tienes por un decir un putrefacto y vienes a verlo ahorita y ya lo reconociste por el tatuaje, pero pues está putrefacto a huevo ocupas el ADN, entonces si te piden 50 mil pesos ¿pa’ que es?, ¿cuánto te vale un ADN?, vale un billetón pues, entonces ahí por hacer las vueltas y eso le quedan para las cocas a ellos, lo que es pues”, detalló.

Hace un retorno y establece que cada caso depende. Una letra mal escrita en el acta de nacimiento puede ser motivo de retención y la responsabilidad cae sobre la familia. Viró su mirada hacía la entrada y apuntó hacía una licenciada del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y un licenciado de la Unidad de Servicios Estatales (USE) que se encontraban al interior de la Unidad de Medicina.

“Ellos andan viendo la manera de cómo entregar los cuerpos, pero si no trae los papeles, así seas de gobierno y no traes los papeles correspondientes, no te lo van a entregar”.

La tarde transcurre. El aroma de los cuerpos sale, cada estela lleva un nombre. El de Leonardo que lleva tres días ahí. También el de Alberto Camacho, periodista sonorense que luego de tres años fue reclamado por su familia, esa tarde sus papeles fueron arreglados. De nuevo, su existencia se encaminó hacia su último descanso.

Artículo publicado el 23 de marzo de 2025 en la edición 1156 del semanario Ríodoce.

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